Esperando la lluvia en la Feria del Libro Viejo y de Ocasión

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Reproducimos el pregón pronunciado por el poeta leonés Aldo Sanz, bajo el título “Sobre los libros secretos”, con motivo de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que este viernes, 11 de octubre, abre sus puertas en la Plaza de las Palomas (Plaza de San Marcelo) de León. El pregón fue leído ayer miércoles, 9 de octubre, en el salón de los Reyes del viejo Consistorio leonés.

Sobre los libros secretos

Por ALDO SANZ

Este viernes 11 de octubre, incomprensiblemente, se hará efectiva y real la Feria del Libro Viejo y de Ocasión. Todos sabemos que la de León es una Feria recoleta y pequeñita, capaz de contenerse en una plaza sin más ramificaciones laterales, pero también sabemos que en una plaza pueden caber muchos libros.

Esta Feria es una feria áspera, asexuada, llena de libros amputados y xilófagos reproduciéndose a sus anchas a velocidad supersónica. Normalmente luce el sol los días anteriores a su inauguración y el día de la clausura. Es un clásico que hemos constatado todos los buceadores de libros. Si un día no llueve, en el revoltijo dedicado a los libros baratos, debajo de diez Montañas mágicas, (todas del volumen 1 o todas del volumen 2) suele aparecer un antiguo charco de agua, del temporal del año pasado, o no: simplemente es el recuerdo de Davos, frío sin gracia, deshilvanado. Todo es anterior, pocos sienten como “hoy” la “primicia que fue ayer. Aquí radica la magia y la lírica de las ferias de libro viejo. Yo, y muchos de mi generación, alimentamos nuestra sed de lectura en una feria permanente que había en la calle Varillas. En aquel antro sucio y destartalado se compraban  y cambiaban libros baratos y en mal estado pero fundamentales para poder seguir leyendo. “La Judía”, esa mujer que a veces nos daba tanto miedo, nos alimentaba cuando casi todos éramos líquidamente impecunes. Pearl S. Buck, Kart May

Somerset Maughan, Colección Reno. Cuando alguien tenía cinco duretes de más el paso por la Judía era obligado. Secretamente se iba a buscar libros “prohibidos”, cualquier título que tuviera un aroma de desobediencia era bueno para ser adquirido. Un día vi uno que me sugería dicha desobediencia: La impura. A saber en qué estaba yo pensando. Se trataba en realidad de una mujer que se había contagiado de lepra. Se aprende pronto que los libros secretos son secretos desde el título. Lo que siempre se gana es a dudar razonablemente de las cosas. Alfonso Costafreda, un buen poeta leridano perteneciente al grupo poético de los años 50, escribió un poema que siempre me ha dado qué pensar. Alfonso no es uno de los poetas más leídos en León, o, por lo menos, en mi cículo, pero de vez en cuando se deja ver, a muy buen precio, en las Ferias de Viejo. El poema pertenece a su libro Suicidios y otras muertes, y lo titula “el Libro”.  Leo.

Este libro no existe.
Páginas que habitaran
absurdas en el vacío. Recuerdo
—la asociación no es evidente—
el ave enloquecida
volando, revolando sobre el mar
sin poder o sin saber posarse,
giraba en el vacío.
Volaba dentro de sí misma.
¿Son vida las palabras o van contra la vida?

Cuando trabajé como vendedor en una feria a principios de este siglo , por cuenta de la Librería El Camino de Santiago, percibí esa desolación tenebrosa y verdaderamente incómoda que consiste en saber que nunca vas a poder dominar el vasto territorio del libro. ¿Quién puede acotar el secreto, la prohibición, el amor o la desgana? Todo nace en uno mismo. Yo estaba absorto, había dividido en mi cráneo el mundo del libro en dos mitades: Los libros buenos, los de lectura obligada, y los otros, los de purrela. De los primeros no se vendería ninguno, pues ya todos los habrían leído. Los segundos no merecía la pena ni ser exhibidos. Desde las primeras horas de la feria los libros más demandados fueron Mi lucha, una serie juvenil que no recuerdo ni el nombre, y la Biblia. “¿Tiene usted una Biblia ya leída?”, me preguntó un cliente. Aquella simple pregunta de devolvió de nuevo a mis preguntas de siempre. Ese hombre requería el libro más espiritual con huellas de haber sido ya transitado, le daba igual que estuviera deteriorado, un poco manchado. La esencia de la lectura la iba a poner él, fuera como fuera el estado del libro. Yo creo que aquí radica el por qué  del éxito de las ferias del libro viejo. La esencia y la sorpresa siempre permanecen. Leí un poema del maravilloso Juan Gelman sobre la creación, que es la misma la de escribir que la de leer:

