‘De figuras y paisajes’. Pinturas de Rodríguez Tamargo en la Fundación Vela Zanetti

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

José Luis Rodríguez Tamargo, artista asturiano afincado en León, inaugura el jueves 6 de marzo, a las 20 horas, una exposición de pinturas en la Fundación Vela Zanetti, ubicada en la Casona de Villapérez, muy cerquita de la catedral leonesa. Se podrá ver hasta el 27 de marzo, de martes a sábados, en horario de 10 a 13 y de 17 a 20 horas. Reproducimos aquí un texto elaborado por la comisaria de la muestra.

Por ROSA MARÍA OLMOS CRIADO

La relación de José Luis Rodríguez Tamargo con la pintura es muy temprana: “Siempre he pintado –dice él–, desde niño, en la juventud.” Se formó en las Escuelas de Artes y Oficios de Avilés y de Artes Aplicadas de Oviedo, compaginándolo con otros estudios y trabajos. Asturias (Avilés, La Felguera, Castrillón, Gijon…) fue, naturalmente, la principal receptora de sus exposiciones, desde 1983, y de otras actividades creativas relacionadas con la literatura. Tras un parón expositivo, regresa en 2006, y a las salas asturianas se les suman otras en Galicia, Palencia o León, donde vive y trabaja en la actualidad.

En esta ciudad, en la Casona de Villapérez (sede de la Fundación Vela Zanetti), se exponen 23 piezas, algunas inéditas, pues llegan directamente del interior de carpetas, cajones y cartapacios, liberadas del anonimato, para conformar, junto a otras ya exhibidas, una muestra que evidencia la consolidación de un trabajo pictórico de largo recorrido, fraguado con el tiempo hasta alcanzar solidez, seguridad en sus planteamientos y resoluciones personales, a partir de referencias pictóricas bien consolidadas en la Historia del Arte del siglo XX.

Integran la exposición tres itinerarios temáticos, elegidos deliberadamente para mostrar la versatilidad de este artista: inquietantes personajes de filiación expresionista, asépticos paisajes y cezannianas naturalezas muertas. Las tres series exhiben evolución interna similar, perdiendo paulatinamente las formas naturalistas en favor de formulaciones con predominio de valores meramente plásticos, dando origen a obras conceptualmente distintas, al situarse en la órbita de la abstracción, ya de manchas, ya de la esquematización estructural. El pintor altera el lenguaje, y con él el contenido.

Con los misteriosos personajes que emergen de un incierto mundo de palpitantes rojos, crea una iconografía que da alas a la libre interpretación, pues bien pueden remitir a aspectos sociales, de denuncia –seres atrapados, en burkas, en conflictos múltiples–, situaciones dolorosas –soledades, encuentros, desencuentros– o acaso son una expresión soterrada y simbólica de las íntimas sensaciones del artista. Hay en estos pseudopersonajes un expresionismo latente que deviene en abstracciones, al disolverse las formas sólidas en la atmósfera o manifestarse como rígidas formaciones pétreas, que también alcanzan, aunque de otra índole, categoría abstracta. El color es el principal aliado plástico de este pintor, de él se sirve de un modo intelectualizado, no naturalista, así los abismales rojos, los restallantes amarillos, los negros, adquieren categoría de estado de ánimo en esta temática.

La asepsia sentimental e ideológica y la serenidad plástica se recobran en las otras dos series: en los clásicos, jugosos y táctiles bodegones y en las suaves formas montañosas de los limpios paisajes. Los primeros evolucionan hacia interpretaciones poéticas, casi líricas, una vez esencializadas sus formas y unificado el color, mientras en los paisajes, apastelados ocres, verdes, rosas, amarillos y azules crean por sí mismos una estructura paisajística definida que deviene en limpia y plana mancha y un tratamiento espacial sin referencias a la realidad.

Su discurso plástico gira en buena medida en torno a los medios y a los materiales empleados. El papel tratado y el acrílico se alían para acelerar la pincelada, larga y suelta, superpuesta una y otra vez, dando lugar a veladuras y matices. Pero, por encima de técnicas, de conceptos y de trabajo reflexivo, la obra de arte, y en este caso así lo entendemos, es un espacio personal y mágico formado por el material inaprehensible de la sensibilidad, de la sobreexposición emocional. Es una búsqueda de la belleza, esa clase de belleza que, como formuló Umberto Eco, no es inherente a las cosas, sino que se forma en la mente del espectador libre de las influencias externas, y la pone a disposición del espectador para que, si lo desea, vea, sienta o sintonice con él. Pura magia.

Cartel de la exposición.

Cartel de la exposición.

Un Comentario

  1. goal

    he descubierto este escultor de casualidad y le encuentro algo de zanetti, les dejo un link para que lo conozcan me parece interesante para los seguidores ;https://www.facebook.com/EsculturaMadera

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: