Piélago

...

Por LUIS GRAU LOBO

Al final era esto. Soñaron con ello las mentes más nobles y a ello dedicaron los esfuerzos más cabales. Isidoro de Sevilla, por ejemplo, reunió en sus libros las astillas del vasto armazón antiguo, encapsuladas en palabras que ya no significaban casi nada, y por ello mismo podían simbolizar casi todo, y así eran pronunciadas una y otra vez como un mantra, la esencia de un conocimiento fosilizado para siempre. Siglos después, unos cuantos franceses entusiastas intentaron compilar todo el saber en unos libros enormes y bellos que se convirtieron en las partijas testamentarias de todo un tiempo. Se diría que cada vez que se pretende ese inventario, que se emprende el catálogo razonado del saber, se trata en realidad de un cierre, un borrón y cuenta nueva, un tajante cambio de tercio.

Y ahora esa tarea de titanes, por vez primera, pertenece a casi toda la humanidad, que la emprende con indiscriminada displicencia, con extraviada pasión. Ciudadanos con acceso a un medio de comunicación que construyen a la vez que utilizan. La red. El lugar donde nuestros sueños más bajos y esperanzas más nobles quedan atrapados para una posteridad incierta y, tal vez, vergonzosa. Y es que resulta que era eso. Nuestra cultura entera tendida al sol se antoja un patio de porteras, una exhibición de humanidad agreste, una muestra de lo que somos, sin los filtros de aquellos viejos empeños, tan selectivos. Por eso en esta enciclopedia virtual activa y multiforme que nos retrata despiadada, a cuyo curso formidable nos arrastra una pantalla luminosa, se arraciman sin orden ni concierto lo sublime y lo grosero, la maledicencia y el encomio, y junto a todos los tipos de pornografía late una sensación de íntima vulnerabilidad, la embriaguez de un fracaso monumental.

A ese piélago sin orillas se asoma ahora, un año después, este periódico, con pequeña chalupa y una tripulación aventurada. Como cuando el océano acababa en un abismo y la tierra era plana y el sol su satélite. Adelante.

(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 20/12/2014)

3 Comments

  1. La grapita tal vez sea del ABC que acompaña a La Nueva Crónica, infelizmente para mi gusto. Quién sabe. La cita recortadita no es de tan lejos, sino de un señor de Zamora que murió hace un par de años. Vale.

    Me gusta

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .