Corea del Norte en estado de guerra

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Niños desnutridos en Corea del Norte.

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

El pasado febrero Corea del Norte realizó una prueba nuclear como respuesta a las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Desde entonces la monarquía absoluta comunista no ha hecho más que alimentar el fuego del enemigo imaginario. La Comisión Nacional de Defensa Norcoreana ha sentenciado: “No ocultamos que lanzaremos una serie de satélites y cohetes de largo alcance y llevaremos a cabo pruebas nucleares de nivel superior en la próxima nueva fase de la lucha contra Estados Unidos, el enemigo jurado del pueblo coreano”.

Hoy por hoy, Corea del Norte no tiene capacidad para lanzar un ataque nuclear sobre las costas de Estados Unidos, pero a base de matar de hambre a los súbditos, acabará teniéndola. El problema táctico que se plantea es que hasta ahora nunca se ha intentado anular el poder nuclear de un ejército. Una explosión termonuclear en la estratosfera, sobre el territorio norcoreano, produciría un shock eléctrico que deshabilitaría temporalmente los sistemas militares de lanzamiento de misiles –en su día leí que el General Schwarzkopf pidió permiso para utilizarlo en la Guerra del Golfo– pero ¿cómo se colocan por allí unos días antes, sin levantar sospechas, dos divisiones blindadas y otras dos de marines para neutralizar las bases nucleares? ¿Y qué pasa con las lanzaderas móviles? Me temo que a los norcoreanos les daría tiempo de sobra para abrirle un buen boquete radiactivo al planeta.

Quizá por eso los yankees no estuvieron finos cuando el 29 de marzo pasado mandaron dos bombarderos nucleares B-2A a lanzar proyectiles frente al mar de Corea. Torpe farol que Pyongyang (ya no sé como no repetir norcoreano) tomó como el inicio de la agresión contra su pueblo, declarando el estado de guerra.

El denominado Comité norcoreano para la Paz en Asia Pacífico –que imagino como una agencia de propaganda del Ministerio de Defensa servida por personal de riguroso uniforme verde oliva– ha difundido un comunicado advirtiendo que la península coreana se dirige hacia una guerra termonuclear, recomendando a los extranjeros en Corea del Sur que salgan por patas. A lo anterior ha de añadirse que el Gobierno de Kim Jong no piensa esperar a ser atacado, sino que planea convertir Seúl y Washington en un “mar de fuego” lanzando ataques nucleares preventivos contra sus enemigos, incluidas las bases militares de Estados Unidos en las islas Hawai, Guam y Japón. Tormenta del desierto, mar de fuego, hay mucho poeta cabrón en los estados mayores de los ejércitos.

Aquí, en Camelot, pensamos que todo esto del holocausto nuclear norcoreano es una cortina de humo que oculta una hambruna, el colapso de recursos naturales, la quiebra económica o algo así. Sea como fuere, un proverbio oriental dice que la flecha en el arco debe ser disparada, y esta vez nos van a dar a todos.

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