Dado que la vena poética no es
una arteria donde circulan
vehículos de toda clase, me
pregunto
hasta qué punto
esta rima molesta la interrogación.
En realidad, quería hablar del otoño
que se fue. Los otoños no piensan
en la gravedad o levedad de sus días de oro.
No piensan y punto.
Entonces rimo y me pregunto
por qué debiera y pensar en él,
otoño que pasó, llevándose
un dolor viejo y trayéndome
un dolor nuevo. Voy
a seguir este poema en una calle
que me lleve lejos de él.
Adiós, poema, adiós, otoño,
adiós Juan Gelman,
otro que el necesario para mí.
Llueve sobre
paredes conocidas y quién sabe
adónde irá mi mano clausurada
que no escribió mi dirección.

Quería leer a toda costa este poema porque compendia en muy pocos versos toda la simbología de escribir, que como dije es también la de leer. Este poema es como esa hojita de papel manuscrita que de vez en vez uno se encuentra perdida y adormecida entre las hojas de un libro viejo recién adqurido.

El título que aparece en el cartel y en el cuadernillo que se ha editado es escueto, perverso y, en principio, de dirección única.

“Sobre libros secretos”. La duda de Alfonso y la perplejidad de Juan constituyen, a mi juicio, el gran secreto de la historia de los libros, el gran secreto de su creación. Una mujer sobre una escoba vuela alrededor de mi cuna. Este “otro mundo” es el mismo mundo. A mí me intrigan tanto las formulaciones de Valente como las obras de Alesio, Alberto el Magno, o la Nave de los necios de Sebastián Brant.

Hay en este cuadernillo un poema, que es una enumeración, una fórmula, en la que trato de expresar una realidad sentida a través de la simbología, digamos, secreta.

Leo:

Padres del alba y padres del alambre,
Padrinos de la noche, primer número,
Vituperina boca gargajal,
Pergaminos y ungüentos, varios mundos,
Rabisu andando siempre de puntillas,
Licantropías, libros sobre brujas,
Johannes Tauler, místico alsaciano,
Prueba de fuego y prueba de alfiler,
Negro enano detrás de los pucheros,
El esputo de luna está creciendo,
Mi bruja está sentada junto al brujo
A la sombra de un robledal antiguo,
Tribunal de los envenenadores,
También se le llamó la chambre ardente
Las calles de León están vacías
Las calles de León están vacías
Y las lilinas vuelan por el cielo.

Libros antiguos, libros llamados del saber, dudas de Costafreda, calles que a Gelman le llevan lejos, muy lejos, aunque eso nunca suceda, subido a su escoba de estupor y de orfandad.

Estoy en un error. He paseado durante estos minutos por la carcoma de un espejo opaco y no es así la feria. Muchos de mis libros más queridos los he conseguido rebuscando y rebuscando en bonitas tardes de lluvia o en soleadas mañanas entre todos esos libros feotes y deformes que pasado mañana poblarán la pequeña placita de las palomas. Los “poemas escogidos” de Gottfried Benn, el “Informes”, de Peter Weiss, que contiene uno de los poemas más deslumbrantes de los que he leído, Ejercicio previo para el drama en tres partes, Divina Comedia, el primer y, creo, nutricio libro “Libre volador”, de Ildefonso Rodríguez, su líquida lírica, que no ha abandonado, los simbolistas franceses, los descarnados seres de más allá del telón.

Quiero acabar este breve pregón leyendo un “anhelo” que escarba en el sentido de la creacción, en el acto de leer.

Dice así:

Entre el sí y el no
Está el olor de la respiración,
El ahogo.
En la sal soleada
Junto al hierro que manda doblar la poda al árbol
Exilia el oro invertebrado,
La lámpara que excava en el mantel
El reflejo          el cristal
La anemia        el polvo.
La garganta es una forma de conducta
Desprecia y sube la montaña al mismo tiempo
Contra su dimensión.

Escrito en León, cuna y mortaja del Parlamentarismo.

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