Manuel Rivas: “El malestar que vivimos tiene que ver con la amputación de la memoria”

El escritor Manuel Rivas en Castrillo de los Polvazares (Astorga). Fotografía: Sendo Ramos.

El escritor Manuel Rivas en Castrillo de los Polvazares (Astorga). Fotografía: Sendo Ramos.

Por  ELOY J. RUBIO CARRO
(AstorgaRedAcción – Contexto gobal)

Manuel Rivas ha pasado por Astorga con motivo del VIII Encuentro de Traductores, en el que, entre otros textos, se vertía el capítulo tercero de su libro ‘Las voces bajas’ a las distintas lenguas. Hemos quedado relativamente temprano en el ‘Cuca la Vaina’, en Castrillo de los Polvazares, donde se hospeda, teniendo en cuenta que la noche pasada se celebró una fiesta roquera como asueto al duro trabajo de los talleres del curso.

Llego puntual y espero, justo el tiempo de beberme un café con hielo, enseguida aparece Manuel Rivas necesitado también de su dosis de cafeína; nos proponíamos realizar el diálogo en la terraza exterior, pero el murmullo de otras conversaciones nos convence que mejor será entrar al bar. Su trato es amable, comprensivo con mi impericia en el manejo de la grabadora; me toma muy en serio, demasiado en serio; no parece tener prisa en las respuestas, su discurso es como un Guadiana recubierto de anécdotas, pero que siempre refluye para retomar el tema de la pregunta. No me ha dejado suprimir, a causa del tiempo, ninguna de las cuestiones que llevaba preparadas. Solo al final, tras más de hora y media de charla, lo hemos tenido que dejar por imperativos del horario del curso, que requería de su presencia en una mesa redonda. Se despide regalándome uno de sus primeros libros de poesía: ‘Mohicania’, al que ha añadido a petición mía una dedicatoria, una pintura.

Usted mismo ha traducido parte de su obra al castellano. ¿Cómo se enfrenta un escritor a la traducción de su propia obra? ¿Es un ejercicio de traducción o de reescritura?

Bueno cuando te enfrentas a una obra hecha te encuentras insatisfecho con ella y tienes la tentación de reescribirla, en mi caso he tenido una contención, ha habido ciertos cambios un poquito más allá de la corrección, una especie de reinvención, pero que no ha afectado a la trama. Sobre todo con la poesía; aunque lo he vivido con mucha libertad. Un texto es un ser vivo, es una especie de célula madre que contiene en potencia otro desarrollo, una metamorfosis, una segunda vida, una reexistencia;  lo comprobamos al releer cualquier texto, no necesariamente nuestro, no es lo mismo una lectura juvenil que unos años después; todos hemos experimentado con un mismo texto la sensación de leer libros distintos. En definitiva el libro es el lector quién lo escribe, nosotros abrimos el libro, pero también el libro nos abre a nosotros.

Hace un par de días Gamoneda, en un encuentro con sus traductores, expresó la imposibilidad de la traducción de la poesía. Dijo delante de sus traductores que no se sentía a gusto con ninguna de las versiones a las que tenía acceso. Con ese humor tan propio de él, añadió que sin embargo suponía magníficas las traducciones al chino, al árabe y al japonés.
Puedo entender que haya cierta poesía que sea inaccesible. Pues pensaba, al escuchar a Gamoneda, que en el caso de por ejemplo ‘Trilce’ de Vallejo, sería un pecado traducirlo; se deja así y que lo lea un mohicano en español.

