Mato me mata, y a ti también

marea-blanca-21-11-2012-feretro

Por PRIMITIVO CARBAJO

Morir hay que morir, no lo digo yo. Pero no es lo mismo morir porque la vida mata que morir porque te matan, aunque de todas las maneras se muera a mansalva. Asumido de antiguo que me estoy matando con la vida que me regalo, se me hace intolerable, sin embargo, y la ira me hincha las venas y me pone al borde del infarto, que sea Mato, esa pija bronceada, la que me mata, como empieza a suceder sin yo pedirlo.

Cuando el ahora presidente plasmático, haciendo lo que hay que hacer como hace siempre que hace, incluso cuando no hace, nombró a Mato ministra de Sanidad, aún estábamos despistados por programas electorales. Es sabido que ella no sabe nada de nada. Ni lo que es pasar por taquilla, ni de costosos cumpleaños para los niños o regalos, ni de viajes de placer por la cara (de pija bronceada), ni de que le crezcan por ensalmo carrocerías y cilindradas de un Jaguar en el garaje de su casa: prodigios, milagros, fenómenos paranormales propios del Momento Mariano que ella no puede explicar, nada de nada, cuando ya todos empezamos a saber casi todo. Pero, no sabiendo ella nada de nada, bien pudo el ahora presidente plasmático colocarla en cualquier otro ministerio, pero eligió para ella Sanidad… llamándose Mato, qué ojo clínico: no será por su sutileza que no vimos la señal.

A mí Mato me mata, insisto, por gritarlo. Me mata que siga de ministra que no sabe de nada, y me mata doblemente si se achaca a la vida, a que la vida mata, el atroz desembarco de tanta cuadrilla de antifaz y colmillo afilado como pulula por las áreas sanitarias sembrando caos con estilos de antiguos piratas. Cuando ellos matan, no es la vida la que mata, sino su atraco, a ver si queda claro.

En el Reino Unido acaban de comprobar que su sistema sanitario pudo evitar 20.000 muertes en los hospitales, pero las autoridades, en lugar de atender las alertas que llegaban, prefirieron mirar por las cuentas de resultados. Ahora el Gobierno ha puesto todo el sector en alerta roja: ese episodio de incuria sanitaria solo es guinda en el pastel del modelo financiero que rige el sistema desde la eximia Thatcher y cuyo desastre ya venía siendo contrastado. Aquí no teníamos ese problema. Todo el mundo ve y todo el mundo alaba el sistema sanitario público español, lo mejor de lo mejor. El más barato, el de mayores prestaciones al usuario. Pero por eso mismo no puede ser: es vivir por encima de las posibilidades que nos requiere el Momento Mariano. Hay que mejorarlo, respirar la mística del Momento y dar el cambiazo: precisamente, al modelo británico.

Tragas Eurovegas con ese condicionante espurio de que se podrá fumar en sus casinos, como si tal fuera su gran transgresión, y si no ahoga tragarlo, es que ya se puede digerir cualquier cosa por el tubo de la crisis. Que el Ministerio de Sanidad, por ejemplo, aplace la compra de antitumorales para el cáncer. “Habrá un retroceso en calidad de vida y supervivencia”, pronostican los médicos, pero ¡sabrán también ellos de nada!… La sanidad pública del Momento Mariano ya no pasa por ellos, a ver si se enteran, que me parece que ellos sí, sino por la fiesta, por el festín de millones que, por dar otro ejemplo, anuncia el cartel de la almoneda o vodevil de los seis hospitales públicos madrileños: qué espectáculo de deglución, qué artistas todos diciendo me lo estoy pensando, si me lo como o lo dejo en el plato, porque aún no están suficientemente cocinados los pliegos de contratación.

En el concurso ya asomaron su patita un fondo portorriqueño de inversiones, uy!, que si entra, será para promover el turismo sanitario; también se acerca al cotarro otro grupo sin fondo que va de más patriota –en el cartel, no en su capital– y que ya se hundió y tuvo que ser rescatado en Valencia, uyuy!,  escuela de los más audaces falleros del Momento Mariano, o ¡El Corte Inglés!, uyuyuy!, también El Corte Inglés participa en la rebatiña de esa gestión hospitalaria por aprovechar su elevado know-how en la cuestión o para patentarse como marca quirúrgica, corte inglés, recorte de mangas, algo así, quién puede saberlo en ese guirigay: ni lo médicos, que tanto preguntan, lo saben. Y menos, Mato, que nunca pregunta nada.

Pero ya tenemos algunos detalles. Para estimular a compradores tan remisos como los citados, la Comunidad de Madrid les dará 56 millones más de lo previsto (por una oportuna “actualización” de datos) y ellos mismos reducirán de momento un 20% el gasto hospitalario por paciente, así que ya están fijados por encima los equilibrios y las conversaciones encarriladas hacia otras comunidades donde españolizar el mismo modelo británico, PFI se llama, pifia mayúscula diríamos por lo freaky, una pifia del copón, puaf, si hubiera error involuntario. Pero no es pifia, sino desmantelamiento deliberado y atraco para escapar con el copón en el sobaco, tal que lamelas, por el exconsejero madrileño que tejió una compleja red de sociedades para explotar servicios que él mismo privatizaba, o güemeses, por el Güemes que le sucedió en el cargo, casado con Andrea Fabra, raigambre que la distingue como su ¡que se jodan! del año pasado, y que iban a lo mismo,  pero a este lo pillaron en las patatas y por piernas tuvo que abandonar el huerto: una baja, vaya. Cosa nimia, ciertamente, en una tropa de piratas que engorda y matan todos como Mato, con cinismo y desfachatez: “ah, yo de eso no sé nada”. Te lo están diciendo y ahí mismo ya te matan con su papo.

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