Ana Zamora: “El teatro es un acto político”

La directora de escena Ana Zamora. Fotografía: I. M.

La directora de escena Ana Zamora. Fotografía: I. M.

• “El teatro es un acto político y hacemos esto para cambiar el mundo, se puede y se debe vivir mejor”

• “De mi promoción soy la única chica y aunque se han ido igualando las cuotas sigue siendo una profesión de hombres”

• “Me he impuesto no estrenar más de un espectáculo al año o temporada teatral y eso me permite estar involucrada e investigar sobre un tema”

• “El teatro prebarroco tiene una manera de reivindicar una forma de vivir más libre, mucho más que lo que nos dejan nuestras pobres sociedades capitalistas”

• “Nao d’amores es sobre todo una familia”

Por MAGDALENA ALEJO

Madrileña de nacimiento y segoviana de adopción. Dirige desde su creación en 2001 la compañía Nao d’amores, nombre en honor a uno de sus autores preferidos, Gil Vicente. Especializada en teatro prebarroco, Premio Ojo Crítico de Teatro 2008 otorgado por RNE “por encontrar teatro donde no sabíamos que existía”. Investigadora, innovadora, de cuna de intelectuales. A punto de estrenar Penal de Ocaña –el día 9 de agosto en la antigua cárcel de Segovia–, una teatralización de una novela de su abuela paterna, María Josefa Canellada, la dramaturga y directora de escena Ana Zamora Tardío nos desvela su relación con las tablas.

—Tu biografía está repleta de premios y de reconocimientos rompiendo así el perfil que se tiene sobre lo que es un director de escena en España, por tu juventud y por ser mujer. ¿Estás de acuerdo?

—Sí, yo creo que desde que se instituyeron los estudios de Dirección de escena en la RESAD, Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y después en otros lugares se ha cambiado un poco esa perspectiva. Yo acabo en dirección porque existe esa posibilidad, comienzo a hacer teatro desde muy joven pero siempre tuve claro que no quería ser actriz. Si no hubiese esos estudios hubiera terminado haciendo producción o algo vinculado a la gestión teatral. He tenido la suerte de no tener que pasar por el infierno de estudiar interpretación, que no quería, y poder estudiar desde el principio dirección. De mi promoción soy la única chica, y aunque se han ido igualando las cuotas sigue siendo una profesión de hombres y no por una carencia de ideas sino, seguramente, porque es un oficio que requiere una dedicación vital que casi ninguna mujer está dispuesta a dar. Somos nosotras mismas las que nos estamos saliendo de ese mercado. Es muy difícil de compaginar con niños, con horarios de colegios.

Por como abordas los trabajos ¿sientes que eres directora pero también investigadora e incluso innovadora teatral?

—Innovadora no lo había pensado, pero es cierto que parto de una gran implicación con respecto al trabajo que hago. Puedo decir que soy una de las pocas personas que montan lo que quiere, con la gente que quiere y como quiere. Uno normalmente hace trabajos alimenticios y yo he tenido la suerte desde el principio de saber lo que quería hacer y que ese ámbito, que a mí me emocionaba, no le interesara a mucha gente con lo cual no tenía competencia. Yo he encontrado una vía, el prebarroco, y estoy esperando a que surjan otros grupos que monten lo mismo para poder cotejar o poder comparar.

Me apasiona lo que hago y me acerco de una manera muy global. Me he impuesto no estrenar más de un espectáculo al año o temporada teatral y eso me permite estar involucrada e investigar sobre un tema, en todos los ámbitos; la literatura, el arte, lo antropológico.

Quizá tiene que ver con mi pasado, con mis abuelos, donde lo intelectual se relacionaba y no había una separación. Vamos hacia el mundo de la especialización. No se puede entender el teatro clásico y más el teatro que yo hago, que está lleno de referentes, sin saber cuál es el mundo histórico, artístico, popular, eso es lo que da las claves para entender a los autores y eso en la vieja escuela de filólogos si estaba, yo es lo que he mamado y no puedo montar un texto solo analizándolo, no tengo más remedio que zambullirme en todo lo que le rodea.

'Farsas y Églogas', de Lucas Fernández. Compañía Nao d'amores. Fotografía: Ceferino López.

‘Farsas y Églogas’, de Lucas Fernández. Compañía Nao d’amores. Fotografía: Ceferino López.

—Tu trayectoria está ligada a Nao d’amores, compañía que creas en 2001. Te dieron el Premio Ojo Crítico de Teatro en 2008 por, tal y como dijo el jurado que otorgó el galardón, “encontrar teatro donde no sabíamos que existía”. Un teatro prebarroco, poco conocido y menos representado. ¿Qué te seduce de esa época, qué te aporta para acercarte a esta etapa?

—Es una cuestión de sensibilidades. Tengo esta sensibilidad porque me he criado cerca de cosas que lindan con eso, el mundo del romance por ejemplo, mi madre se dedicó a estudios de etnología, mi padre ha sido el director del Museo de Segovia. Mis abuelos paternos fueron académicos, Alonso Zamora Vicente y María Josefa Canellada.

He podido convencer o enamorar a gente de mi generación que no había tenido relación con ese mundo, y que se embarcasen en un proyecto. El prebarroco es muy diverso, cinco siglos, desde el Auto de los Reyes Magos hasta Gil Vicente. También hay una cuestión de forma, este teatro todavía no se ciñe a las estructuras lopescas de inicio, nudo y desenlace. Es más libre está más cercano a la poesía y eso es apasionante porque te obliga a inventar esa teatralidad o a sacar a flote esa teatralidad que no está en primera plana, te obliga a descodificar lenguajes y trasponerlos a la contemporaneidad y eso tiene mucho que ver con todo lo contemporáneo. Cuando yo me pongo a trabajar sobre un texto me doy cuenta de que los recursos que yo tengo que aplicar tienen mucho más que ver con los recursos contemporáneos que los propios para el teatro clásico. A nivel de forma es una gozada, una locura que te permite poner, trasponer, construir, reconstruir, generar mundos nuevos, y en cuanto a contenido también, porque son historias mucho más sencillas.

¿Qué le puede atrapar de este teatro al público del siglo XXI?

—Esa cosa naif que tiene. Tiene que ver con esa pérdida de inocencia, está conectado con Beckett por ejemplo. Cómo aman los pastores en Farsas y églogas es una lección de vida. Hay otras formas de vivir desde la propia base, Luis Miguel Sintra me decía: es una manera de reivindicar una forma de vivir más libre, mucho más que lo que nos deja nuestras pobres sociedades capitalistas

¿Esta más ligado el ser humano del Renacimiento a nuestra actualidad que etapas posteriores de la Historia?

—Es un espejo. Traer lo antiguo y renacerlo. Paco Rico dice que los clásicos hablan de lo que no somos y por eso nos resultan tan fascinantes, nos sirven como vía, como camino hacia el que reconocernos y construir un mundo mejor. El teatro es un acto político y hacemos esto para cambiar el mundo, se puede y se debe vivir mejor.

'Dança da morte'.  Coproducción entre Nao d'amores y Teatro da Cornucópia. Fotografía: Luis Miguel Santos.

‘Dança da morte’. Coproducción entre Nao d’amores y Teatro da Cornucópia. Fotografía: Luis Miguel Santos.

En los espectáculos hay una heterogeneidad de elementos; lo profano con lo  litúrgico, música en directo, canto e interpretación a cargo de todo el elenco de la obra, ¿cuál es la pretensión?

—En cualquier caso no se trata de hacer arqueología, no tratamos de reconstruir el teatro de la época, eso lo debe hacer el Museo Nacional del Teatro. Pero como en la compañía trabajamos con toda esa documentación de base, quieras o no eso sale en cuanto te descuidas. A veces es consciente y otras no. Ese poso hace que huelan a medievo y a renacimiento las obras, porque luego el resto de elementos son contemporáneos. Tomé la opción de trabajar con los elementos de significación muy básicos, no trabajar con el mundo del audiovisual en este momento de mi vida, no es una declaración de pureza sino de momento artístico. Yo consideré que, para contar y trabajar con lo que quería, procedía utilizar más elementos de significación puramente teatrales que estuvieran en consonancia armónica con lo que emana de los propios textos. Quizá la iluminación es el elemento más moderno, y aún así tampoco lo es, porque trabajamos mucho con referentes pictóricos y estás casi reproduciendo la luz de los cuadros de la época.

—¿Cómo son los procesos creativos? Aparecen 55 personas en el listado de gente que componen la compañía.