La idea esa de la intraducibilidad de la poesía o de otro texto; parte de una idea un tanto convencional de la poesía, cuando hoy en día el concepto de la poesía es mucho más amplio; para mí toda literatura es poética o no es. Establecer esa especie de excepcionalidad para la poesía, que la haría intocable… Es verdad que cuando escuchas un poema, cuando aflora esa musicalidad, como ocurre con los cánticos, con rezos también, con esa especie de letanías, con cantos tribales, percibes ese rumor que tiene un sentido sin necesidad de una comprensión exacta, literal; porque los textos son a veces muy onomatopéyicos. Ahora bien, yo no comparto para nada que sea intraducible la poesía. Creo que hay una visión sobre la traducción un poco conservadora, yo creo que si lo vemos desde la perspectiva de que es una transmigración, de que es una recreación, puede resultar que incluso alguien, una mirada, penetre en la potencialidad del texto un poco más allá de lo que éste ofrecía originariamente. No podemos hablar en la literatura de una posesión catastral, como quien posee unos trozos de tierra, se trata de materia viva, orgánica. Yo creo que toda traducción es un proceso de emigración, entendida como un proceso siempre entre el afecto y  la pérdida, y es verdad que con el texto  es una criatura que al emigrar se desgaja de alguna forma de su cuna, de su hábitat, pero esa emigración también crea una esperanza, una reexistencia, un nuevo afecto, y por qué no decir que en esa emigración podría darse la pérdida, pero también una nueva vida.

Cambiando de tema, Como buen conocedor del estado actual de la recuperación de la memoria histórica en Galicia ¿Podría contarnos cómo afectó la represión a los artistas y escritores de la República? y ¿Qué significado tuvo para la recuperación de la memoria el grupo de artistas vinculados a Sargadelos?

—Habría que hablar de un antes y un después de la guerra, de una guerra además que tuvo su prolongación por otros medios durante tantísimos años. La importancia viene dada justamente por el protagonismo que durante la República tuvieron los artistas, los intelectuales, el mundo de la cultura. Hoy todavía hay una dimensión de la memoria  histórica que no solamente son las vidas frustradas, las vidas perdidas, sino también todo lo otro perdido, todo lo que esta gente había hecho germinar y que se estaba desarrollando en potencia. Fíjate que la institución más importante que había era el ‘Seminario de Estudios Galegos’, un equivalente a la ‘Institución Libre de la Enseñanza’, en la que estaba prácticamente todo el mundo que tenía algo que aportar en todos los ámbitos, y hay un trabajo de seguimiento de qué sucedió con todas estas personas, desde doce fusiladas, prácticamente más de la mitad exiliada, hasta gente que quedó hundida en la depresión, esas vidas robadas; y muy poca gente se adaptó, por decirlo de algún modo, al nuevo modo de vida, pero es un relato increíble, de cómo se acabó con el ‘Seminario de Estudios Galegos’, le cambiaron el nombre por el de ‘Instituto Padre Sarmiento’ y acabó siendo expoliado en gran parte y ocupado como una pieza colonial, entonces seguir el relato de esas vidas es suficientemente indicativo. Son hilos perdidos, toda la gente que después reconstruye algo tiene que ver con el Seminario, por ejemplo Díaz Pardo, uno de los creadores de Sargadelos.

El movimiento republicano… no solo por el protagonismo que tenía la gente intelectual, sino que, con toda la pluralidad que había, desde los  libertarios, con gran fuerza en A Coruña, que crearon gran cantidad de bibliotecas en cada barrio, los Ateneos Libertarios, cuyo antecedente podríamos buscarlo en A Coruña en la principal biblioteca pública que se llamaba ‘Germinal’ —es muy significativa la historia de ‘Germinal’ para esto que estamos hablando—… Estamos hablando de finales del siglo XIX, principios del XX. Ahí hay un gran protagonismo de las cigarreras, cuatro mil o cinco mil mujeres de la fábrica de tabacos, junto con las ‘misteiras’, que eran las que hacían los fósforos y que protagonizaron la primera gran huelga en la península, en el siglo XIX, que es lo que se relata en ‘La tribuna’ de Emilia Pardo Bazán; pero es que detrás de todo esto hay unos movimientos desde los grupos de lectura de las cigarreras, que se agrupaban diez, doce y le pagaban a una de ellas para que aprendiese a leer.

Esta atmósfera de la ciudad, definida como la ‘Barcelona del Atlántico’, tiene fundamentalmente dos almas, el alma republicana y el alma libertaria, y eso se ve muy bien en la biblioteca ‘Germinal’, creada por anarquistas, con una especie de patronazgo, de gente que les suministra libros en los que figuran la propia Pardo Bazán, Casares Quiroga, el médico Rodríguez, mucha gente del ámbito republicano o de la burguesía ilustrada. Esas dos almas tienen muchos puntos de contacto, cosa que sucedía no solo en Coruña, sino también en otras ciudades. También se crean las ‘escuelas racionalistas’, cuyos nombres son muy indicativos, pues hay como una voluntad de crear un nuevo mundo: ‘El resplandor en el abismo’, ‘La antorcha galaica’, son todos nombres muy poéticos. Es el momento en el que se da un mayor encuentro entre la política y la actividad cultural; es significativo el que las personas con mayor protagonismo, las que obtienen un mayor respaldo social en las votaciones son gente como Castelao, Emilio González López, historiador exiliado después en Estados Unidos, el propio Alexandre Bóbeda era un economista que era solista en la coral de Pontevedra, cuyos amigos tenían que ver con el ámbito cultural. Hay esa mutua imbricación y la conciencia de que la verdadera transformación no consistiría tan solo en cambiar la sociedad, sino en cambiar la vida.

Otro indicativo es que cuando se produce el golpe, los primeros asesinados en Coruña son personas que tienen que ver con la cultura, está Luis Huici, un sastre ilustrado, que había sido uno de los promotores de revistas culturales, un gran dibujante, y después Francisco Miguel que era un joven pintor al que le cortaron las manos, pero no solo en Coruña, por ejemplo en Santiago uno de los asesinados es Camilo Díaz Baliño, un gran impresor y cartelista, era el impresor de Castelao; el alcalde de Santiago, Anxel Casal, editor de la revista ‘Nos’, que da nombre a toda esta gente de la que estamos hablando como ‘Generación Nos’, la cual tiene una vocación local universal fortísima. En la revista ‘Nos’ es donde se publica la primera traducción de un fragmento del ‘Ulises’ de Joyce a una lengua peninsular, la hace Ramón Otero Pedrallo. Anxel Casal era el alcalde de Santiago y había creado la primera escuela mixta de chicos y chicas en gallego. En Coruña hay una historia muy curiosa, porque su mujer, María, era costurera, y cuando no había dinero para imprimir la revista ella cosía y se sacaba la revista ‘Nos’, entonces es como si estuviera conectada la máquina de coser con la minerva, una imagen que muestra la conexión que había entre el mundo del trabajo y el mundo de la cultura, y Anxel Casal es uno de los primeros asesinados.

Sargadelos es la prolongación de esa memoria. Camilo Díaz Baliño, era padre de Isaac Díaz Pardo. Mucha gente se va al exilio y se salva por los pelos; Luis Xeoane, un abogado muy joven que defendía a los sindicalistas, sobre todo a gente libertaria, que era la que tenía más fuerza en Coruña, que ya había ilustrado durante la república libros de Cunqueiro, de toda la gente que florecía. En un periodo de cinco años sucedió en Galicia un segundo renacimiento, nunca en toda la historia de Galicia se crearon tantas escuelas y tantas bibliotecas. La República es un período donde lo que parecía una corriente subterránea se manifiesta como un gran río y se produce ese renacimiento, en cada villa en cada pequeña localidad aparece un periódico local, surgen bibliotecas hasta en la última aldea. Yo encontré en la Biblioteca Nacional, en Madrid, una fotografía que puede ilustrar todo este movimiento de esperanza, se trata de una que se llama ‘Elpindo’, una  barca llena de libros, una barca biblioteca que distribuía los libros en la ‘Costa da Morte’, una zona que era muy inaccesible por tierra. Esa barca de los libros es una imagen para mí de lo que significó ese período. Entonces se cae el telón terriblemente, se convierte todo el mundo que tiene que ver con la cultura en sospechoso; gente, como Cunqueiro, Torrente Ballester, que participaban en el movimiento republicano, se ponen un uniforme para salvar la vida. En el caso de Torrente, de un día para otro; viene de París, el padre era militar y le dice al llegar a Vigo: pero tú como vienes aquí si están matando a todos tus amigos, y luego el trayecto que hace desde Vigo a Ferrol es sobrecogedor, porque va viendo desde el autobús, en las cunetas, a los muertos y llega a Ferrol absolutamente descompuesto; y el padre le dice: vas a ver esta noche a alguien, y se ve con un sacerdote y le dice: Tú te presentas mañana en Falange y te pones el uniforme si quieres salvar tu vida. Cunqueiro estuvo escondido, protegido por la familia, hasta que empieza a escribir textos favorables al ‘Régimen’ y así ‘salva el pellejo’; pero era gente que había participado en la esperanza republicana. Tenemos entonces entre los intelectuales, toda la gama; los que mueren, los que se exilian y los que se metamorfosean para sobrevivir.

Hay ese periodo terrible que es la ‘longa noite de pedra’, de la que hablaba Celso Emilio Ferreiro, donde la gente lo que busca es salvar el pellejo; Luis Xeoane pasa mucho tiempo escondido, matan a su cuñado que era médico, y consigue huir a Portugal y de aquí se va a Argentina, pero la lista de escapados, de exiliados es tremenda, mucha gente no volvió.

Galicia revive en América, donde se encuentra Luis Xeoane con Rafael Dieste, Arturo Cuadrado, el médico Baltar, toda la gente de Mexico; lo que hacen es crear allí editoriales, por ejemplo ‘Sempre en Galiza’, de Castelao, está editado en América, conjuntamente por el ‘Patronato Galego de Montevideo’ y por el ‘Centro Galego de Buenos Aires’. También se crean cantidad de centros, cantidad de escuelas, la única escuela donde se canta el himno gallego al comenzar las clases está en Montevideo, el único lugar donde encuentras la bandera republicana es en la ‘Federación de Sociedades Galegas’, que fue un instrumento fundamental para la resistencia contra la dictadura argentina, pues era sede también de la ‘Liga de los Derechos Humanos’.

Díaz Pardo se marcha a Argentina, él es muy joven, sobrevive a la muerte del padre, disfrazado de ciego; se esconde en un desván, luego empieza a pintar, y en esa España del páramo de la postguerra empieza a llamar la atención lo bien que pinta este hombre. Se da la paradoja de que Sotomayor, un pintor afín al franquismo, que fue director del ‘Prado’, cuando se pone en marcha el proyecto del ‘Valle de los Caídos’ llama a Díaz Pardo y le dice que él es el elegido para hacer los murales para el monumento. Justo a él que le habían asesinado al padre. Hay una especie de doble crueldad en esta historia, porque ellos sabían lo que había pasado. Díaz Pardo habla con su mujer y le dice “Nos vamos”, tomó un tren con los trebejos de pintura y se escondió en una casa en el centro de Sada y anunció que abandonaba la pintura, y la abandonó para que les quedara claro de que no iba a pintar los murales. Entonces empezó a hacer cerámica, se va a Argentina y conecta con Luis Xeoane y aprende el proceso industrial de la cerámica en un lugar que se llama ‘Magdalena’, en Argentina. Con Luis Xeoane y otra gente conciben esta idea extraordinaria, adelantada, de hacer como una industria ecológica, de recuperar el proyecto ilustrado de Sargadelos, que era como el germen de una reconstrucción cultural, donde pensaban hacer un periódico, de hecho hicieron el ‘Laboratorio de Formas de Galicia’, convirtiéndose en una factoría de creación que conectaba con ‘La Bauhaus’. Los beneficios que obtenían se invertían en cultura. Hicieron el museo Carlos Maxide de pintura contemporánea, fundaron la editorial ‘Edicios do Castro’, que fue importantísima para la ‘Memoria Histórica’, pues editaron cerca de cien libros de historia contemporánea que resultan imprescindibles para la recuperación de esa memoria. Una muestra de que esa recuperación es algo incompleto y sometido a estrecha vigilancia es el movimiento especulativo que surgió una vez muerto Luis Xeoane y con un Díaz Pardo valetudinario, cuando, en los últimos diez años, aprovechan para hacerse con Sargadelos y neutralizar el proyecto.

