Vade retro, Wert

catecismo+de+astetePor ISAAC MACHO

Platea al completo. Silencio. Se ilumina el escenario. Desde la sacristía, aparece, severo, el párroco entre monaguillos que portan incensario y naveta. Público en pie, vestuario abundante en filigrana. Comienza la función. Textos reiterativos seguidos sin excesivo fervor por los participantes en el rito. Escasas emociones para una obra que cuenta con miles de representaciones a lo largo tantos siglos. Incienso y agua bendita. Parábolas y evangelio.

Hubo un tiempo en que los curas, desde el púlpito, nos metían el miedo en el cuerpo con el fuego del infierno y nos advertían, desde esa escenografía sobrecogedora, de las calamidades que nos acecharían de no seguir sus advertencias. Y los feligreses, de rodillas. 

Habituados al poder, ordeno y mando, a los ministros del Señor les cuesta seguir otras indicaciones que no sean las de la jerarquía de la Iglesia católica. Ahora, llega el ministro de Educación con una copia debajo del brazo, redactada por los obispos, del proyecto de ley bautizado con el antipedagógico nombre de LOMCA (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) que obligará a los chavales a estudiar Religión en los colegios con el mismo rango que Matemáticas o Lengua, puntuable incluso para solicitar una beca. Poco importa que la Constitución –por lo que se ve tanto ellos como el gobierno del PP están exentos de seguir el mandato de la Carta Magna– defina al Estado aconfesional.

En este teatro de la libertad religiosa, libertad de conciencia y derecho a la educación, el espectáculo vanguardista del ministro Wert es la evangelización según lo manda la santa y madre Conferencia Episcopal Española. Poco importa que tres de cada cuatro españoles pasen olímpicamente de las pretensiones episcopales, según los sondeos. La escuela no es el lugar apropiado para hacer proselitismo religioso. Que a estas alturas de nuestra joven democracia pluralista todavía confundamos fe y educación, habla a las claras del compromiso de estos poderes públicos con la sociedad en que vivimos y los derechos de los ciudadanos.

Mientras, el desafiante ministro alienta la constante sangría de enseñantes en los centros públicos –de los privados, líbreme dios hablar– y cierra los ojos, por ejemplo, ante la anunciada supresión de profesores en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. De ahí a reintroducir el catecismo de Astete donde se indica lo que el cristiano debe saber y cumplir para salvarse, hay un paso. Esto sí que es un espectáculo de tan ínfima calidad que no tiene un pase ante cualquier público.  ¡No pasarán!

 

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