Un ebanista en los tejados de los monumentos del Camino de Santiago

Francisco González Ferreras, en su casa de Trobajo (León), junto a una maqueta del interior de la Catedral leonesa, que ha reproducido a la perfección, incluso en sus vitrales, como se puede ver en la imagen de detalle situada a la derecha. © Fotografía: RGM.

Francisco González Ferreras, en su casa de Trobajo (León), junto a una maqueta del interior de la Catedral leonesa, que ha reproducido a la perfección, incluso en sus vitrales, como se puede ver en la imagen de detalle situada a la derecha. © Fotografía: RGM.

La asociación leonesa Pro Monumenta en defensa del Patrimonio acaba de nombrar a Francisco González Ferreras Socio de Honor. Concretamente, como se afirma en la nota de prensa, «por su labor como ebanista realizando las maquetas de los principales monumentos de la provincia de León y del Camino de Santiago. Todas sus obras están realizadas a escala 1:1000, después de un minucioso estudio de cada una de ellas y de tomar medidas de la mayoría de los edificios sobre el propio documento. Es un artista en toda la extensión de la palabra, autodidacta, que tiene grandes conocimientos de historia, arte y arquitectura”.

Reproducimos un artículo sobre este artesano publicado en el desaparecido diario digital peatom.info en junio de 2008.

El Camino de Santiago en miniatura

Por ELOÍSA OTERO

El ebanista leonés Francisco González Ferreras ha recorrido decenas de veces el Camino de Santiago subiéndose a los tejados de sus más importantes monumentos. Hace 30 años que empezó a tallar estas joyas arquitectónicas en miniatura, desde la Catedral de Santiago hasta las más pequeñas y misteriosas iglesias románicas, paleocristianas o mozárabes de la ruta. Este maestro carpintero reside en Trobajo del Camino (León), y aunque abre su casa-museo con gusto a los peregrinos y visitantes, le gustaría poder mostrar sus obras en un lugar más apropiado.

El pequeño museo de Francisco González Ferreras está lleno de maravillas. Tras una puerta casi secreta en lo que antaño fue su taller de carpintería, se alinean unas 40 reproducciones en madera de los principales monumentos del Camino de Santiago: San Marcos, la Catedral de León, San Isidoro, San Miguel de Escalada, San Martín de Frómista, Santa María de Arbás, Santa María de Eunate, San Juan de Ortega, San Salvador de Leyre, Santo Domingo de la Calzada, la iglesia de Portomarín…

No en vano lleva 30 años enfrascado en su labor de talla, pero también aprendiendo arquitectura e ingeniería para reproducir los monumentos a escala. Trabaja con madera de nogal, y ha recorrido el Camino muchas veces, desde Navarra a Compostela, pero no a pie, sino “por los tejados”, midiendo arcadas, columnas, ábsides, pináculos y cúpulas para, más tarde, poder realizar sus obras al detalle.

“Mejor lo pueden hacer muchos, pero que lo vivan así, como yo, no creo que haya otro en el mundo”, advierte con orgullo y humildad al mismo tiempo, mientras enseña las varas de madera que utiliza para medir los monumentos.

Con paciencia infinita, de su mano han ido saliendo iglesias románicas y góticas, templos mozárabes, edificios renacentistas y platerescos… en lo que parecen copias exactas del original en miniatura.

En total, habrá dedicado más de 70.000 horas de su vida a este hermoso trabajo de precisión y rigor constructivo. “Me puedo tirar doce horas seguidas con una maqueta, durante meses, o incluso años… hasta que la termino”, afirma.

Francisco derrocha una especie de sabiduría innata, hecha de intuición, aprendizaje y talento. “Aprender arte en un libro de texto es magnífico, pero descubrirlo a través de un arbotante o un capitel es un privilegio”, asegura. Así ha aprendido él todo lo que sabe: observando, midiendo, estudiando la arquitectura, sus planos, cada detalle… Los monumentos del Camino siempre le llamaron la atención, pero sólo cuando se jubiló de forma anticipada pudo dedicarse de lleno a esta pasión.

“Esto me tiraba desde niño, pero me tuve que dedicar a trabajar, y ahora que puedo… para mí es un privilegio, de verdad, porque hacer estas maquetas me ha permitido acceder a los edificios más insignes del Camino y estudiarlos palmo a palmo”. Una de las personas que mejor ha comprendido su labor es el ex abad de la colegiata de San Isidoro de León, el padre Antonio Viñayo, quien le facilitó una especie de carta o salvoconducto que le abrió las puertas de todos los monumentos del Camino, para estudiarlos y medirlos.

Maquetas de Francisco González Ferreras. © Fotografía: RGM.

Maquetas de Francisco González Ferreras. © Fotografía: RGM.

El primer monumento que reprodujo fue la Catedral de León, cuya maqueta ocupa un lugar preferente en su singular museo. De este templo gótico leonés tiene dos versiones: la primera que realizó, en la que reproduce el exterior del edificio a escala, y otra posterior, que refleja con fidelidad sorprendente el interior de la seo, con sus vidrieras, columnas, arcos, bóvedas, arcadas…

Los demás monumentos, sin embargo, han sido reproducidos al completo, por dentro y por fuera. Las piezas de cada uno encajan de tal forma que, simplemente levantando el tejado, y abriendo el edificio por la mitad, gracias a alguna bisagra escondida, el interior se ofrece a los ojos del espectador en todo su esplendor, iluminado por pequeñas bombillas.

La Catedral compostelana es sin duda la maqueta de mayor tamaño y también la que más tiempo le ha llevado: 5.200 horas, es decir, dos años y ocho días. “A veces he estado trabajando 14 o 16 horas seguidas, porque empiezo una maqueta y, buscando cómo resolverla me paso días y noches… es como un vicio”.

