Hablemos de revistas literarias

...

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

Fundar una revista literaria, presentarse en secreto a un premio y presumir de haber terminado el Ulysses sin trauma. Esos eran los tres presupuestos obligatorios que todo escritor juvenil debía cumplir entonces para conseguir fuste, para creerlo. De los tres, el primero se recordará siempre sin demasiada pesadumbre, pues añadir una revista más a la tribu supone un acto de camaradería que lo perdona todo. Fue tras un empeño así, llevado a cabo con entusiasmo insensato allá por 1978 en Salamanca —lo bautizamos ‘El Callejón del Gato’—, cuando empecé a fijarme en las revistas como lo que son: aerolitos veloces que cruzan ante uno sin regularidad y con incertidumbre, como si en ellas naciera ya dañada su vocación programática.

Así debió de ser también en aquel contexto alegre y vaporoso de la vanguardia, cuando importaba más fundar que sostener. Rafael Osuna, el gran estudioso hemerográfico de esa época junto a Jaime Brihuega, señala cuáles son las cuatro grandes en el pandemónium de revistas volantes de aquellos años veinte: “Litoral”, “Verso y Prosa”, “Carmen” y “Gallo”. Vinculados a ellas poetas del 27 —Prados, Altolaguirre, Guillén, Gerardo Diego, Lorca—, se abren y cierran deprisa como puertas batientes. Su vida efímera ni siquiera las dejaba evolucionar, y eso les daría un suplemento de alegría; en eso nos fijaríamos seguramente nosotros para no lamentar la previsible brevedad de “El Callejón del Gato”, publicación de estudiantina que duró tres, cuatro números y cuya anemia vaticinó con tino el profesor Eugenio de Bustos, quien nos anunció con sorna sabia: “Estas publicaciones nunca llegan lejos pero son necesarias, así que ahí va…”. Y nos alargó, en espontánea subvención nunca más repetida, un billete de cinco mil. Así entraron en mi vida las revistas literarias.

Tantos años después, uno aún puede trazar el planisferio de las revistas literarias que lo han nutrido: ¿Cuáles fueron? ¿Cuáles siguen siendo? Me agarraré a tres posibilidades: lo exquisito, lo imprevisible, lo persistente. En torno a eso buscaré las revistas de mi vida. Y siempre junto a ellas, la amistad.

Pero antes hay una prehistoria. Vino primero pura “La Estafeta Literaria”, que aparecía en los kioscos de mi ciudad. Uno no sabía con cuál otra compararla así que yo creía que era el almanaque del Parnaso. Cuando luego me visitaron los tres reyes magos —“Revista de Occidente”, “Insula” y “Cuadernos Hispanoamericanos”—, el concepto de lo que era una revista literaria se alteró por completo. Fueron, con mucho, las publicaciones con andadura que parecían marcar un horizonte —que lo siguen marcando— de nombres seguros, a menudo desconocidos para el ávido letraherido de entonces. Su nómina incontestable constituía una vía paralela que iba más allá de los manuales de texto porque en ella se barajaba la actualidad mientras que, por norma general, aquellos manuales eran yacimientos detenidos, como mucho, en los alrededores de la guerra civil (nadie se escandalice: todavía en el siglo XXI en las oposiciones y en los temarios escolares aparecen titulares así de imposibles: “La novela española desde 1939”).

Sin embargo, la revista fulgurante que me sacudió de veras fue “Poesía”, propiciada por Armero y Lara y que inauguraba otra manera de hacer las cosas. Todo en ella estaba de ese lado de la exquisitez. Nunca olvidaré el estupor goloso con que vi el número que Llardent dedicó a Pessoa, el de la poesía visual (Justo Alejo, el vorticismo, los emblemas barrocos…), los de Rubén Darío y Rimbaud, ya años después. Con la gaditana “Revista Atlántica”, surgida a principios de los 90 de la mano de José Ramón Ripoll, siguen siendo aún hoy para mí los más hermosos ejemplos de lo que puede ser una revista poética en la que la calidad y el buen gusto no se desdicen mutuamente.

Pero hay otro tipo de razones para querer seguir cerca de algunas revistas literarias. Son las revistas imprevisibles, y aquí debo hablar de “Artesa”, milagro fuera de órbita que apareció en Burgos —¡en Burgos!— en los años sesenta, inventada por el gran Antonio L. Bouza, que la lleva en 1969 a la extralimitación. Hace unos años me atreví a acercarme a conocer a Bouza solo por saber de “Artesa”. En la estela “póvere” de la librería vallisoletana “Relieve” (Pino, Alejo, Blas Pajarero), “Artesa” se va de las manos de la ortodoxia y abre claraboyas hacia lenguajes imprevistos. En otro tono pero igual de impredecibles fueron para mí los “Cuadernos leoneses de poesía”, hito sostenido por Ildefonso Rodríguez en una frecuencia poética alejada de planteamientos regulados por el canon poético nacional. Miguel Suárez, Tomás Salvador, Aldo Z. Sanz o el propio Ildefonso publican en esa revista que llega a editar aquel inolvidable número dedicado a la poesía de los enfermos psiquiátricos. Cuando luego apareció “El signo del gorrión”, uno quiso verlo como la secuela natural de aquella propuesta inimitable.

Por último, hablemos de la fidelidad. De la fidelidad a una revista que nos acogió a todos —lo sigue haciendo— sin prejuicios y con la generosidad de los abuelos capaces de consentirlo casi todo. Me refiero a “Cuadernos del Matemático”, llevada —decir ‘dirigida’ parecería impropio— por Ezequías Blanco, capaz de hacer caber sin amontonar cuanto pide ser recogido en ella. Sin marbetes ni programas previos, su enseña sigue siendo la discrecionalidad. Han pasado ya veinticinco años y no creo que nadie que haya querido estar en sus páginas se haya sentido rechazado alguna vez. La hospitalidad y la persistencia siguen siendo los signos de identidad de una publicación cuya estatura nadie preveía pero que ya desde hace tiempo es prueba incontestable de lo que también puede ser una revista poética: un depósito de la amistad antes que otra cosa. A ella seguimos siendo fieles sin saber muy bien cómo puede medirse tanta voluntad de acogimiento.

Revistas poéticas. Palabras y amigos. Todo ello reunido en el rumor inaudito de esas páginas que se salen del ruido del mundo y nos convocaron alguna vez desde el azar alegre de sus apariciones imprevistas. Y así hasta hoy mismo. Y más y más…

(Publicado el sábado día 5 de abril en el suplemento cultural de El Norte de Castilla)

— — —

Noticias relacionadas en TAM TAM PRESS:

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: