El penúltimo cuento de Teloncillo

Ana I. Gallego y Ángel Sánchez codirigen la compañía Teloncillo.

Ana I. Gallego y Ángel Sánchez. © Foto: Teloncillo.

Por ISAAC MACHO

A finales de la década de los sesenta, del siglo pasado, entra en escena una osada compañía de teatro independiente en Valladolid, integrada por obreros y estudiantes, bautizada como Teloncillo. Eran 18 jóvenes, “posiblemente el grupo de teatro más joven del país, ya que su edad media eran 18 años”, según recogía El Norte de Castilla. Entonces y ahora las complicaciones económicas teñían y tiñen el mundo de las tablas, aunque hace más de cuatro décadas había que sortear, además, a la censura y a la Administración que, según rezaban las crónicas, “ha llegado a dar dinero a las comisiones de fiesta de los barrios con tal de que no se representara ‘El retablo del flautista’, de Jordi Teixidor, interpretado por este grupo.

Pese a ello, los componentes de Teloncillo despuntaron muy pronto y la compañía, muy comprometida socialmente desde su creación, ha entrado a formar parte de la historia del teatro español. Su primera etapa termina a mediados de la década de los 90, del siglo pasado, justo en el momento (1996) en que Ana I. Gallego y Ángel Sánchez tomaron el timón y reorientaron su producción de espectáculos hacia el teatro infantil y público familiar. Pusieron amor, disciplina y profesionalidad en un viaje que continúa y que ahora les ha  hecho acreedores del Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud. Pero, ¿qué camino ha recorrido esta compañía para que un jurado decida por unanimidad otorgar este reconocimiento?

Representación de 'Otto'.

‘Otto’. © Foto: Teloncillo.

El periodista Antonio Corbillón, que ha seguido informativamente su trayectoria desde las páginas de El Norte de Castilla durante muchos años, habla de que el nuevo Teloncillo, el de la segunda etapa,  se planteó un reto complicado de alcanzar: “apostar por el público más difícil, ese al que nunca puedes engañar y que no disimula, los niños. Desde su primera propuesta ‘Por el mar de las Antillas’ hasta sus últimos espectáculos en los que se atreven con bebés, la compañía no sólo ha innovado y transitado caminos nuevos, sino que se ha implicado en todos los foros y organismos (en especial Te Veo) que luchan por convertir el teatro para los más pequeños en la gran esperanza de que aún quede cantera de público cuando el teatro supere su enésima crisis”.

Observación de la realidad

Ana Gallego y Ángel Sánchez, codirectores de la compañía, decidieron entregar a los espectadores más pequeños una oferta de entrega total. Para eso, entre otras fuentes, bebieron del equipo pedagógico “El Abanico” de Valencia compuesto por profesores de Lengua, Literatura y Teatro que les ofrecieron sus cuadernos didácticos que permitían acercase a los niños para analizar, comprender y desarrollar su creatividad.

Imagen de 'Besos'.

‘Besos’. © Foto: Teloncillo.

Mario Máñez, coordinador del grupo de Didáctica del Teatro de este colectivo valenciano habla con conocimiento de causa de la compañía vallisoletana: “Es un grupo que trabaja muy bien el teatro como instrumento de comunicación, de observación de la realidad, de socialización y tiene un componente artístico de primer nivel”. Máñez destaca también el manejo de otro tipo de herramientas necesarias para atrapar la atención del público infantil: “Utiliza de manera brillante la música, la coreografía y otros aspectos de teatro como su dicción, lanzan las palabras con una perfección encomiable para que los niños puedan entenderlas a la perfección”.

La noticia de la concesión del galardón fue recogida con alborozo por Claudio Hochman, dramaturgo y director teatral argentino radicado en Lisboa que ha escrito y dirigido Kaspar o Los animales de don Baltasar, entre otras piezas, para Teloncillo. “No sé si poner recibió o recibimos porque, la verdad, me siento parte de la familia…”, se sinceró el autor nada más conocer la noticia. En este momento de regocijo, no obstante, Hochman no olvida los momentos cargados de incertidumbre que vivieron juntos: “Fueron muchos años y muchos espectáculos, y muchas charlas mientras cenábamos conversando sobre los caminos a seguir, fueron miles de ensayos, de búsquedas, de tropiezos, de abrazos, fueron muchas las satisfacciones y los esfuerzos, y las historias  compartidas, fueron momentos de gran intensidad junto a todo el equipo, directores, productores, artistas plásticos, iluminadores y actores”, resume amontonadas las ideas. El director teatral argentino expresa en público el pensamiento que muchas veces rumió en su interior: “Siento que este premio es solo la confirmación de que vamos en la dirección cierta”.

'Kaspar'

‘Kaspar’. © Foto: Teloncillo.

Escuela con seguidores

Los viajes de ida y vuelta a Valencia fueron una obsesión para los directores de la compañía vallisoletana buscando aprender la pócima milagrosa para salir airosos de sus propuestas para bebés, niños y jóvenes. Vicent Vilá escribió en 1997 para Teloncillo la obra Las manos de mi abuela, a partir de poemas de Celia Viñas. Aunque se trataba de una aventura arriesgada, como confiesa el autor, “ya que no se solían hacer por entonces espectáculos para niños tan pequeños y mucho menos partiendo de poesía escrita para ellos”, el resultado fue “fantátisco”,  lo define Vilá. “Ángel y Ana, los artífices de Teloncillo, dieron a nuestras palabras una dimensión escénica impensable y el resultado fue un espectáculo brillante que abrió una línea de trabajo que  a lo largo de los años ha creado escuela  y cientos de seguidores e imitadores”, admite.