—Nao d’amores es sobre todo una familia, conseguimos coger las mejores experiencias de las convivencias de los grupos de los años 70 y 80 y no los peores vicios. Los procesos dependen de cada espectáculo. Los últimos años hemos tenido la suerte de hacer coproducciones para poder pagar las creaciones, que parecen baratas pero. al ser muy sintéticas, muy puristas, no lo son. Para poder conseguirlo trabajo con mucha gente alrededor. Los últimos espectáculos han sido ocho personas en escena, entre actores y músicos, cogemos una idea un núcleo temático por año y ese año el grupo artístico está realizando trabajo de documentación. Desde los iluminadores, figurinista, escenógrafa, dirección musical, coreógrafo, asesor de verso y yo con la dramaturgia. Se busca material, se recopila y cuando está en una gran bolsa se pone en pie durante dos meses encerrados en Segovia. Somos compañía residente en esta ciudad por medio de un acuerdo con el Ayuntamiento, pero los actores son de otras partes de España. Durante dos meses nos encerramos sin saber los intérpretes qué personajes van a hacer. En los últimos espectáculos empezamos los diez primeros días con talleres de formación, con personas externas a Nao d’amores que forman a todos. Clases de técnica que tienen que ver con la puesta en escena pero que todavía no sé cómo se va a usar en la obra. Es una  forma de hacer elenco, de crear una energía única y un espíritu común. De esos momentos saco ideas para la puesta en escena. Vienen personas especializadas en las técnicas que necesitemos. Se van los maestros y luego montamos noche y día, día y noche. Aquí todo el mundo hace de todo pero luego estamos muy jerarquizados, cada uno aporta la parte que le toca.

Por eso hay mucha gente y al ser una compañía de repertorio tenemos que hacer muchas sustituciones, es una escuela de actores que van pasando por diferentes papeles y enriqueciendo el propio espectáculo.

¿El proceso creativo es diferente cuando hacéis coproducciones? Habéis colaborado con Teatro de la Cornucopia de Lisboa, La Abadía de Madrid, la Compañía Nacional de Teatro Clásico-CNTC.

—En algunos casos ha influido más lo artístico, como es el caso de Cornucopia. Hicimos con ellos Danza de la muerte; fue un trabajo de comunicación entre dos compañías que nos admiramos mutuamente, con un trabajo más colorista y vital como es el nuestro y su teatro de pura intelectualidad, con lo cual la fusión fue estupenda para ambas. Y el poder tener a José Manuel Sintra, una figura de tanto prestigio —no hay una igual en España, quizá José Luis Gómez— en teatro, cine e intelectualidad, y que él quisiera participar en nuestro espectáculo dio un vuelo grande al trabajo, y también la experiencia de irnos todos a trabajar dos meses a Lisboa. La forma de trabajar  de Teatro de la Cornucopia es diferente a la nuestra; hacen tres semanas de trabajo de mesa, se aprenden el texto en la sala de ensayo, se tuvieron que acoplar a nuestra forma de trabajar.

En La Abadía fue más neutro, fue un poco más nuestro mundo, y con la CNTC puse como condición la vía de investigación y la forma de trabajar de Nao d’amores. Yo había trabajado ya para la compañía nacional dirigiendo Don Duardos y ahora me podía permitir no ir como mercenaria  y poner las condiciones de trabajo de Nao d’amores, sin tiempos y con los medios necesarios.

'Misterio del Cristo de los Gascones'. Compañía Nao d'amores. Fotografía: Esther Candela.

‘Misterio del Cristo de los Gascones’. Compañía Nao d’amores. Fotografía: Esther Candela.

¿Cómo funcionan las giras en Hispanoamérica?

—A Colombia fuimos con una ONG a trabajar con mujeres desplazadas de Cali. Fue una experiencia mucho más que lo teatral, donde te encuentras que el teatro sirve para algo más que para el propio hecho teatral, sirve para educar y trabajar lo psicoteatral. Comenzamos a representar el Misterio del Cristo de los Gascones para 300 mujeres y, al segundo de empezar, estaban todas llorando con una catarsis brutal, y es que ellas tenían hijos desaparecidos.

En la gira con AECID, con el Auto de la sibila Casandra,  fuimos a Perú, Argentina Uruguay y Chile y fue una experiencia curiosa. No habían visto nada de prebarroco, lo que les parecía muy exótico en algunos sitios y en otros estaban horrorizados con que fuéramos, pero en todos los lugares conectó con la gente. Además salen lecturas que están en el texto. El Auto de la sibila Casandra está considerado como el primer texto feminista, es la primera vez en el teatro que una mujer sale a escena y reivindica decidir su propio destino, eso en Sudamérica en los coloquios salía siempre a colación, todo toma otra lectura.

