“Homo homini lupus”

psicopata

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

La Audiencia de Burgos –por unanimidad y con el informe favorable del Ministerio Fiscal– acaba de excarcelar al “violador del ascensor” condenado por la violación y muerte de las jóvenes Marta Obregón (burgalesa), Leticia Lebrato (vallisoletana) y 18 violaciones más. Que sea consecuencia de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot (o como fallar con la mano en el corazón en lugar de en el Derecho) no es lo relevante. El problema que plantea la salida de prisión de tipos así es la vehemente sospecha de que no hay en ellos arrepentimiento ni rehabilitación.

Los principales fines de la pena son la retribución (el que la hace la paga), la prevención general (no las hagas no las temas), la especial (el que a hierro mata a hierro muere), la defensa social y la rehabilitación y reinserción social, el “odia el delito y compadece al delincuente” de Concepción Arenal.

Según el artículo 25 de la Constitución española, las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y la reinserción social. Esto supone la imposibilidad de enjaular a las bestias y tirar la llave. Sin embargo, las tesis rehabilitadoras, que entroncan con el pietismo cristiano y la confusión entre delito y pecado, están en retroceso frente a la criminalidad organizada y la psicopática. El delincuente profesional ha abdicado de cualquier código de valores y se rige por principios económicos aplicados al delito, esto es, la proporción entre el botín, el riesgo de la detención y la magnitud de la pena. Los psicópatas no son culpables, sino enfermos mentales, no pueden empatizar ni sentir remordimiento, por eso interactúan con las demás personas como si fueran objetos, utilizándolas para su propia satisfacción. Si la culpabilidad penal se puede definir como la capacidad para comprender la maldad de la conducta y la posibilidad de obrar en consecuencia, el psicópata no tiene una u otra.

Homo homini lupus, la frase del comediógrafo latino Tito Macio Plauto, adaptada y popularizada por Thomas Hobbes en su “Leviatán” sigue vigente y provoca que el infierno esté aquí: son los otros.

Nota para quienes leyeran la anterior columna: La pianista fue absuelta.

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