Quería que me hablaras del tema de ‘Nunca Mais’, pero tenemos que ser muy breves: ¿’Nunca Mais’ pretende fijar unos hechos a la memoria para que no vuelva a ocurrir?

Si quieres de ‘Nunca Mais’ solo te digo una cosa: ‘Nunca Mais’ tenía la marca de esa confluencia de la gente que se pone en marcha, de un movimiento cívico, ecológico, solidario, pero en el que tiene un protagonismo muy claro la gente de la cultura,  en ese sentido si que hay una conexión histórica con lo que comentábamos de la República: ‘Nunca Mais’ funciona y consigue esa presencia en la calle, llena las plazas y saca a la calle a gente que en muchos casos sería impensable que saliera porque tiene esa dimensión que va más allá de la política, esa dimensión redentora que hace aflorar los depósitos de esperanza, la estima; y eso la gente lo siente, son momentos muy especiales.

Pero eso sucede en aquel momento, en el fragor de la batalla, porque en el juicio sobre el desastre del Prestige, que está ahora a punto de sentencia, esa conciencia cívica es lo que precisamente ha desaparecido.

Claro, porque eso es imposible, mira hay un episodio de Chagall cuando participa en los primeros momentos de la revolución soviética, donde él ve unos atisbos de esperanza. En el primer festejo del 1 de mayo él abre su taller, entra la gente allí y todos los carteles que pintan son caballos de colores, llenando todas las balconadas, yendo por la calle con este colorido vivo y la gente está exultante, pero viene el siguiente primero de mayo y aparecen los comisarios y dicen: ‘Nada de caballos este año’, y entonces tienen que pintar las efigies de los líderes políticos. Cuenta Chagall que  entonces iba la gente toda triste porque estaban los balcones llenos de unos rostros grises, adustos… Hombre, yo creo que en estas cosas, hay un momento de los caballos de colores, cuando nadie le pregunta al de al lado de qué partido es; estamos juntos porque además tiene un carácter catártico y curativo fundamental, porque en aquel momento en el que están las costas llenas de mierda y los políticos son absolutamente ineficaces o incluso se aprovechan para robar, digamos que hay una especie de ‘estado de naufragio’, no solo de naufragio de un barco, sino de estado de naufragio social, estado de naufragio mental. El movimiento ese tiene sentido simplemente para reafirmar que estamos juntos y vamos a conjurar esto y además que sepan que si vuelve a haber una situación de abandono, la gente todavía va a protestar más, entonces creo que cumplió lo que tenía que ser; después claro, surgían las provocaciones del tipo: ¿Y por qué ‘Nunca Mais’ no se presenta a las elecciones? ¿Y por qué no se hacen un partido y por qué no se qué…’? No, es que ‘Nunca Mais’ no era nada de eso. Eso sí que sería un fracaso. No era una organización más, no. Era un movimiento cívico  que tuvo esa función de unir a la gente, de unir a los náufragos y al mismo tiempo dar un toque de atención. De hecho sí que cambiaron muchas cosas legislativamente. Si pasase algo parecido, tendrán mucho cuidado de reaccionar rápidamente; estas cosas siempre quedan en el ADN de la gente; todos vinculamos nuestra historia personal y colectiva a un calendario; así la generación que nació a principios del siglo XXI es la generación del ‘Nunca Mais’, nació por primera vez con una respuesta popular como nunca se había visto. Hay gente que se apunta siempre a un calendario de derrotas, pero para mí, ‘Nunca Mais’ fue un calendario de victoria, por fin la gente no se dejó caer, se levantó contra la derrota.

¿Cuál es el sentido de la recuperación de la memoria, acaso no olvidar para que no se repita?

Hay una idea de Walter Benjamín, en esas maravillosas tesis sobre la historia, en la que habla de ‘la memoria como un rescate’ y dice que la palabra que más se aproxima a “felicidad” es la de “rescate2, porque existe una visión muy pasiva de la memoria como aquello que quedó ahí en un desván y que habría que recordar. La memoria, por el contrario, es algo activo que funciona hacia adelante. El malestar en que vivimos, este fracaso evidente de un periodo de transición democrática que se acaba convirtiendo en una restauración dinástica, tiene que ver con la amputación de la memoria, es un instrumento fundamental. No es casual esta aversión a la memoria. Lo más normal que debía haber sucedido es que todos los partidos que se autodenominan democráticos e incluso la Iglesia hubiesen sido activos en ayudar en la búsqueda de los desaparecidos, en restablecer su honorabilidad y que la democracia además reivindicase ese periodo republicano. Esto que debería ser lo normal, esto que estamos viendo en un país sobre el cual a veces se pretende una mirada de superioridad neocolonial, como es Argentina, donde se juzga a los torturadores y no pasa nada. No existe ningún periódico en Argentina, por muy reticente que estuviera ante la democracia, que haya dicho : ¿Oye, por qué juzgan a esta gente? Aquí todavía estamos con el síndrome de Creonte, el que ordena la muerte de Antígona por recuperar el cadáver del hermano; aquí manda Creonte que mantiene bajo vigilancia a Antígona. Entonces ese mínimo de legalidad, el que no se cumpla, es una enfermedad de la sombra, y estamos sobre una balsa de inmoralidad, lo que llamaba Primo Levi la ‘vacanza morale’ del fascismo, las vacaciones morales.

Los libros arden mal. Portada.

En ‘Los libros arden mal’ recuperas desde las pavesas de aquellos libros la memoria reprimida de la ciudad de A Coruña ¿Cómo se manifiesta ese inconsciente en la cotidianidad actual? ¿Cómo es la postmemoria, esa memoria no vivida que se hereda de la familia, del grupo social? ¿Se trata de una opinión fingida, de una opinión no formada que nos hace reos del simulacro al que llamamos la verdad?

—La novela ocurre en Coruña, aunque parte de la novela sucede en Francia, en Montevideo, en distintos escenarios. Coruña es una especie de ciudad trasatlántica que actúa como un espacio psicogeográfico, el núcleo de la novela es la quema de esos  libros y la  existencia de dos tipos de gentes, las que queman los libros y las que quieren que no se quemen. Se trata otra vez de una metonimia, donde lo local es lo universal, porque ahí lo que se cuenta es lo que sucedió en muchos sitios y a lo largo de la historia, por eso para mí es como contar a través de la gente la historia dramática de la cultura. Decimos que la cultura sirve para desvelar, para liberarse, pero también sirve para tapar, para manipular. Hay ahí un personaje, el comandante Díez, el censor, homosexual, un personaje paradójico capaz de amar lo sublime, con un gusto por la ópera, que se enamora de Terranova, un chico de un grupo libertario que canta muy bien, pero Díez pretende seguir ejerciendo el poder en ese ámbito y lo acaba convirtiendo en una especie de esclavo sexual. Mata lo que ama. Yo creo que la gran cuestión es qué pasa con la cultura a lo largo de la historia. Volviendo a Walter Benjamin, “detrás de un documento de civilización hay un documento de barbarie”.

En ese enfrentamiento entre quienes quieren el olvido y quienes quieren la rememoración… ¿cuál sería la solución más justa para una convivencia pacífica?

