Vicente Muñoz: “Este libro es un canto a un pasado, el mío y el de mi generación, que no volverá”

Vicente Muñoz

Vicente Muñoz

El escritor leonés Vicente Muñoz presenta el jueves 5 de marzo, en el Gran Café de León, su último trabajo, “Regresiones”. Un relato autobiográfico, editado por Ediciones Lupercalia, que se sumerge en el espacio de los recuerdos y rescata de la memoria el León subterráneo de los 80 y 90. Cuenta su historia y sobre todo rinde homenaje a una generación. La cita, a partir de las nueve de la noche, contará con la presencia del prologuista Julio César Álvarez, algunos de los autores del epílogo y el directo de “Los tres norteamericanos”.

 Por CAMINO SAYAGO

Dice Vicente Muñoz que ha quedado muy satisfecho con el resultado final de su libro, sobre todo porque habla de cosas cercanas a muchos de su generación. Y sobre todo porque nadie ha contado aún esta historia, la del León subterráneo de los 80. Años intensos de lectura, escritura, de bares, viajes y mucha música. Y de vida, en una ciudad efervescente.

Es lo que narra y retrata con cierta nostalgia esta novela introspectiva, a través de un viaje casi iniciático a las orillas de la infancia y la juventud. Un brindis a un tiempo que ya no va a volver. Mira hacia atrás y recrea escenas, atmósferas, emociones.

Desde Las Lomas, a vista de pájaro, 48 años sobrevolándolas, Vicente Muñoz se desnuda sin artificios. La literatura como excusa para escribir sobre la vida, la vida como desafío para alcanzar la perla. Y como un superviviente, escribe sobre sus propias regresiones, sobre su León quimérico y crepuscular, como una especie de mapa interior: “yo mismo por dentro y mis visiones de niño y recuerdos”.

“Todo ello, pienso, me ha hecho ser lo que soy, narrador y poeta, vende­dor de zapatos, apátrida y soñador. Como el Ying y el Yang. O como la propia vida. Pero sin todo ello, eso está claro, hoy sería alguien distinto y en el fondo no quiero serlo. La ciudad y el campo, el bullicio y la calma, el silencio y el ruido, lo blanco y lo negro, la tierra y el fuego”.

El libro cuenta con un prólogo de Julio César Álvarez y un epílogo con textos de 19 escritores y músicos.

—Alejandro Amenábar acaba de presentar el trailer de su última película “Regresión” y tú haces otro tanto con tus “Regresiones”, vaya coincidencia…

—Pues sí, la verdad, una extraña coincidencia. Supe de la película de Amenábar poco después de dar el libro a imprenta, de hecho hace sólo un par de semanas, aunque llevaba ya cerca de dos años trabajando en él y desde el primer día tuvo ese título, Regresiones, que condensa a la perfección su tono y contenido. No me ha hecho demasiada gracia, pero en cualquier caso, de haberlo sabido antes, tampoco hubiera cambiado el título de mi novela. Es parte de su esencia y lo que le da en el fondo sentido, tal cual yo la concebí, a modo de flashbacks y regresiones.

—Hablemos de esa época frenética y de inicia­ción, 1970-90, y del León subterráneo de entonces. A qué se debe este homenaje, es que ¿no has saldado cuentas?

—Soy un escritor básicamente autobiográfico. En mis libros, y a lo largo de mi trayectoria literaria, he hablado de muchos aspectos y períodos de mi vida, pero no de este en concreto, supongo que porque me faltaba aún perspectiva para poder abordarlo con criterio. Y sí, en cierto modo puede considerarse una deuda pendiente saldada, otra más… Me interesaba mucho escribir sobre el León alternativo o subterráneo de aquel tiempo, que fue el que en realidad viví, no el de los filandones y el folclore y la tradición, sino el de las bandas de rock, el CCAN y el Barrio Húmedo, el de los escritores, los músicos, los bares de noche y los fanzines… Nadie, que yo sepa, había escrito sobre esto una novela, y eso es exactamente lo que me propuse hacer.

—Eres, como dices, un escritor autobiográfico: “lo que me pasa lo cuento, es­cribo sobre la marcha, vivo escribiendo y escribo viviendo”. ¿Cómo se escriben los recuerdos décadas después?

