Sendo indaga en el fuego y su más allá

El pintor Sendo junto a un cartel de su exposición en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.
El pintor Sendo junto a un cartel de su exposición en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

La indagación de Sendo en la ruina, la oscuridad y la muerte

En las estribaciones del Teleno justo ahora hace el año del recorrido del fuego, del triunfo de las llamarada. Recorremos la exposición de Sendo ‘Óleos y palabras para el bosque’ que se puede ver en la Hostería ‘Cuca La Vaina’ de Castrillo de los Polvazares (León).

Por ELOY RUBIO CARRO
(astorgaredaccion.com)

Justo ahora hace el año del recorrido del fuego, del triunfo de las llamaradas, que es a un tiempo aniquilación (consunción por el fuego, reducción a cenizas) y vuelta a ser tierra. La muerte es esto: la reducción a tierra (el cadáver, que es “más despreciable que estiércol”, según Heráclito) como triunfo del fuego.

Sendo recorrió varias veces con su hijo Nuno, en los días inmediatos al incendio de Tabuyo, el lugar del fuego, acudió en situaciones atmosféricas diferentes, en medio del calor, al amanecer, con los rescoldos todavía susurrando en la raíz de la arboleda, el primer día de la lluvia, cuando se formaron los pozos de agua negra, las aguas petroleadas, sin irisaciones con la opacidad del chocolate. Realizó sus enumeraciones, sus contabilidades, descubrió las presencias que el bosque ausentaba, sendas de animales que ya no esconderían su huella ni podrían escapar de la inmensa trampa, basuras y objetos varios abandonados por los humanos, las colmenas contorsionadas como los relojes de Dalí. Un campo de batalla.

Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.
Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León).

La relación del hacer artístico de ‘Sendo’ con el fuego no es de ahora, podría resumirse en cuatro momentos ligados a sus etapas pictóricas.

En 1973 realiza una exposición con Ángel Cosmos, se trataba del ’Espectáculo montaje’, instalación a caballo entre la broma y la indagación sobre el arte. Cuadros de Sendo acompañando a la poesía visual de su amigo Ángel Cosmos. Concluida la muestra, todos los cubos, poesías sobre poliespán etc, se quemaron en el alto del crucero.

Por aquel entonces comienza su indagación sobre el movimiento y la descomposición, comienza también el juego de las sinestesias que irán mucho más lejos de lo sensual, hasta recalar en el sentimiento. Es el momento temático de los ‘Caballos’ y de ‘La Matanza’. Había un cuadro titulado ‘La matanza del cerdo’, un cuadro bien empastado de oleo, al que le dieron fuego y el animal responde como un cuadro vivo; no grita, pues contiene todo el dolor, no obstante reproduce el sisear y las ampollas propias del chamuscado del cerdo; el aroma era distinto pero era el olor del animal refrito por el vendaval de calor que devasta los pinares. Eso lo supimos después.

Consistía aquel momento, muy influenciado por Eadweard Muybridge, en la búsqueda del instante, donde se percibe el instante que se precipita, aunque aún no la precipitación, tiempo todavía marcado como el de un segundero. Pero había que ir más allá, el tiempo había pasado entre instante e instante, pero que pasaba entre ambos;  aprovechar la experiencia de Francis Bacon: “Quisiera que mis pinturas se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellas, como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y un trazo de eventos pasados, como el caracol que deja su baba”. Ahí como en ciertas fotografías ‘en exposición’ el movimiento se convierte en  rastro, con partes nítidas y borrosas; veía a un tiempo la erosión, el deterioro propio de ese pasar, se hacía cargo de la muerte.

Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.
Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León).

En el año 1987, en la noche de San Juan, realiza el happening ‘Queimos’, se trataba de un cuadro de unos 40 metros, formado por secuencias de 2 metros que recogían las 24 horas del día más largo; un águila iba oscilando por el cuadro según el momento térmico, era de un expresionismo abstracto influenciado por Willen de Kooning. Con antorchas de humo de color pegadas al lienzo, de manera que cada antorcha cuadrara con su color y que al arder el cuadro se generara el mismo cuadro pero de humo. La palabra ‘Queimos’ elaborada con algodones especiales permaneció allí dando título por unas cuantas horas.

Las llamas se llevarían por delante, de manera inopinada al ‘Caminante’ sito en la plaza de Gaudí, en Astorga; fue un momento de inflexión en la indagación de Sendo con el fuego. Un ‘Caminante’ que aún vive su muerte y se deteriora allá en el patio de la finca de San Justo.

El caminante era ya una quema más allá de la búsqueda, algo que nos acaece para irrumpir en la flor, este proceso de investigación parecía seguir el ciclo heraclitiano, estando ahora en el regreso, en la quema de la vida que vuelve yerma la tierra, que la apaga.

Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.
Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León).

Tras el incendio de Tabuyo, que es una historia trágica, Sendo se topa con elementos de una gran belleza, rescoldos, rascaduras de la tierra, fumarolas misteriosas que consumen las raíces, los callejones cortados de toda búsqueda por un tronco abatido… Aleaciones fantásticas de colores, tierra, luz y ceniza. Te olvidabas de lo perdido fascinado por la aleación cromática. La alegría bullendo ya en ese deterioro,  anticipo de los pipirigallos y las campanillas que vendrán del nuevo otoño.

‘Oleos y palabras para el bosque’ es la expresión pictórica que Sendo ha realizado a partir de aquellas sensaciones. La exposición está compuesta por veintidós cuadros que resumen la devastación del bosque y por los poemas realizados expresamente para estos cuadros, de los poetas y escritores siguientes: J. Albanell, J. J. A. Perandones,  J. A. Llamazares, Joaquín Araujo, Esther Bajo, A. Colinas, A. Gamoneda, M. Gutiérrez Aragón, Juan Kruz, Andrés M. Oria, Margarita Merino, J. Carlos Mestre, A. Santiago Ramos y Manuel Rivas.

Algunos cuadros son formatos grandes, grandes paletas, arenas, algunas recogidas del lugar para dar la primera mancha; la primera capa trabajada con una espátula grande para quedar como la arena de la playa, solo que denotando los altibajos que asoman del relieve; lo demás se trabaja al oleo. La mayor parte de los árboles son producto de la imaginación. Sendo quería que ahí el árbol fuera transparente, que se viera el corazón del bosque, que el árbol en este caso te dejara ver el bosque. El daño del árbol fuera el daño del bosque, la ausencia del árbol fuese la ausencia del bosque y ahí se viera todo lo visible y lo invisible. Así por el despojamiento surgen del interior del bosque esos juegos que antes no se hubieran producido, esas profundidades rasguñadas de la luz, esas armonías que de pronto aparecen.

El cuadro de la portada, por ejemplo, ‘Mausoleo para el bosque quemado’, es un detritus; al arder el bosque aparecen esos desechos, enormes escombros, esos abandonos, los portones puestos al campo. Una especie de recordatorio-necrópolis para el bosque simbolizado en esta pieza.

Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León). © Fotografía: Eloy Rubio Carro.
Una obra de la exposición de Sendo en Castrillo de los Polvazares (León).

En ‘Elegía para el bosque’ se hace un guiño de recuerdo y referencia a las perspectivas aéreas en obras de Perugino, Masaccio y de Cosimo, en cuanto que los troncos de los árboles dejarían ver el espacio aéreo y la profundidad de campo.

En cada una de estas pinturas iba buscando los distintos estadios de la luz: Así la luz de la mañana, la luz cenital como de luna que ilumina todo el paisaje del titulado ‘Río negro’.

También hay una serie de cuadros de formatos verticales que juntos podrían dar lugar a una sola estampa, aunque no fuera esta la intención, tan solo pretendía poder crear en ellos distintas líneas de horizonte…

Sendo indaga casi desde sus comienzos en la ruina, la oscuridad y la muerte, en cuanto que forman parte del proceso vital,  y ahí ha venido a buscarse a sí mismo sin horror a la desmesura que es el ser. En su juventud, un niño que mueve sus peones, el juego era a distancia, las ampollas de aquel cuadro no eran aún de la piel propia. Ahora el fuego le se arrima a uno, se le come el tiempo que pasa; se le acelera hacia atrás, hacia uno mismo, hacia el correr antes del fogonazo de salida, aquel caballo que nunca estaría en foto alguna de Muybridge. Ello será al comienzo a  ser,  un poco antes de que llegara a sí mismo…, antes de que todo fuese tan hermoso.

Más información

  • Exposición: ‘Óleos y palabras para el bosque’
    Lugar: Hostería Cuca La Vaina (Castrillo de los Polvazares, León)

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