Pero aún va más lejos con su discurso al afirmar que el mérito es mucho más que ellos mismos: “Han sabido conformar los equipos de creación en cada una de sus propuestas y a partir de ahí, el respeto a su público, la fidelidad a su forma de hacer y lo que es más importante  a los valores humanos, que pocos más que ellos han sabido infundir en sus trabajos”, concluye el dramaturgo.

El trayecto recorrido por esta pareja de artistas  lo conoce al dedillo Eduardo Zamanillo, autor del primer texto de su relanzamiento, Por el mar de las Antillas, al que luego seguirían La ramita de hierbabuena y más tarde Tartarín.

“Entre las muchas características del trabajo de Teloncillo dignas de admiración valoro especialmente su capacidad para dirigirse, en distintos espectáculos, a niños de todas las edades conservando siempre, gracias a una feliz combinación de sensibilidad, intuición y saber hacer, la magia imprescindible para que sus pequeños espectadores vivan una experiencia inolvidable, quizá un instante de felicidad”, redondea este actor y director.

Para Zamanillo, “conseguir que tan exigente público desee volver al teatro porque lo identifica con un espacio divertido, apasionado y en el que se siente respetado es algo a lo que aspiramos todos los que nos dedicamos al teatro para niños. Y Teloncillo lo consigue”.

'Los animales de Don Baltasar'. © Foto: Teloncillo.

‘Los animales de Don Baltasar’. © Foto: Teloncillo.

Investigación y música

El mundo de las tablas abraza a todas las artes. Ocurrió también con el mago Gonzalo Granados quien asesoró a Teloncillo en la modalidad del ilusionismo, y define esa experiencia como extraordinaria. De ese tiempo compartiendo trabajo, el prestidigitador subraya varios aspectos de sus montajes: “su trabajo actoral, la música, las técnicas, los guiones tan bien estructurados y, sobre todo, que no reparan en incorporar la investigación”. Aquí, en este capítulo, es donde más se fija el mago.  “El trabajo de Teloncillo no se limita a una simple actuación sino que tiene detrás una profunda investigación. Cada vez que van a montar un espectáculo lo arman concienzudamente. Es la compañía que mejor sabe meter el mundo de las emociones en la cabeza de los niños y, además, tienen una tremenda predisposición a aprender cosas nuevas…”, recalca Granados.

Pero si alguien que conoce en profundidad a los componentes de Teloncillo es Miguel Ángel Pérez, Maguil. Primero porque formó parte de la compañía en su primera época como músico, técnico en diversas tareas o productor y luego porque ha seguido estrechamente su andanzas artísticas. Este gestor cultural llama la atención sobre la música como un denominador común a lo largo de la historia del grupo. A principios de los 70, del siglo pasado, señala, “El retablo del flautista estaba acompañado con una auténtica orquestina donde aparecían percusión, saxo, guitarras y contrabajo”,  para apuntar, a renglón seguido, que también en “el primer espectáculo que hicieron para niños, tras retomar la antorcha teloncillera, –Por el mar de las Antillas– la música tenía una presencia capital”.  De Ángel, dice Maguil que “es un gran compositor e instrumentista ya que domina la guitarra, el charango y el teclado… y de Ana destaca  “una buena voz natural que se ha preocupado en mejorar con clases de técnica vocal”.  Tan importante ha sido esta faceta en sus producciones que “han editado dos CD con canciones de sus espectáculos o compuestas ex-profeso”, insiste.

Los países latinoamericanos son una de las grandes debilidades artísticas y humanas de la compañía. No en balde han visitado Bolivia, Colombia, Chile…, precisamente, de aquí, de Santiago de Chile acaban de regresar tras asistir al I Festival Iberoamericano de Artes Escénicas para la Primera Infancia. Fruto de esa semilla que han ido sembrando en tierra fértil nació la compañía Teatro de Ocasión en el mismo Santiago. No es extraño, por tanto, que su director, César Espinoza, hable con pasión de la labor artístico-pedagógica de Ana Gallego y Ángel Sánchez. “Sus propuestas escénicas, asegura Espinoza, están llenas de encanto, magia y poesía e iluminan a todos los que se acerquen a disfrutarlas”. Este chileno enamorado también de los escenarios, valora “la humildad, sencillez, generosidad sin límites y  fertilidad creativa” de los vallisoletanos. “Sentimos, concluye, que engrandecen y elevan el teatro dirigido a la infancia con discurso, postura y dedicación”.

  1. MªPilar Martínez

    MI sincera y alegre felicitación a Ana, a Angel y a todos cuantos tienen algo que ver en ese mágico trabajo que desarrolla Teloncillo.
    Pilar Martínez, El Abanico.

  2. Anónimo

    Estamos orgullosos de vosotros y de tantos éxitos…..merecidos! no os perdemos de vista!
    Otto,Montse y Xav

  3. Pingback: ‘Nidos’ para llenar la cabeza de pájaros… | Tam-Tam Press

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