—Como te decía antes, con mayor perspectiva. Me hubiera gustado escribir este libro hace mucho tiempo, estaba ya en mi cabeza, pero han tenido que pasar más de dos décadas para que haya podido hacerlo, lecturas, experiencias, recuerdos…

—Obsesión por lo maldito, llave de plata… ¿Ahí está el origen de tu escritura?

—En parte sí, siempre me han gustado los escritores malditos y todo lo que escribo tiene conexiones con el pasado y la memoria, mucho más aún este libro en concreto. H.P.Lovecraft, uno de los autores que gravita sobre Regresiones, hablaba de una llave de plata que abría la puerta a las ensoñaciones de su infancia, a la capacidad de ensoñar que vamos perdiendo con el paso del tiempo al hacernos adultos. Me parece una metáfora muy acertada y a menudo la he utilizado en este libro, que es, por encima de todo, un canto a un pasado, el mío y el de mi generación, que no volverá.

— ¿La nostalgia es un placer?

—Sin duda. Pero también una condena. Complace y duele en idénticas dosis.

—Narrador y poeta, vende­dor de zapatos, apátrida y soñador. Así te defines en este viaje por tu experiencia.

—Efectivamente. Creo que es una buena definición. Narrador y poeta por encima de todo, es mi forma de ser y estar en la tierra y lo que realmente alimenta mi espíritu. Vendedor de zapatos, porque es de lo que como y vivo (la literatura da, en el mejor de los casos, para merendar, no para comer, al menos a mí). Apátrida, porque me siento ciudadano del mundo, no de aquí ni de allí, sino de todas partes, no soy ni leonesista ni regionalista ni nacionalista ni chauvinista, no me interesan esas etiquetas. Y por encima de todo, sí, soñador: sin sueños, al menos yo, no se puede vivir…

—Cuarenta años después, la sombra de la Casa Botines, tu particular Casa Usher, sigue ahí para decirte que ahí comenzó el misterio con la literatura, a través de tu abuela.

—Sí, afortunadamente sigue ahí. Mis abuelos vivían en un ático de esa casa y una de las habitaciones, el comedor, daba a uno de los torreones góticos del edificio. Me recuerdo de niño allí, asomado a la ventana viendo a la gente pasar e imaginando sus vidas, primeros ensayos de ensoñación… Y cada vez que paso a su lado hoy en día, miro al torreón de mi abuela, quizás con la esperanza de verla asomada allí con una llave de plata en la mano…

—Luego la pasión por la lectura con las historias de superhéroes, el cine de terror que descubriste más tarde… ¿Esa fas­cinación por el horror permanece?

—Por supuesto. Hablo mucho de ello en el libro. Siempre me ha apasionado la literatura y el cine de horror, ya desde niño… No sé por qué exactamente, he intentado descifrarlo escribiendo esta novela, remontándome a mi infancia, y quizás ahora lo tenga un poco más claro. Pero es cierto, siempre me ha fascinado.

—De los cómics y películas setenteras a los relatos de Poe y Lovecraft, de las películas de psicópatas y espiritismo a las de ciencia ficción, ¿Es la pasta en la que te has moldeado?

—Una parte tan solo. La de mi iniciación, digamos. Que luego se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo, alta y baja cultura lo mismo me da, mi escritura es un reflejo de todo lo que he ido viendo y experimentando en mi vida, lecturas, música, estudios, viajes, amores y desamores, etc.

—Por cierto, ¿La Casa del cine Mari continua en tus pesadillas? Ahí nació tu afición por lo diferente y extraño. Como tu parche en el ojo.

—Sí, ahí sigue… Precisamente por ahí arrancó este libro, hablando de esa mansión, la Casa del cine Mari, también llamada Casa de Aguas… Es un recuerdo que tengo grabado en mi memoria a fuego… Aquel caserón siniestro y sombrío, que merodeaba con mis amigos de niño y que tanto me impresionaba. Y el parche en el ojo, debido a mi estrabismo infantil galopante, también… Todo crea sustrato y todo sale tarde o temprano en los libros si eres un escritor autobiográfico.

Edificio Botines

Edificio Botines (del arquitecto Gaudí), en León.

—Lovecraft fue el autor con el que te enganchaste a la lectura, los Mitos de Cthulhu fue tu libro de cabecera y el que te impulsó a escribir tus primeros relatos. Luego el realismo sucio y la literatura beat, Céline, Thomas Bernhard e incluso Carlos Castaneda. ¿Cuáles son las referencias literarias de “Regresiones”?

—Básicamente esas que citas. Los autores del círculo de Lovecraft, por un lado, y la literatura gótica y de horror, que fue la que despertó mi pasión por la literatura, los escritores beat, Kerouac sobre todo, cuya obra gravita siempre sobre la mía, Louis Ferdinand Céline y Thomas Bernhard, siempre presentes, y por supuesto Carlos Castaneda, otro de mis autores de cabecera. También el simbolismo y el decadentismo y muchas otras referencias, pero sobre todo esas que has citado.

—Este relato tiene muchos ecos sonoros, desde las sintonías de las series de televisión que engullías, a las que creaste tú mismo con tus grupos. Literatura y música están unidas en tu educación vital…

—Sin duda alguna. Pero más que nunca en este libro. Me interesaba mucho narrar esa parte de la cultura leonesa, la de las bandas de rock de los ochenta, de la que creo que nadie hasta ahora había escrito, la influencia de Los Cardiacos en nuestra generación, y de grupos como Parálisis Permanente o Gabinete Caligari, entre otros muchos, que fueron decisivos para nuestra formación. Y quería también hablar de Veredicto Final, mi propia banda ochentera, en la que yo tocaba la batería, y de grupos afines de aquel tiempo, Deicidas, Opera Prima, Flechazos, Positivos, Los Vagos, Abogado del diablo, Salamanders, etc, etc.

—Llama la atención un hecho desagradable que rememoras, la leyenda urbana de la descuartizadora del Portillo. Un crimen pasional ocurrido en 1975 que dio mucho que hablar. ¿Tanto te impresionó?

Vive tu memoria y asómbrate”, dijo Jack Kerouac…

—Muchísimo, la verdad. Yo tenía nueve años entonces y aquel crimen dio, efectivamente, mucho que hablar… Recuerdo a mis padres, cada vez que subíamos la cuesta del Portillo y pasábamos por delante de esa casa, hablando estremecidos del tema, del horror de aquel cadáver descuartizado…

—Al ritmo de Los Cardiacos, Los Ramones y Siniestro Total, brotaron amistades especiales que aún mantienes: “Xen”, el poeta Alfonso Xen Rabanal con el que te reencontraste años después en el fanzine “Vinalia Trippers”. Y “Gabi”, el escritor Gabriel Oca con el que también estas muy unido, Esto no son regresiones…

—Sin duda alguna, ahí están ambos dos, siguen presentes. Pero no solo ellos, muchos otros pululan también por el libro, Regresiones es una novela generacional y son muchos los que se dan cita en sus páginas. De hecho, el libro lleva, además de un prólogo de Julio César Álvarez, un epílogo coral con textos de diecinueve músicos y escritores leoneses de mi generación, que sirve de contrapunto a mi narración y experiencia.

—Para Proust era una magdalena. Para ti han sido otras cosas las que han abierto las puertas de tu memoria. De eso habla este libro, dices, ¿qué sientes ahora, una vez finalizado el proceso de escritura?

—Siento que he escrito el libro que quería desde hacía mucho tiempo escribir. Y que he saldado cuentas importantes con mi memoria y recuerdos… Espero que conecte con mi generación, a la que va dirigido, porque habla del León que, a mi lado, muchos otros también vivieron, y no es el que nos habían contado hasta ahora…

—Por último; superviviente, outsider, libre y siempre dúal. Te repites, “es como quiero ser”

—Sí, y así soy. Para lo bueno y para lo malo soy así… No me arrepiento.

Regresiones

Regresiones

Colaboran en el epílogo de “Regresiones”:

CÉSAR FERNÁNDEZ CARNERERO / ANA CAMPE / ALEX COOPER / PACHO RODRÍGUEZ/ GABRIEL OCA FIDALGO / SILVIA D CHICA / JOSÉ BERROT DOMÍNGUEZ / ALICIA ELEKTRA / VICTOR M. DÍEZ / ELOÍSA OTERO / CARLOS ANTONIO SUÁREZ MARCOS (Carlos Luxor, Toñín Capricho, Marquitos) / JOSÉ PAJARES IGLESIAS / FELIPE ZAPICO ALONSO / CARLOS SALCEDO ODKLAS / JUANCHO LÓPEZ / MANOLO POSITIVO / ILDEFONSO RODRÍGUEZ / EKNORFU PALIG (aka TOÑO PEDRADA) / TOÑO BENAVIDES

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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