“No somos enemigos de las administraciones, buscamos complicidad”

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Una entrevista con ANA ISABEL GALLEGO,
presidenta de la Asociación Te Veo y codirectora de la compañía Teloncillo

“Le diría a las administraciones que no nos vean como enemigos sino como cómplices”

“Las campañas escolares funcionan bien, pero les falta continuidad. No puedo entender que cada cuatro años haya que replantear las actividades teatrales”

“Tenemos excelentes edificios para presentar las obras pero han desaparecido del mapa las programaciones, los presupuestos…”

“Las administraciones y las Cajas de Ahorros eran nuestros clientes y nos hemos quedado huérfanos, estamos desubicados”

“Yo me dirijo a los jóvenes emprendedores, a esas empresas con savia nueva para decirles que apuesten por lugares pequeños, por la cultura de la cercanía…”

Por ISAAC MACHO

Especializada en teatro infantil, esta actriz de largo recorrido y codirectora de la legendaria compañía Teloncillo piensa que no se puede seguir por más tiempo haciendo cada uno la guerra por su lado. La cultura y las artes escénicas necesitan, dice, que las administraciones se sienten con los profesionales del teatro y los profesores para coordinar una labor que entusiasma a los niños y que enriquece a toda la sociedad. El teatro en la escuela es barato, enseña a reflexionar y a crear otros mundos que nos defienden de la parte animal que llevamos dentro. Cuando alguien dice, además de otras muchas cosas, que le conmueven los grandes silencios de los niños, de entrada, habría que atender al resto de su mensaje. Si yo fuera ayuntamiento, diputación, Junta o ministerio de Educación sería todo oídos para escuchar a Ana Isabel Gallego.

—¿El teatro infantil es la cenicienta de la vida teatral española?

—Estamos en ese proceso de que la sociedad ponga al teatro para niños en el lugar que le corresponde. Es una rama de las artes escénicas, pero no menor. Desde hace tiempo, hemos estado intentando poner en valor el teatro para la infancia compañías históricas como la recientemente galardonada con el Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2012, la compañía Paraíso, Achiperre y nosotros (Teloncillo), además de los profesionales del teatro y otro tipo de asociaciones. El teatro infantil, como el teatro para adultos, simplemente tiene calidad o no la tiene, es bueno o es malo. Yo creo que el público tiene clara la diferencia.

—¿Sigue basado en historias de hadas, aventuras, cuentos infantiles… o estamos ya en otro tipo de oferta?

—Tú no le puedes hablar a un niño, de 3 a 6 años, de la prima de riesgo o de si sube la bolsa o baja con el lenguaje de los mayores, pero en cambio sí puedes decirle cómo están las cosas en casa, que no estamos en igualdad de condiciones con otras familias… Sobre un escenario, se puede comentar todo, adaptando el lenguaje a la edad y al momento evolutivo del niño. Llevamos muchos años presentando a los niños, a través de metáforas, temas como la separación de las parejas, los matrimonios entre homosexuales, la droga, la delincuencia…,  claro, hay que hacerlo de una manera pedagógica para que ellos puedan asimilar estos contenidos. Por supuesto, no hay que renunciar a contarles historias de hadas, los cuentos siguen existiendo y también se pueden hacer interesantes adaptaciones. Hay cenicientas y caperucitas muy modernas, alejadas de la estética Walt Disney.

—¿Los niños se asocian antes que los adultos a los conceptos audaces del teatro?

—Categóricamente sí. Los adultos tienen más problemas que los niños para controlar la abstracción. Los niños lo comprenden antes, de forma más básica, pero más eficaz. Los adultos se complican más la vida y preguntan desconfiados: ¿esto es para niños?  La respuesta la obtenemos enseguida observando su reacción. Esta posición abierta de los niños ha hecho que haya cambiado el teatro y podamos verlos como seres pensantes y muy audaces en buscar respuestas a todos los interrogantes.

—¿A los jóvenes les interesan las cuestiones que les ofrecéis desde el escenario?

—Pues les interesan los temas que están presentes en la vida diaria. Música rap, primeras relaciones de pareja, la amistad, relaciones profesor-alumno, todas aquellas vivencias diarias con las que se sienten identificados. Hay preocupación entre las compañías de teatro por perder a los jóvenes como público durante algún periodo de su vida. Suelen dejar de ir durante algún tiempo,  por propia iniciativa, hasta que encuentran un lugar en el mundo… Sería posible que vinieran al teatro si fuéramos capaces de ofrecerles aquellas cuestiones que les preocupan a esas edades.

—¿Cuál es la mayor gratificación para una actriz dedicada a los niños?

—A mí me conmueven mucho esos silencios de atención. Si hay ruidos, se levantan, están inquietos, me preocupa… pero cuando veo que están concentrados, mirando atentamente, me emociona mucho y me facilita el trabajo. Esos grandes silencios y cuando al final de la función te piden un beso, es algo muy gratificante. De hecho yo no echo de menos el teatro para adultos. Incluso, a veces, cuando hacemos coloquios y después te escriben con sus impresiones o hacen sugerencias sobre la propia obra, preguntas…, es muy reconfortante.

—¿Se les engaña a los niños desde un escenario?

—Todavía hay trampas en el didactismo mal entendido. El teatro es el arte de narrar bien las historias, tratar con encanto los argumentos, proporcionar satisfacción lúdica diferenciándolo mucho de una clase. A través de la belleza, se les puede hablar de los árboles, de la naturaleza, algo muy distinto a los mensajes publicitarios a base de eslóganes, de poesía para que ellos mismos lleguen a sus propias conclusiones, para hacerlos pensar. Entre algunos profesores, a veces, existe mucha confusión cuando, por ejemplo, dicen: “eso me viene muy bien para la asignatura de Sociales…”.  Con el arte hay que ir más allá.

—¿Echa en falta una sección especializada en teatro escolar, por ejemplo, dependiente del Centro Nacional de Teatro?

—Me extraña tanto que nadie haya planteado esa propuesta desde el ámbito  político… Sé que ha habido intentos, pero lo cierto es que no han cuajado. Existe en otras partes del mundo, pero yo no sé cuál es el modelo a seguir. Creo que tiene que ver con que al teatro para niños nunca se le ha dado el lugar que le corresponde. Como persona que vengo del teatro independiente, creo en los espectáculos de gran formato desde las instituciones, con participación de directores de distintas compañías. Estoy segura que pueden ayudar a mejorar el teatro infantil. Los montajes de gran formato vienen de la mano de productores privados, aunque es cierto que las compañías de teatro independiente no podemos arriesgarnos a poner en escena trabajos de 15 o 20 actores y con directores de gran prestigio.

—¿Llegará el día en que las compañías de teatro infantil pasen, al menos una vez cada curso, por los colegios de todas las comunidades autónomas?

—Sería un sueño para mí. Me parece que para conseguir esos objetivos tendrían que coordinarse adecuadamente las consejerías de Educación y Cultura. Se nos tendría que facilitar el trabajo para que las compañías pudiéramos investigar, desde los propios colegios y con los chicos. Saldríamos todos beneficiados. Los niños porque nos darían muchas claves para trabajar, y los profesores y nosotros porque podríamos resolver mejor sus inquietudes.

—¿Qué tiene que pasar para lograrlo?

—Que nos sentáramos juntos los responsables de Educación, las gentes del teatro y los profesores para que pudiera hacerse realidad. Bien pensado, es lo que estamos haciendo ya indirectamente, de forma espontánea, aunque lamentablemente  esa no es la manera más rigurosa de plantearlo. Las campañas escolares funcionan bien, pero les falta continuidad. No puedo entender que cada cuatro años haya que replantear las actividades teatrales. Eso produce estragos y lo estamos pagando toda la sociedad. Ahora, con los recortes en materia de Educación, plantear cuestiones de este tipo resulta totalmente utópico. Una solución sería que profesores y profesionales del teatro nos pusiéramos de acuerdo, a título individual,  para hacerlo directamente. Tendríamos que hacer un esfuerzo colosal, pero sería muy gratificante.

—La música, la danza y el teatro van desapareciendo del currículo escolar, según denuncian padres y profesores. ¿Qué le diría al ministro de Educación?

—Que todos los esfuerzos que se hagan para mantener las artes escénicas (música, teatro y danza) son pocos tanto desde el punto de vista económico, fundamentalmente, como también desde el punto de vista personal por parte de los profesores, responsables políticos y profesionales del teatro. Es una perogrullada. Todo lo que se invierta en un país en materia de cultura, revertirá, de nuevo, a la sociedad con creces. Las medidas del ministro son inauditas. Se trata de crecer como país, de formar personas humana y artísticamente.

—¿Es mucho pedir que los periódicos tengan su propio crítico que promocione la renovación del teatro actual?

—La difusión del trabajo artístico infantil yo creo que es una la carencia más significativas de nuestro trabajo. La crítica ha ido desapareciendo hasta el punto de que ahora prácticamente ya no existe, algo que sí recuerdo que teníamos en la primera época de Teloncillo. Es más, antes los programadores solían preguntarte ¿tienes críticas?, y ahora cubrimos ese vacío con los comentarios de los espectáculos que nos envían alumnos y padres. Yo creo que esta laguna de los medios tiene mucho que ver con la escasa atención que todavía prestamos a las artes escénicas en relación con la infancia.

—Se habla mucho de formar públicos y, sobre todo, de fidelizarlos. ¿Qué pedagogía sería necesario aplicar desde la infancia?

—Tenemos que cuidar mucho el acceso de los niños al teatro. Ofrecerles buenos espacios, que se sientan cómodos, presentar versiones adaptadas a sus edades y momento vital, planificar una adecuada política de precios, y, a mi juicio, acabar con esa práctica de que las entradas en taquilla fueran gratuitas. Tendríamos que establecer una relación más estrecha con el público infantil, por ejemplo, presentando discos, contando más con sus opiniones, informándoles con detalle de las obras y teniendo en cuenta que las redes sociales son prioritarias para mantener una relación más estrecha de las compañías de teatro con niños y jóvenes. Naturalmente, todas estas recomendaciones no servirán de nada si fallasen los espectáculos.

—UNICEF denuncia  que 19.000 niños mueren al día por causas evitables. ¿Cómo se le queda el cuerpo?

—Ahora más que nunca –y de ello no somos ajenos nadie– tenemos que entender que el teatro puede cumplir una verdadera labor social. Tenemos que vincularnos a las  asociaciones que trabajan en favor de la infancia; crear fórmulas para que los niños desfavorecidos puede acceder al teatro, que no sea solo para los ricos; preparar una política de precios para los pequeños más marginados; que las compañías podamos ir a los lugares donde viven  los niños y que puedan ver obras de arte porque ahí no hablamos de dinero sino de creaciones que te pueden conmover. ¡Es un tema! Este grave problema antes lo veíamos lejos, pero en este momento lo tenemos al lado, compartimos de cerca situaciones de gente desesperada, vivimos pared con pared con gente que lo está pasando muy mal. Y alguien puede preguntarse, ¿cómo vas a llevar al teatro al niño de una familia a la que están desahuciando?  Precisamente, son quienes más lo necesitan,  hay que buscar fórmulas para hacerlo posible. Si no puede ser de otra manera, la sociedad tiene que ir delante de los políticos como ha ocurrido en otras ocasiones.

—Como presidenta de la Asociación Te Veo, ¿qué ha conseguido hasta ahora el festival Te Veo, en Zamora, a lo largo de sus 14 ediciones?

—En primer lugar, los encuentros Te Veo se han confirmado como un sello,  como una marca de calidad con ofertas para pequeños, para mayores, temáticos… Ha habido mesas de reflexión  sobre la infancia desfavorecida, las relaciones con otros países más avanzados, intercambios… Y para mí, sin duda alguna, uno de los aspectos de los que estoy más satisfecha de Te Veo es de haber sido capaces de movilizar a miles de niños de la provincia de Zamora a través de actividades como exposiciones, museos, juegos en la calle, teatro, comidas conjuntas, cuentacuentos… Nuestro objetivo siempre ha sido resolver bien las propuestas pequeñas, lejos  de los grandes espectáculos. En consecuencia, carecemos de esa visibilidad de otros eventos, pero sí queda la marca de cómo hacer las cosas y con calidad.

—¿La ciudad ha respondido?

—Esta es nuestra asignatura pendiente y, seguramente, habría que explicar esta decepción a través de varios factores como el final de curso, los exámenes, el muy cercano paso del festival Titirimundi por la ciudad…. Hemos intentado que el público vaya a las funciones de tarde, pagando, por supuesto…pero no lo hemos conseguido. Sí han respondido, en cambio, los profesores, los colegios, los institutos…

 —Te Veo anunció que pretende poner en marcha una Plataforma, integrada por actores, escritores, pintores…, que fomente la divulgación de la cultura como una necesidad más del ciudadano. ¿En qué punto está ese proyecto?

—Es pronto todavía para visualizar su funcionamiento real. Estamos dando los primeros pasos para articular ese movimiento cultural.

—La palabra de moda es reinventarse. ¿Por dónde habría que empezar?

—La verdad es que nos estamos reinventando permanentemente. Pero sí, ahora ha cambiado la relación con los programadores, con el público y, por supuesto, en el ámbito artístico también tenemos que ganarnos a los espectadores, diversificar porque el nuevo mercado es en cierto modo desconocido, han desaparecido programas, se modifica el cachet… ¿Cómo hacerlo? Tenemos que encontrar la fórmula de la excelencia para atraer al público.

—Hay quienes hablan de una vuelta obligada al teatro de hace 30 años. ¿Cuál era su situación en aquella etapa?

—Estaba empezando.  Todo estaba en pañales, no había redes, festivales, circuitos… Yo empecé en el instituto Leopoldo Cano, de Valladolid. Allí había mucha relación con los maestros, los sindicatos, todo el personal. Entonces no había comenzado la rehabilitación de los teatros que se hizo luego a gran escala y el panorama teatral estaba por inventar… Ahora, sin embargo, tenemos excelentes edificios para presentar las obras pero han desaparecido del mapa las programaciones, los presupuestos y me preocupa mucho qué tipo de empresa tan sensible somos, en realidad. Las administraciones y las Cajas de Ahorros eran nuestros clientes y nos hemos quedado huérfanos, estamos desubicados. ¡No queda otro remedio que reinventarnos…!

—Hasta ahora no hemos dicho ni una palabra de las administraciones. ¿Tiene algún mensaje para ellas?

—Estamos aquí. Nos gusta nuestro oficio. Queremos seguir, es lo único que sabemos hacer, pero necesitamos que el camino esté bien dibujado, aunque haya menos dinero. Buscamos estrategias políticas orientadas a la cultura, que no nos vean como enemigos,  porque el IVA no favorece el bienestar de la sociedad y una sociedad sin arte ni artistas es una sociedad sin vida. Buscamos espacios comunes, complicidades… esa es la salida, no el enfrentamiento.

—A falta de dinero, ¿qué pueden aportar las empresas privadas al teatro?

—Las compañías de teatro infantil apenas aparecemos en los medios de comunicación, tampoco atraemos a gran número de espectadores y por experiencia sabemos que las empresas buscan acontecimientos que concentren grandes masas. Yo me dirijo a los jóvenes emprendedores, a esas empresas con savia nueva para decirles que apuesten por lugares pequeños, por la cultura de la cercanía, que vean en nosotros un pequeño sello de calidad. Además, tienen que tener en cuenta que a lo largo del año, compañías como la nuestra pasan por muchos sitios tanto del país como del extranjero y que lo pueden aprovechar.

—¿Qué espera de la anunciada Ley del Mecenazgo?

—Nada. Si como se oye en los mentideros políticos es un modelo a la francesa, de patrocinios a fundaciones, la gente del teatro mostramos poco interés por esa esperada normativa y tenemos muchas reticencias sobre sus anunciados beneficios. Mientras a los mentores de la ley no les interesemos directamente los artistas, los efectos de esa normativa serán bastante limitados.

—¿Por dónde aventura que pueden ir los esfuerzos de las compañías de teatro infantiles en la renovación del teatro infantil? ¿Qué está haciendo Teloncillo?

—El futuro de Teloncillo pasa por tener una relación directa con el público y eso creemos que únicamente se consigue contando con un espacio de exhibición gestionado por la propia compañía. Ese sería el punto de referencia para tener un constante diálogo con la gente de la calle, para poder invitar a directores y actores de otras compañías e intercambiar experiencias teatrales con profesionales de otras comunidades y países… Llevamos mucho tiempo madurando ese proyecto en el que también tendrían cabida otras modalidades artísticas como el circo, la danza, la música, la literatura…

Ciclos de teatro infantil como el puesto en marcha durante el primer trimestre de este año en el espacio de El desván del Calderón, de Valladolid, sería una experiencia a tener en cuenta, aunque corta, porque hay que aspirar a presentar propuestas prolongadas en el tiempo. Pero no desmayaremos hasta disponer de un local para el teatro de niños.

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