El anagrama de Aznar

111  aznar anagramaPor GONZALO ABRIL / Columna en el desierto

Es bastante conocido que Ferdinand de Saussure, el gran lingüista ginebrino que roturó el camino del estructuralismo a principios del siglo pasado, investigó en torno a los “anagramas”, combinaciones crípticas de letras que en ciertos poemas latinos de la antigüedad conformaban una especie de “texto oculto” o subyacente. Starobinsky publicó a principios de los setenta un importante ensayo sobre las investigaciones saussureanas, y entre nosotros Raúl Rodríguez Ferrándiz escribió a finales de los noventa un brillantísimo estudio sobre el mismo tema.

Rodríguez cita una definición de un escritor del XVII, William Camden, que sintetiza la acepción más común de la palabra anagrama: “la disolución de un Nombre (…) en sus letras, tomadas como elementos, y una nueva conexión por trasposición artificial, sin adicción, sustracción o cambio de ninguna letra, que forma palabras diferentes, produciendo un sentido perfectamente aplicable a la persona nombrada”. En esta definición se presupone una cierta “alquimia del espíritu”, según el propio Camden, que iría más allá del puro juego combinatorio, puesto que podría captar algún rasgo significativo o revelador de la persona. Y todo ello contra la suposición habitual de que un nombre propio, mero “designador rígido” según la terminología del filósofo Kripke, es un indicador convencional que, al menos en el mundo moderno, nada notifica sobre la personalidad de quien lo recibe.

Así que el anagrama INAPTE, resultante de una nueva combinación de las letras de PÉTAIN, podría manifestar una cualidad definitoria del detestable general. Sin duda el famoso anagrama que André Breton dedicó a SALVADOR DALÍ: AVIDA DOLLARS, trataba de ser acertado por su contenido descriptivo, y no por el mero ingenio formal. Como el que alguien propuso, con no menor acierto, para CLINT EASTWOOD: OLD WEST ACTION.

Me cuesta admitir que los anagramas puedan descifrar la identidad o las inclinaciones de las personas a partir de alguna virtud de su nombre, indemostrable y sólo imputable a la superstición, es decir, a la supervivencia de alguna remota creencia mágica. No creo en el inconsciente nominal. Ni en que Dios, o la Naturaleza, jueguen a los dados.

Así que no dejo de sorprenderme con el anagrama que descubrí en una de mis incontables horas de aburrimiento, combinando sobre la superficie de este capitel, único ser del mundo que me aguanta, las letras que forman el nombre y primer apellido de JOSÉ MARÍA AZNAR. Ni más ni menos que SER NAZI O MAJARA. Pruebe la suave lectora/or, si le sobra tanto tiempo como a mí, o si se está entrenando para algún concurso televisivo, a verificarlo por sí mismo.

Publicado en Diagonal
bajo licencia Creative Commons.

  1. Ana G. nos remite por FB a este sitio (la historia de los apellidos):
    http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR286/CR286-06.html
    y Juan Luis García a este otro (falsas esperanzas):
    FALSAS ESPERANZAS

  2. Pingback: El anagrama de Aznar | ultramarina

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