Urgente elogio del dogmatismo

Por GONZALO ABRIL / Una columna en el desierto

Sostiene Boris Groys que lo propio de los regímenes totalitarios no es el dogmatismo sino, bien al contrario, un antidogmatismo que afirma la dictadura del tiempo, el derecho ilimitado del tiempo a dictarnos la verdad. El totalitarismo niega lo supretemporal, para someterse y someter a los pueblos a lo que es conforme con los tiempos, o bien a lo pasado, lo ya superado (“el pasado es el destino” resume la ideología del falangismo y el espíritu del cine fascista español que tan magistralmente estudian Rafael R. Tranche y Vicente Sánchez-Biosca en el libro del mismo título). El estalinismo, como el fascismo, profesó y practicó la idea de que el tiempo, o mejor, los tiempos, “los que corren”, siempre tienen razón. Por eso pudo adoptar el taylorismo, pactar con el Tercer Reich, abrazar el nacionalismo, exaltar a los poetas y a los comunistas y a la vez asesinarlos.

De modo análogo, la derecha que hoy gobierna, o manda, es antidogmática. Cuando Rajoy afirma que hará cualquier cosa “aunque haya dicho que no la iba a hacer” no sólo expresa lo ilimitado de su oportunismo político, sino el acatamiento totalitario de la última verdad del tiempo.

Pero vivir el propio tiempo no tiene por qué suponer el doblegarse a sus dictados. Al contrario, hay una definición alternativa del ser contemporáneo que es la que propone Agamben y que invita a la disconformidad con las “tinieblas del ahora”: un vivir en el presente que se quiere anacrónico, intempestivo, que trata de quebrantar el tiempo para transformarlo y proponer otras lecturas de la historia y del destino. Groys, por su parte, ve en el dogmatismo la fuente de la resistencia a la dominación totalitaria del tiempo, porque el dogmático, aun sin poder demostrarlo, propugna que “ciertas ideas o cosas son supratemporales”.

¿A quién le puede extrañar que un estilita fugitivo del siglo, que habita la angosta superficie de un alto capitel y apenas se alimenta de lechuga y algún que otro vinillo dulce, alardee de contemporáneo y partidario del dogmatismo? Pues erre que erre, hay quien a pesar de todo me tilda de estalinista.

Publicado en Diagonal
bajo licencia Creative Commons.

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