Prosapiens (31)

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Nueva entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Edward Snowden pide a América Latina –continente autónomo, tierra emancipada– que le permita entrar a su territorio. Hoy, 13 de julio de 2013, un extraterrestre pide entrada a la tierra, el Tierra Visto Bueno. Les pide a los latinoamericanos, me pide a mí. Los Estados Unidos y sus aliados convencidos u obedientes le impiden el paso. El mundo gira sobre un eje de acuerdos, cuerdas de atar la locura, conveniencias, intereses. El mundo no gira sobre su propio eje. “Time is out of joint” (Sheik Spy), “Time is out of mind” (Dylan). Pero la Tierra no es el tiempo. La Tierra no es el mundo. Caballo Loco no está dormido debajo del tiempo. Túpac Amaru está dormido debajo de la Tierra. No están dormidos. Entran un una situación de pura nada, unos con ojos abiertos, unos con ojos cerrados. “Hace poco más de un mes tenía familia, un hogar en el paraíso y vivía con gran comodidad”. “Tenía pero hace tiempo”, dijo el gaucho Martín Fierro, primer perseguido de mi memoria. “También tenía la capacidad de buscar, capturar y leer las comunicaciones de todos ustedes sin necesidad de orden judicial alguna. Las comunicaciones de cualquier persona, en cualquier momento. Es decir, la capacidad de cambiar el destino de cualquier persona”. Nieve. Frío de helar. Cayó la glaciación. Estepas de los derretimientos del calor. Y ese que agita el polvo de la pira con ramas de eucalipto. La capacidad de entrar a saco en nuestras ideas –la gran codicia–, dudas –la serpiente cristiana–, deseos –alimento de las proteínas animales y espirituales–, confesiones –Agustín, Rousseau, fumador de opio, Pierre Riviére–, infidelidades: todo a la vista. Lo que dice Snowden es que el mundo-dueño-del-mundo no soporta ni un secreto más. Un año antes de la elección de Obama, cuando la izquierda latinoamericana cantaba vítores al nuevo “hermano de color” (¡al fin un hombre Nuestro en la Casa Blanca!) yo le dije a Régis Bonvicino en su blog Sibila: “Ese es nuestro sueño. Pero será el presidente de Estados Unidos”. La condición humana se refrenda a sí misma en la necesidad de creer que lo que se ve que va a ocurrir no va a ocurrir. No sólo como deseo, especie de utopía de sí misma: como refrendo, para seguir siendo. Lo que reveló Edward Snowden es algo que se sabía pero no sé si se puede soportar –dependerá de la capacidad de reptar o de levantar vuelo–: no somos libres, estamos en manos de quien decida nuestra suerte, lo ganado fue perdido. Si alguna vez hubo júbilo –entre cohetes, fuegos artificiales, incendios liberadores, proclamas a medianoche, clamores a mediodía, amores de mora triste en los ojos deshojados– ya no hay: no somos libres. La poesía no dice la verdad: dice la inversión de la verdad, lo que la verdad sepulta. La verdad en este mundo es la capacidad de salirse, sereno, silencioso, dejarse de uno sobre el campo abierto cuando el aliento –el hálito, palabra no usada acá– levita sobre el cuerpo en dirección al cielo, un despegue hacia arriba de helicóptero disuelve el olor a eucalipto, a pino, resina y eucalipto. ¿Impedirle al aliento el paso?

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