
El narrador, doctor en Filosofía y profesor universitario Francisco Flecha Andrés, autor de “Crónicas del reino menguante”, se incorpora como colaborador a TAM TAM PRESS con una singular sección de pequeños relatos que, en cada ocasión, aparecerán ilustrados por el fotógrafo leonés Agustín Berrueta.
→ Bares y soledades: el Valdesogo

Por FRANCISCO FLECHA
Los domingos del invierno, el Valdesogo era un puerto de bajura al que iban llegando, lentamente, en busca de cobijo, las viejas barcas de la desesperanza.
En el banco de la esquina, al amparo de los carteles de olvidadas corridas de otros tiempos, ella rumiaba con desgana, como si fuera el último trabajo de la tarde, el bocadillo de sardinas que, seguramente, formaba parte del trato al que habían llegado en El Barranco. Él perdía la mirada y la esparanza en el vaso de vino y la distancia.
¡Buen refugio, el Valdesogo, en estas noches cerradas en las que la niebla ni siquiera deja ver las luces del puerto del Cabo de la Esperanza!
Bienvenido, amigo, a este puerto pirata. Nos embelesamos con sus verónicas y naturales.
Y con agustín, entre mozo de espadas y apoderado. ¡Qué gran corrida!
Gracías Víctor, ya lo he dicho, entro aquí devotamente y de rodillas, «tendido no chan» de este Pórtico de la Gloria, recreándome en la figura de mi señor don Gaiferos, Gaiferos de Mormaltán.
claro que si vais a empezar a meteros con los poetas… Aquí va a haber «hondonadas de ostias», como dijo Virgilio. Jajaja
Joder, qué carácter! No sabía que aquí recibierais a los nuevos como en el «Sálvame». Si lo dices por el Cuento de Pereira (que era buen cuentista porque ers buen poeta. Como todos los cuentistas) sabes, como yo, que este texto lo recogió tanto entre sus cuentos (Cuentos completos,252), como entre su poesía (Meteoros, 335). De todos modos, unas ostias bien dadas siempre son de agradecer, como decía Garcilaso. Pero, por favor, que sean en versos alejandrinos, que cunden más y tienen esa cosa glamourosa del hemistiquio
Bueno, que sólo era para que te fueras fajando. Los único cenáculos poéticos decentes son los billares suburbiales. El Valdesogo, el culogomna o el peleas, como también fue conocido antes de Frutos, trae poesía entre los tonos cerúleos de sus paredes y la sonrisa dulce de su señora. El último refugio. Buena gente, maestro.
Gracias.
Siempre me enseñas cosas y a decirlas bien . Un abrazo
Bueno, es que, a la menor, entro al trapo. Debe ser el tic de los viejos cuenteros y poetas populares que actuaban en el corro de las eras y entraban en disputa dialéctica con otros cuenteros y poetas, en una esgrima inocente de chascarrillos y de versos.
En eso sigo, todavía, recordando filandones y calechos
Me apunto a esta sección con entusiasmo, que los placeres hoy escasean de a menudo, y hay que gozar de continuo todo lo que se pueda, y sé que aquí gozaremos. Un abrazo a estos matadores al alimón.
Gracias, Pájaro. Procuraremos estar a la altura por la que vuelas a diario
Yo pasaba por aquí, vi luz… y entré. Vi la luz.
Un saludo y enhorabuena. Mi amigo Fernando Soriano me avisó del blog: lo añado al mío.
Snif, ayer me enteré de que ha cerrado definitivamente sus puertas el Valdesogo…
Cada día menos bares y más soledades… Es lo que hay
A veces me parece sufrir el síndrome de los profetas: nunca se sabe si lo predicen, lo lamentan o lo provocan