—Es muy ilustrativo el que la diosa de la memoria, Mnemosine, sea la diosa más fecunda, por razones de ese negacionismo político, la palabra “memoria” acabó teniendo unas connotaciones casi subversivas, algo sumamente ridículo; porque somos lo que recordamos, aunque también somos lo que olvidamos. La madre de las Musas, Mnemosine, es la diosa más fecunda, lo que tiene su significado: la música la danza, la literatura se nutren de la memoria, una memoria fermentada por la imaginación, que es lo que permite que la boca de la literatura, necesaria en estos tiempos de sustracción de las palabras, pueda atravesar lo que los arqueólogos denominan  ‘la línea de lo inaccesible’. Siempre podemos ir un poco más allá. La historia también es aquello que contamos sobre la historia. Entonces ese miedo a la memoria, ese miedo a la historia, en el fondo es un miedo a la imaginación, es un miedo a la creación, a atravesar límites, por eso digo que tiene consecuencias mucho más allá de lo político, de lo actual. Ese miedo a la memoria al final acaba contagiándose a todo, encogiéndonos, y permite que domine; si eres indiferente o temes a la memoria, lo que acaba dominando es el vacío, la nada, el silencio; porque otros ocuparán ese terreno; si tu desocupas un lugar va a venir algo negativo que lo ocupe, si se abandona la conciencia vendrán otros dioses y serán peores, que decía Ferlosio.

—¿Cuál es el papel de las mujeres, de los obreros, los homosexuales en el mantenimiento de la memoria reprimida, en el hecho de que aflore eso reprimido?

—Las cuestiones de género o de transgénero parece como si solo fueran una cuestión actual; en este sentido hay en ‘Los libros arden mal’ una reivindicación heterodoxa de algo que viene ya de lejos, que nos lo encontramos ya en los ‘cancioneiros’ de la literatura galaico-portuguesa. Encontramos esas voces, por eso ya comentaba que la cultura sirve para tapar y para destapar. En una novela de Mankell hay alguien que está escavando y descubriendo y echa la tierra hacia arriba, y hay alguien que está arriba y devuelve esa tierra para el otro, y añade Mankell: Ambos son escritores, el que destapa y el que tapa. Yo creo que en esa literatura, la voz baja es la voz de aquello que no quiere dominar, lo excéntrico, lo que no quiere erigirse como discurso dominante, como centro, como voz alta. Hay momentos en que, por ejemplo en ‘El lápiz del carpintero’ esa voz la acaba representando un verdugo, que era un personaje que en mi concepción primera de la novela casi no iba a hablar, pero ese personaje toma la palabra. La boca de la literatura está para expresar el bien y el mal que están dentro. No son abstracciones, la bondad y la maldad; de todas formas el verdugo no deja de ser, cuando habla, una voz baja, todas esas voces que nos cuentan la intrahistoria. Yo, cuando escribo, lo que me pongo es a escuchar y de repente las voces que me interesan, las que tienen algo de especial, de germinal, cuando se ponen a hablar, cuando dejan de ser voces mudas se transforman en las que denomino voces bajas. Y así, ante la quema de libros ¿quién acude?, ¿quién se siente más dolido?  Yo lo que veía era que la gente que más se dolía era la que no había leído libros, porque sentían que les estaban usurpando algo. Algo que ellos no habían tenido se les esfumaba, algo que formaba parte de sus sueños. Un libro era como el pan que no siempre tenían. Hoy en día no sé como viviríamos esa sensación; pero es evidente que nuestro papel sigue siendo el de escuchar los murmullos, las voces bajas. Desde que hay, además, una desconfianza hacia las palabras, es lo que pasa, la muerte de las vanguardias, lo que sucede después de la segunda guerra mundial, la bomba, digamos la Bomba con mayúscula, cuando la esperanza queda puesta en cuarentena. Entonces todas las palabras están como intimidadas. Yo creo que salvo en la literatura, y de eso también habría mucho que hablar, tenemos la sensación de que en todos los campos han ganado las voces que dominan.

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