Educar contra la censura

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Escena de ‘Pasión’, un espectáculo de Teatro Corsario. Fotografía: Teatro Corsario.

Por MAGDALENA ALEJO

Hace unos días un amigo me expresó su asombro ante un hecho que le había sucedido y que paso a relatar. Una de sus alumnas tenía que dejar las clases de teatro porque se lo ordenaban en su trabajo, ella es profesora de Religión y desde las altas esferas de la curia la hacían decidir: trabajo o teatro. Perplejos, ¿verdad?

No se trata de cargar las tintas con la religión, ahora que tenemos un Papa que parece que vive en este mundo y no en el de la inopia. En ocasiones, los profesionales del teatro compaginan sus actuaciones con la docencia teatral en colegios, institutos, muchos de ellos privados, con muy buena experiencia.

Y es que educar vuelve a ser la madre del cordero siguiendo con metáforas religiosas.

¿Qué aporta el teatro dentro de la educación de una persona? Podríamos realizar un debate al respecto y sacar un decálogo, ya existe alguno por ahí que llena páginas. Lo que está claro es que a cualquier edad quien se acerca al teatro repite, se engancha, se envenena de este arte de equipo y de compromiso, de respeto y de comunicación mutua, que hace crecer la magia y sentir que el hecho teatral puede mover montañas con tal intensidad que el ser humano sería capaz de generar otro mundo.

No hay nada más gratificante que ver a una persona cómo crece en un escenario, se vuelve grande, plena, segura y fuerte a través del arte teatral. No hay nada más reconfortante que presidir la sonrisa y la mirada de alguien introvertido que ha encontrado su forma de expresarse, eso es irrepetible.

Por eso educar en el teatro y a través del teatro es necesario y obligado. Se puede educar desde las clases y desde los espectáculos, desde el aprendizaje activo o como espectador, lector o amante del mismo. Ahora que quieren cerrar bibliotecas, hacer desaparecer la cultura, es el momento de crear revulsivos. Eduquemos en el teatro como forma de protesta, como forma de cambio.

Educar no es sencillo y lleva tiempo. Lo que se crea en años se puede destruir en semanas, pero los cimientos si son fuertes aguantarán y serán visibles para servir de guía. El teatro es necesario en el proceso educativo y en el crecimiento y desarrollo pleno de una persona.

Un Comentario

  1. Anónimo

    totalmente de acuerdo con lo que expones en el artículo.
    Con respecto al papa de ahora tengo que decir que es más de lo mismo, eso sí, con otra careta (habrá estudiado teatro semejante cristofascista?)
    Un saludo,

    Juguillos

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