Ajustando cuentas con The Beatles

Por CARLOS DEL RIEGO

Los libros de memorias de grandes personajes o de quienes han estado a su lado han de tener ‘chicha’, carnaza suficiente como para atraer compradores, secretos de alcoba, traiciones, revelaciones asombrosas… o grandes dosis de resentimiento.

Los relatos de los tiempos vividos se usan también para ajustar cuentas, para que el que escribe sus recuerdos pueda desahogarse a gusto por algo que en su momento le desagradó pero que, debido a las circunstancias, no pudo decir; por eso, décadas después y sin ninguna cortapisa, el relator se atreve a decir lo que no se atrevió a su debido tiempo. Tal es el caso del renombrado ingeniero de sonido y productor Glyn Johns, quien tuvo la suerte de trabajar con algunas de las bandas más importantes de la historia, como Rolling Stones, The Who o The Beatles, y que en sus memorias, ‘Sound man’ (noviembre 2014), maldice y reniega del último lanzamiento discográfico de los de Liverpool, ‘Let it be’.

El productor es algo así como el imprescindible intermediario entre la idea musical y los aparatos, el nexo entre la melodía y la técnica; por ello, debe ser un experto en los controles y, a la vez, saber qué es lo que el artista pretende expresar. Glyn Johns (un auténtico virtuoso de la mesa de mezclas) realizó labores de productor e ingeniero de sonido en los dos últimos discos de los Beatles, el ‘Abbey road’ y el ‘Let it be’. Como todo beatlemaníaco sabe, éste se grabó antes pero apareció después que aquel. Pues el caso es que en las mencionadas memorias el técnico despotrica (cuarentaytantos años después) contra el álbum que cerró la discografía de estudio del cuarteto. Al parecer, George Martin, su emblemático productor, estaba hasta las narices del mal rollo, las fuertes discusiones y los duros encontronazos que continuamente se producían entre tres de los cuatro (además de la omnipresencia de la ‘quinta pasajera’), por lo que entregó a Johns los mandos de la grabación, producción y mezclas. Sin embargo, según desvela en ‘Sound man’, John Lennon le pasó a Phil Spector el trabajo ya hecho para que le diera su toque personal (¡vaya usted a saber qué es lo que John habló con Phil!) Sea como fuera, la obra de Glyn Johns quedó modificada por las nuevas producciones y remezclas que realizó el colérico fabricante de éxitos neoyorquino.

Tantos años después (el ‘Let it be’ salió en 1970) afirma el despechado ingeniero que es incapaz de escuchar aquellas canciones, que se sintió agraviado por el hecho de que Lennon se las diera a Spector para que las rehiciera, que éste las deformó hasta convertirlas en algo “ridículo, desagradablemente empalagoso”, y remata con un resentido, rencoroso y tal vez envidioso “Let it be es un montón de basura”.

Todo incondicional de The Beatles estará de acuerdo en que este disco no es el mejor de los trece que editaron antes de la disolución, pero también en que contiene piezas excelentes, títulos que están cerca de la cincuentena y suenan tan frescos como si fueran novedad absoluta, melodías que han pasado de generación en generación y jamás dejan de hechizar, canciones que no sólo no pierden brillo si no que reafirman su talento con el transcurrir del tiempo. En fin, que son ya auténticos clásicos difíciles de imaginar de otro modo. Que ahora Johns arremeta tan exageradamente contra aquel disco suena a venganza por el caramelo que a última hora le quitaron de la boca, a él, que fue requerido por algunos de los nombres más importantes de la historia del rock y ayudó a lograr discos y éxitos fabulosos. Sí, él participó en dos legendarios álbumes de los Beatles, pero en uno de ellos (el último) podría haber figurado como gran artífice, como el que dirigió a Lennon y McCartney, a Harrison y Starkey, quien los guió e iluminó para lograr una obra maestra imperecedera. Pero se interpuso el tan genial como indeseable Phil Spector y él se quedó sin aparecer para siempre como el primero en la lista de créditos.

Eso de que venga otro y tome tu trabajo para retocarlo, corregirlo y pulirlo a su gusto (para fusilarlo, vamos) debe sentar bastante mal, sobre todo si el agraviado es alguien cuya labor viene avalada por el éxito y el reconocimiento general. Es, por tanto, más que comprensible la rabieta de Johns, incluso la virulencia y el desprecio, sobre todo si se ha estado décadas esperando el momento de largar, de ajustar cuentas con aquellos que le ofendieron. Y se ha despachado a gusto; baste señalar que el subtítulo del libro viene a decir: “Una vida grabando éxitos con The Rolling Stones, The Who, Led Zeppelin, The Eagles, Eric Clapton, The Faces…”, o sea, destaca media docena pero omite a The Beatles como pequeña y tardía revancha; por cierto, obsérvese, además, que dice ‘éxitos con’, que indica al lado o a la misma altura, y no ‘éxitos para’, que significa trabajo asalariado o ayuda. Es una muestra de los celos de quienes participaron en la construcción de melodías que seguirán sonando cuando ninguno de los presentes siga aquí.

Lo que sí puede quedar es una cierta curiosidad por saber cómo hubieran sonado ‘Get back’, ‘Across the universe’ o el propio ‘Let it be’ según Glyn Johns.

  1. misretazos

    Toda persona, y más si está expuesta a la fama, tiene sus aciertos y desaciertos, no dudo de las razones que pudiera tener Glyn Johns para sentirse despechado ni tampoco de su capacidad para que aquellos temas inmortales sonasen tal vez de una manera igualmente excelente. Ahora, decir que “Let it be es un montón de basura”, eso sí que me parece el absurdo total, un experto en sonido como él debería saber que hablar así sólo hace dudar de la capacidad de una sola persona para interpretar la música, él mismo.
    En fin, el mundo de los famosos siempre tan complicado, yo, por si acaso, me quedo con ese montón de basura empalagosa porque hasta unos arreglos de Beatles que tengo a versión tango me fascinan cada vez que los oigo.
    Un abrazo y muy agradecida por la entrada. :)

  2. Agus Berrueta

    Gracias, Carlos del Riego, no conocía el libro de Glyn Johns. Siempre es un placer leer tus artículos musicales con los que me siento plenamente identificado en el 99% de las veces, pero en esta ocasión permíteme que haga un par de observaciones, a fuer de la beatlemanía que profeso y que comparto contigo. La primera es que, sin duda, te has dejado llevar por la memoria, esa señora que nos desgobierna a todos, y le adjudicas a Glyn Johns la producción del disco “Abbey Road”, pero no fue así, el productor volvió a ser George Martin y el ingeniero jefe fue Geoff Emerick, que ya había trabajado con ellos desde Revolver, salvo en Let It Be (lo cuenta en su libro “El sonido de los Beatles” 2011). El productor de “Let It Be” empezó siendo George Martin con Glyn Johns como ingeniero de sonido pero, cansado de las tensiones internas del grupo, Martin tiró la toalla y dejó al mando de todo a Johns que se encontró al final con más de 90 horas de grabación y el desinterés de la banda. Efectivamente, John Lennon (con el acuerdo de George Harrison, la indiferencia de Ringo y a espaldas de Paul), le entregó las cintas a Phil Spector y le dio carta blanca, pero nos podemos hacer una idea aproximada de cómo sonaba el disco original porque Paul McCartney, que también repudió desde el principio la postproducción de Spector, consiguió editar en el año 2003 “Let It Be… Naked”, a partir de las pistas originales de Johns, remezcladas por Paul Hicks, Guy Massey y Allan Rouse. Te mando un abrazo y el deseo de que tengamos un buen año musical.

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