“Señora azul”, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Mítica melancolía

Portada del disco de CRAG.
Portada del disco de CRAG.

El disco “Señora azul” sale reeditado por Warner a la vez que un día antes, el lunes 13 de octubre, el grupo actúa en la Sala Galileo (Madrid) con motivo del 40 aniversario de su publicación.

Por KEPA ARBIZU

Se podría definir a Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, más conocidos con las siglas CRAG, como uno de esos grupos “malditos”. Es cierto también que es algo que se podría aplicar a buena parte de la producción musical española hecha durante esos años (los que abarcan desde los sesenta a los setenta), o por lo menos en cuanto al olvido en el que han sido sumidos muchos de ellos, indiferentemente de cuál fuera su nivel. Pero centrándonos en el cuarteto, a pesar de publicar un disco debut sobresaliente, y ser considerado hoy en día como un disco esencial, el éxito nunca estuvo de su lado.

Estamos ante lo que se suele denominar como un “supergrupo”, es decir, una combinación de integrantes de diferentes bandas de cierto prestigio. En este caso provenientes de Solera, Los Módulos, Los Pekenikes o Los Íberos. Una comunión de sensibilidades que dio como resultado “Señora azul”, convirtiendo al conjunto en un trasunto de Crosby Stills, Nash & Young (CSNY), ya fuera por su aspecto, por la utilización de sus iniciales o también, sobre todo, por ese gusto a la hora de empastar voces utilizándolo como un “arma” musical de primera magnitud.

Dada por cierta la comentada influencia, y por extensión la del folk clásico y melódico, también es evidente que la banda tenía en grupos como The Beatles, The Beach Boys e incluso en cosas del rock progresivo, referencias ineludibles. La apuesta por la delicadeza y la elegancia de su sonido, además de la sensibilidad no exenta de cierto gusto por ejercer de retratistas sociales, les convirtió en una rara avis dentro del panorama de ese momento, con la consiguiente falta de apoyo. Algo que se materializó en que su segunda referencia (“Queridos compañeros”) tendría que llegar tras una reunión diez años después, incluso no sería hasta tiempo después también cuando ofrecieran su primer concierto juntos.

“Señora azul” nace bajo la producción de Rafael Trabucchelli, un nombre muy representativo de la música española de esas décadas, y muy relacionado con el sello Hispavox, que trabajó con muchos nombres de éxito (de José Luis Perales a Rapahel pasando por Jeanette) y siempre con unas formas muy características, dirigidas hacia un sonido claro, nítido y con gusto por la instrumentación, como queda patente en las composiciones que forman este álbum.

CRAG.
CRAG.

Probablemente el tema más conocido y reconocible de este álbum, y casi icónico del pop en castellano, es “Sólo pienso en ti”, escrita por Rodrigo García, que juega con la sencillez y una melodía pegadiza y romántica, con un halo nostálgico evidente, a la que se le suma un manejo de la sección de cuerdas con mucho gusto. La otra canción más representativa es la que da nombre al trabajo, sobre la que mucho se ha especulado sobre su posible significado cuando en verdad ya parece aclarado que se trata de una diatriba contra los críticos musicales. Aquí es un piano el que maneja el ritmo, de nuevo contagioso pero esta vez más incisivo, con un aire a The Beatles, en una canción que derivará en un final más negro y soul.

La melancolía es un sentimiento que atraviesa todo este disco, uno de los ejemplos más claros es el de “Carrusel”, en la que se ven ecos de rock progresivo de Yes o Camel, por ejemplo en ese uso de los sintetizadores, y donde toman máxima presencia una de las características de grupo: esos juegos vocales empastados que utilizan. Aunque “El río” también transmite ese sentimiento lo hará de una manera más bucólica y amablemente psicodélica.

Pero este álbum tiene también una gama amplia a la hora de apostar por un tono más pegadizo e inmediato, por ejemplo usando el sonido americano, ya sea con el folk de “Nuestro problema” o el country-rock rasposo de “El vividor”, ambas muy deudoras del sonido de Solera, en el que afila el verbo por medio de un ácido costumbrismo dirigido contra la burguesía, algo que sucede también en la juguetona y divertida “Don Samuel Jazmín”, una suerte de ligero rhythm and blues. “Supremo director” completa esta variada paleta con un acercamiento, eléctrico, al rock and roll.

“Señora azul” materializó esa extraña paradoja de no vivir el éxito contemporáneo y sin embargo convertirse con el paso del tiempo en algo realmente representativo. Lo que es seguro es que el disco dejaba a las claras que era el resultado de personalidades musicales dispares pero todas entroncadas en un manejo prodigioso de la melodía; ya fuera hacia caminos más nostálgicos, más románticos o ligeros. El resultado de todo ello es un trabajo con diferentes representaciones pero bajo una forma común de extrema y cuidada sensibilidad, de ahí el poder que todavía mantiene y el lugar que ha terminado por ocupar.

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