Hemos estado en Chile en la universidad dando un taller de como trabaja la compañía a la gente del Master de Teatro. En México, en el festival de Puebla, en Monterrey, y nos hemos dado cuenta de que  los puntos de identidad son muchos.

Luego en Chicago en el Instituto Cervantes, en El Paso, al lado de Ciudad Juárez, todo lleno de  antiguas misiones con cristos articulados para la misma función que el de nuestro espectáculo. Hay una línea de tradición que no está rota, es muy impactante, somos hijos de las misma cultura y de un fondo común.

—¿Sigue en pie la propuesta de creación de un Centro de Investigación, Formación y Creación en torno al teatro prebarroco?

—Esa era la idea cuando formalizamos el acuerdo de residencia con el Ayuntamiento de Segovia. Como no había medios, nos dieron facilidades e infraestructura y hemos demostrado que se puede hacer, pero ahora nadie da dinero, aunque con la crisis me he sentido aliviada porque nos ha permitido seguir libres. Si hubiéramos seguido adelante me hubiera atado de pies y manos, hipotecado. Yo creo que es un proyecto que debe hacerse pero que requiere de un apoyo cultural potente, y Segovia es una ciudad complicada para eso; el Ayuntamiento, la Diputación y la Junta son de diferente color político y aunar energías es difícil. Nosotros trabajamos bajo los puntos de construcción de ese centro, hemos hecho dos ediciones de curso prebarroco, con seminarios para alumnos, ofreciendo nuestra forma de trabajar al exterior para actores y aficionados en este campo.

—Como compañía residente en la región, ¿os sentís partícipes del entramado teatral de  Castilla y León? En  ocasiones se os ha reprochado la falta de apoyo al sector.

—Yo no me quiero casar con nadie, en esta Comunidad sienta mal que te relaciones más con Madrid que con Valladolid, existe esta cosa de pertenencia al terruño. Yo vivo en Segovia, pago mis impuestos en Segovia, estoy entre Madrid y aquí, pero tener que formar una comandilla, no. Me formé en Madrid, trabajé allí y me es muy difícil romper con los lazos, hay que echarse una mano en la profesión pero no hacer piña. No estoy de acuerdo en cómo se llevan a cabo algunas gestiones de política cultural. Yo no quiero asociarme a algo que no pueda dirigir hacia donde quiero que vaya, como es el caso de ARTESA [Asociación profesional de empresas de teatro y danza de Castilla y León]. Haría falta mi apoyo pero no quiero responsabilizarme de cosas donde éticamente no puedo decidir si se está yendo hacia donde yo quiero. Cuando pueda pararme y sentarme, y llegar a un acuerdo, quizá, pero ahora mi prioridad es la supervivencia artística, poder hacer lo que yo considero.

1 nao estreno

—¿Qué planes hay de futuro? ¿El próximo estreno?

—Es una cuenta pendiente, un proyecto viejo que ha llegado el momento de poder acometer. Este año no había posibilidad de hacer otro gran espectáculo de ámbito prebarroco y hemos aprovechado para indagar en otra vías, otros recursos artísticos, y hemos retomado un proyecto aparcado, Penal de Ocaña, a partir de la dramaturgia de una novela de María Josefa Canellada, mi abuela paterna. Es una línea contemporánea que inauguramos, pero con el mismo modo de trabajar de Nao d’amores. Se trata de una novela que fue finalista del premio Café Gijón en 1954. Es el diario de guerra de mi abuela. Estamos el mismo equipo de siempre, una actriz y una pianista en escena, navegando en un material que no controlamos. Ha aparecido por ejemplo una carta a Pedro Salinas, que era profesor de mi abuela.

Se va a estrenar en la antigua cárcel de Segovia el día 9, para 56 personas de público. Una estudiante de letras de 1936 se mete de enfermera a un hospital de sangre, cuando España se rompe por el estallido de la Guerra Civil. Una obra compleja e incómoda en su época. No era suficientemente roja ni blanca, y con una parte cristiana, que en este país se ha olvidado que eran cristianos de base muchos de ellos. Es importante intentar comprender todo aquello. Este es el próximo estreno.

Un Comentario

  1. Pingback: ‘El misterio del Cristo de los Gascones’, la premiada obra de Nao d’amores, llega a la Catedral de León | Tam-Tam Press

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