Jóvenes y teatro: 10 razones “amigas”

Intérpretes del espectáculo "Sueño de una noche de verano". © Fotografía: Margarida Robert.

Intérpretes del espectáculo “Sueño de una noche de verano”. © Fotografía: Margarida Robert.

El director argentino afincado en Lisboa plantea diez buenas razones para que los jóvenes de entre 13 y 17 años se ejerciten en el mundo de las artes escénicas, como instrumento ideal para desarrollar su personalidad y, encima, divertirse. Lo dice y predica con el ejemplo.

Por CLAUDIO HOCHMAN

Haciendo teatro:

1.- Trabajan con el cuerpo. Un cuerpo de energía y en pleno cambio que necesita ser reaprendido. En este momento donde las hormonas están exaltadas, donde los huesos crecen de manera rebelde, donde la sexualidad se asoma para confrontarlos con la vida, el teatro se presenta como una oportunidad para aprender a reconocer su propio espacio, o saber dónde queda cada parte de su cuerpo y las mil posibilidades de moverlas.

2.- Trabajan la voz. La voz cambia. La voz comunica. Un mundo de sonidos y palabras nuevas. Poder decir. Poder proyectar y proyectarse. La palabra como unión, como ceremonia, como ritual. Abrir la voz para abrir el cuerpo, abrir el cuerpo para abrir la voz.

3.- Trabajan las emociones. ¿Qué me pasa conmigo? Qué me pasa con el otro? ¿Qué me pasa si miro a los ojos? Qué pasa si toco? Qué pasa si me tocan? Qué pasa si el otro se angustia, llora o ríe? ¿Puedo controlar mi risa? ¿Puedo hacer reír? ¿Puedo ser ridículo? ¿Puedo seducir y ser seducido? ¿Puedo entender lo que le pasa a otro? ¿Puedo meterme en la piel de un personaje y transitar su mundo de emociones?

4.- Trabajan lo social. En el teatro no están solos. Inevitablemente tienen que compartir con otros. Se generan relaciones, se hacen amigos, se crean complicidades. Es un espacio de convivencia donde cada uno se muestra como es y a través del juego puede metamorfosearse en otros y mostrar otras facetas de su personalidad. En el teatro se ayudan unos a otros, aprenden a escuchar y ser escuchados. Aprenden a esperar. A observar. A tener paciencia.

5 Es una alternativa para la utilización del tiempo libre. Tiempo de salir de la computadora y poder mirarse a los ojos. Tiempo de mover el cuerpo y no solo los dedos. Tiempo de inventar historias y no solo ver en la televisión historias inventadas por otros.

6.- Es una manera de aproximarse al arte. De conocer autores, directores, escenógrafos. Les abre un mundo de posibilidades, porque al hacer teatro tienen más ganas de ver teatro. Por tanto, crea también nuevos y más críticos espectadores. Es una oportunidad de conocer la palabra y las historias de escritores de todos los tiempos. De ver películas relacionadas con lo que están trabajando. De escuchar nuevas músicas. De conocer nuevas estéticas. De abrir su abanico cultural.

7.- El entrenamiento actoral favorece la concentración. Desenvuelve la memoria. Focaliza la atención. Al hacer una obra tienen que caminar sobre una marca que deben  respetar. Manejan el tiempo propio y el tiempo del otro para llevar adelante un objetivo común. Un juego con reglas propias donde el dar y recibir son la moneda corriente, tanto con sus compañeros como con el público.

8.- Desarrolla la creatividad. Cuando tienen que componer personajes y en el armado de escenas y de obras. Obliga a encontrar nuevas opciones estéticas. Incentiva a buscar nuevas posibilidades expresivas.

9.- Favorece la aparición de la alegría y genera cambios positivos en los estados de ánimo. Favorece la autoestima y la imagen que tienen de sí mismos. Refuerza sus potencialidades y hace de ellos personas más seguras, más arriesgadas, con más ganas de exponer sus ideas, de mostrarse, de entregarse. Da momentos de intensa alegría y satisfacción.

10.- Y sobre todas las cosas, es una actividad divertida. Donde aprendiendo se lo pasan bien. Viven momentos que estoy seguro los ayudarán  a ser mejores personas y a vivir más felices.

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* Nota: El espectáculo Sueño de una noche de verano de Shakespeare se representa en el Teatro de Carnide (Lisboa), los días: sábado 10 de enero y domingo 11 de enero de 2015, a las 16:00 horas, en una versión formada por 13 jóvenes de entre 13 y 17 años.

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* Claudio Hochman es director, dramaturgo y docente argentino, afincado en Lisboa.

Cartel de la obra "Sueño de una noche de verano", de Shakespeare, diseñado por Juan Cavia.

Cartel de la obra “Sueño de una noche de verano”, de Shakespeare, diseñado por Juan Cavia.

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