La maqueta de la Catedral de Santiago, al abrirse, muestra en sus entrañas incluso la cripta primigenia, donde existió otra pequeña iglesia, sobre la que se edificó el templo posterior. “Cuando maduré la idea de reproducir este magnífico monumento, tengo que confesar que me dio pánico. Pero a la vez, el proyecto me seducía enormemente”, recuerda Francisco.

“Pasé muchas horas midiendo los tejados, encaramado a las alturas, y disfrutando de una vista privilegiada de la ciudad. Recuerdo la emocionante ascensión por las torres, la búsqueda de un sistema idóneo de apertura de la maqueta para poder contemplar la cripta… O la sensación que se apoderó de mí cuando estaba reproduciendo el Pórtico de la Gloria: me parecía como si estuviera profanando una tumba y que, en cualquier momento, se levantaría el maestro Mateo para reprocharme la osadía”.

Pero si la catedral de Santiago es la que más tiempo le ha llevado, la de León, que le llevó 3.400 horas, le gana en dificultad. “De ella dijo Unamuno: es la catedral hecha de piedra que menos piedra tiene”, sentencia Francisco. Para él, se trata del monumento más misterioso del Camino, el más mágico, armonioso y sugerente.

“Cada monumento tiene una cualidad. Y cada catedral tiene su peculiaridad. La de León es la más austera, pero también es la que más ciencia arquitectónica tiene, y la que cuenta con la mejor armonía y la más bella atmósfera de luz y aire de toda Europa”, y se acerca Francisco a la maqueta que muestra las entrañas de la seo: “Mirad las lancetas… la arcada viene por este nervio, pero estas lancetas… ¡es la única catedral de toda Europa que las tiene!. Observad que el vértice del triforio no tiene absolutamente nada de piedra. No hay catedral que tenga esto así”. Y se emociona como artista, destacando cada descubrimiento, cada detalle.

“Elijo los edificios que más me llaman la atención, de los que puedo aprender, porque yo lo que quiero es disfrutar con lo que hago”, subraya. De la Colegiata de Toro (2.250 horas de trabajo) le llamó la atención su cimborrio, “y algo muy especial: en los laterales de la nave central, a un lado los arcos son de medio punto y al otro tiran a apuntados”. De la de Santa María de la Moreruela (1.400 horas) le atrajo todo, “incluso el lugar en el que se encuentra la iglesia, que es mágico”. De Santa María de Eunate (2.100 horas) destaca, aparte de su planta octogonal, “sus curiosas leyendas y sus corrientes telúricas”…

Otros templos han sido reconstruidos como fueron, y no como se conservan en la actualidad. Es el caso de Marialba de la Ribera (950 horas), edificio paleocristiano del siglo IV. O del artesonado polícromo de San Juan de Baños (1.140 horas), del siglo VII.

El ebanista Francisco González Ferreras. © Fotografía: RGM.

El ebanista Francisco González Ferreras. © Fotografía: RGM.

:: Reivindicación de un espacio digno

“¿Por qué no en el Seminario, junto a la Catedral?”

Asegura Francisco González Ferreras que su trabajo artesano tiene un aprovechamiento pedagógico, que él lo utiliza como terapia psicológica y psíquica, para despejar su mente, pero también para mantenerse en forma físicamente. Y encima le ayuda a descubrir parte de la historia, le sirve de iniciación al arte y de aprendizaje filosófico, sin olvidar su contribución a la promoción de la Ruta Jacobea.

Lo que más le gusta del Camino es “la transmisión de pensamientos y de ideas; la comunicación, el intercambio. Aquí en León somos muy cerrados, pero yo voy a la Catedral, o a medir un monumento, veo un grupo de peregrinos, me pongo a hablar con ellos y acabamos todos encantados. Me gusta hablar, me gusta la comunicación, mucho”.

Sus maquetas se han podido admirar en varias exposiciones sobre la arquitectura del Camino, en España y el extranjero. Pero al artista le gustaría que la Junta de Castilla y León, o alguna otra institución, editara un catálogo digno. “No lo pido por mí, sino porque es una manera de difundir el Camino”.

Y aunque él y Pura, su mujer, reciben con amabilidad y cariño a todos los peregrinos y visitantes que se acercan a su casa de Trobajo del Camino, en León, a conocer su singular museo, también le gustaría que estas piezas se pudieran mostrar en un lugar más apropiado. “El Seminario Mayor, que está al lado de la Catedral de León, podría ser un buen sitio si quisieran, por allí pasan miles y miles de visitantes, y el edificio tiene unas cuantas salas vacías…”, sugiere Pura.

Francisco González no sólo recibe a los romeros que quieren ver su museo. También está autorizado para sellar las credenciales de los peregrinos, y para ello tiene un cuño propio, concedido en agradecimiento a su trabajo en pro del Camino. “Lo agradecí mucho cuando me lo otorgaron”, señala este hombre, cuya filosofía es “de poco, sacar mucho”. Para comprobarlo, un sólo detalle: todas sus maquetas han salido de un camión de astillas de nogal que compró en su día por 15.000 pesetas.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

Un Comentario

  1. avelino fierro

    Quizá la primera visita cultural que hice con Promonumenta fue, hace muchos años, al taller de este ebanista. Me parece mentira que siga esperando que expongan dignamente sus obras, porque de verdad, merecen la pena. Con unos instrumentos bastante rudimentarios es capaz de hacer maravillas. Impresiona ver las fotografías en las que aparece en el tejado de alguna catedral “tomando medidas” al monumento. Desde aquí le doy la enhorabuena por ser como es, tan artista y tan sencillo. Mar.

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