Monarquía

14 de abril

 Por ANTONIO BERMEJO PORTO

La Monarquía constitucional es un sistema barato al eliminar las elecciones a Presidente de la República, las cohabitaciones y todas esas peplas. Además, al pueblo le gustan los reyes glamurosos que se presentan como fieles símbolos de la continuidad institucional, patrocinan buenas obras, animan en las finales deportivas y salen con frecuencia retratados hagiográficamente en las revistas del papel couché luciendo su prolífica generación. El rey español es un Borbón, pariente directo de los guillotinados en la republicana Galia, donde es recibido a pié de avión con los honores que le corresponden como Jefe de Estado, entre ellos, pasar revista a la tropa de gala mientras suena La Marsellesa y los soldados cantan en silencio ¡Que una sangre impura empape nuestro camino!”

Un 14 de abril, España se acostó monárquica y se levantó republicana, por lo que el abuelo del Rey Juan Carlos hubo de tomar las de Villadiego rumbo a Italia. Hoy, el “delenda est monachía” lo están lanzando desde la propia Familia Real. En primer lugar, el Príncipe no puede decirse que haya hecho nada memorable hasta la fecha, aparte de casarse con una chica que tiraba a cursi –habiendo completado la evolución con total éxito– y contagiarse mutuamente los caracteres, perdiendo él en desenvoltura y ganando ella en reverencias. Su hermana Elena exhibe siempre que puede un carácter horrible, se casó con un tipo raro y solo sabemos de ella cuando sale enfadadísima en las fotos de las revistas del color. En cuanto a Cristina y su jugador de talonmano mejor no hablar. Si quieren ver hasta donde puede llegar el escarnio, consulten las páginas de la revista satírica “El Jueves” donde les dan estera día sí, día también.

El Centro de Investigaciones Sociológicas tuvo que publicar en octubre de 2011 el primer suspenso del Rey (un 4,89), desde entonces –por decisión del Gobierno– ha dejado de preguntar. Y eso que en aquella fecha no había ido de elefantes y rubias y lo de Urdangarín estaba solo empezando. Como dicen los expertos, su prestigio está en caída libre. La ocultación de datos al contribuyente que financia el CIS, es una muestra más de un nuevo despotismo ilustrado en el que los gobernantes tienen por gilipollas a sus electores.

Aquí, en Camelot, tampoco hay elecciones a Jefe de Estado, pero sí motines, claro que nuestro bienamado Arturo aunque a veces pueda meter la pata, nunca mete la mano.

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