Cabañas para pensar…

Imagen de la exposición "Cabañas para pensar", en la Fundación Cerezales, el día de la inauguración.

Imagen de la exposición “Cabañas para pensar”, en la Fundación Cerezales, el día de la inauguración.

… y buscar la distancia precisa para entender el Mundo

El artista y escritor Bruno Marcos, miembro del consejo asesor del MUSAC, reflexiona sobre la exposición ‘Cabañas para pensar’ que se puede ver en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (en la localidad de Cerezales del Condado, León) hasta el 1 de marzo de 2015.

Por BRUNO MARCOS
astorgaredaccion.com

No es nuevo sino muy viejo en el mundo mediterráneo el deseo de huir hacia la soledad. Ya dejaron magistrales versos de aquella voluntad de apartamiento poetas tan grandes como Horacio o Marcial. Claro que la Roma de la que ellos soñaban escapar era ya una una ciudad de más de un millón de habitantes que, como recordaba el segundo de ellos, impedía a un hombre dormir de noche y de día con todo tipo de ruidos y, sobre todo, pensar.

Pensar buscaban los intelectuales y creadores cuyas cabañas muestra estos días la exposición ‘Cabañas para pensar’ de la Fundación Cerezales; inmersa, también ella, en la construcción de su propia cabaña para pensar, un edificio de madera perfectamente integrado en la naturaleza y pionero en eficiencia energética, obra del arquitecto internacional Zaera Polo.

Mahler, Wittgenstein o Heidegger, entre otros, cuyas cabañas son algunas de las que encontramos en esta exposición, no parecían oponerse a la idea fundada de que la filosofía nació en las ciudades, en las polis, donde los pensadores se juntaban y hablaban en el ágora, sin embargo y siguiendo muchos la estela de Nietzsche, esa de “nosotros, los solitarios”, vieron necesario el irse a una construcción básica y apartada únicamente habitable por una persona para ordenar sus pensamientos y que estos produjeran creación.

Y en este punto de irse a una cabaña pobre, pequeña, solitaria e incómoda a merced de las inclemencias del tiempo y frente a la belleza de la naturaleza siempre un poco o un mucho amenazante, no salen retratados como puramente misántropos, o solamente misántropos, sino más bien como buscadores de la distancia precisa para poder organizar su lectura del mundo propiciadora de más producción de mundo. Es verdaderamente impresionante el apunte de Heidegger al respecto: “Cuando en la profunda noche del invierno una bronca tormenta de nieve brama, sacudiéndose en torno del albergue y oscurece y oculta todo, entonces es la hora propicia de la filosofía”.

Los clásicos fantaseaban con el ‘Beatus iIle’ pero seguro que en el campo se morirían de aburrimiento y encontrarían atraso y brutalidad, para ellos debía ser una proyección ideal, una suerte de vida libre de intrigas, dimes y diretes, imposturas y todo tipo de encuentros inoportunos con el hombre y sus tantas veces desdichados amores y desamores. Para Marcial su arte de vida era vivir de una tierra heredada, con bienes no fruto del trabajo, amigos iguales y no desear ser lo que no se es. Mucho más figurativo Horacio se recreaba en todos los placeres puros, desde la otoñal uva púrpura hasta la sombra de la encina.

Sin embargo estos de las cabañas se fueron de verdad, se iban a ellas, siempre algo metidas en el bosque o en las rocas o al filo de un abismo, siempre rudimentarias e incapaces de albergar más que un solo ser humano. Son casi todos los de la exposición personas del norte de Europa, nativos de parajes menos romanizados donde la vida aislada ha mantenido algo su prestigio. Aquí, por el sur, todas las formas de soledad han sido proscritas, la clausura o los eremitas han caído en el descrédito de lo patológico aunque tuviéramos tanta tradición de apartadizos y hasta nuestro Fray Luis de León dejase en la piedra de nuestra literatura grabado aquello del afortunado que huye el mundanal ruido por la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido.

En la sala de la Fundación podemos ver fotografías y maquetas de las cabañas perfectamente explicadas con textos y, también, herbarios de la flora que rodeaba esas cabañas, e, incluso, planos arquitectónicos de las plantas, alzados y perfiles de estas construcciones que, si bien completan su descripción, contrastan porque estas eran fábricas sin arquitecto, liberadas de esa especificidad y de la agobiante categoría de la arquitectura, casas hechas, algunas de ellas, con las manos de uno mismo.

La exposición es una experiencia única para acercarnos a la condición humana y al pensamiento creativo y una manera excepcional de ver una forma distinta de hacer exposiciones tanto por el comisario, Alberto Ruiz de Samaniego, como por la Fundación Cerezales, que sin renunciar a la profundidad de los contenidos consiguen llegar a todo tipo de público.

  • Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Cerezales del Condado. León.
    Del 30 de noviembre de 2014 al 1 de marzo de 2015.
    Horario: De martes a domingo, de 12 a 14 y de 16 a 19 (Entrada gratuita)
    Comisarios: Alberto Ruiz de Samaniego y Alfredo Olmedo.
    Fotógrafo: Eduardo Outeiro.

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