“Bello como una prisión en llamas”. La revolución será una bacanal o no será

Portada del libro.

Julius Van Daal recrea en un libro la desconocida revuelta popular producida en Londres en 1780 y denominada los Gordon Riots.

Por KEPA ARBIZU

No es un método demasiado científico para definir un libro, pero el hecho de que “Bello como una prisión en llamas” sea difícil de acomodar en una determinada balda temática de una librería, deja bien a las claras que se trata de una obra singular y que si es obvio su afán ensayístico también lo es que posee un carácter lírico evidente que le aleja de lo que podemos entender por habitual en dicho estilo.

Julius Van Daal, pseudónimo del autor del texto, ha dedicado su vida divulgativa a participar en proyectos con un claro carácter crítico, ya sea participando de periódicos o panfletos o dando vida el colectivo editorial L’Insomniaque. Este libro se inscribe en esa tradición ya que trata sobre un episodio desconocido de la historia como es la revuelta popular sucedida en Londres en el año 1780, conocida con el nombre de los Gordon Riots.

Hablar de una serie de manifestaciones, con las malas condiciones sociales como telón de fondo, que demandan un cambio en las leyes y que entre sus presiones está rodear el congreso (más tarde se expandirán la presión a otras instituciones) es una sucesión de hechos que a todo el mundo le sonarán y los circunscribiría al momento presente, pero esto es en lo que consistió, a grandes rasgos, la revuelta ciudadana que tuvo lugar en la capital inglesa ahora hace casi 250 años.

Evidentemente hay muchos más matices, tanto históricos como estilísticos, que hacen a este libro tener una gran peculiaridad y compendiar interesantes enseñanzas. Por ejemplo, hay que destacar que la espita que hace salir a las calles a los ciudadanos será la oposición a una ley religiosa, que tenía un claro trasfondo militar en plena guerra colonial, pero que pronto quedará desbordada (no obstante era una queja eminentemente reformista) por las ansias revolucionarias del pueblo, que se convertirá desde ese momento en el propio sujeto de las reivindicaciones. Unas demandas que solo encontrarán por parte de los estamentos políticos represión.

Pero el texto también puede ser leído desde un punto de vista más poético, una de las grandes virtudes que posee, y es que entre sus páginas hay un canto a la desobediencia desde el día a día, alejado de los dogmas y con un carácter dionisiaco evidente (el alcohol será un elemento clave, tanto en lo estilístico como en lo reflexivo), lo que le hace ser pariente de ciertos poemas de Arthur Rimbaud y sobre todo de William Blake, el que aparece citado en la obra, ya que vivió y participó de las revueltas populares que se ilustran.

Julius Van Daal da a conocer con este libro un episodio muy poco comentado a pesar de ser pionero en varios aspectos. Obviamente lo utiliza con claro afán “propagandístico” y como metáfora de la necesidad de derribar un sistema injusto por medio de la acumulación de fuerzas de los ciudadanos. Además puede ser leído como un gran poema a la, obviamente, exaltación de la desobediencia por el camino de los excesos.

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