El “llionés” maravillado de la poesía de Abel Aparicio

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Portada del libro.

Alboradas en los zurrones del pastor
ABEL APARICIO
Marciano Sonoro Ediciones,
San Román de la Vega (León), 2015

Marciano Sonoro es una editorial radicada en San Román de la Vega (León), que ha despuntado recientemente con dos títulos: “AstROCKrga”, un recorrido por la historia de la música moderna en Astorga, y este nuevo libro del poeta leonés Abel Aparicio, ‘Alboradas en los zurrones del pastor’, que aquí comentamos.

Por SAMUEL YEBRA PIMENTEL
astorgaredaccion.com / Contexto global

Si estuviéramos picoteando por Facebook y de pronto viéramos un poema del libro ‘Alboradas en los zurrones del pastor’ de Abel Aparicio, le echaríamos una mirada somera y  le daríamos al ‘me gusta’. Luego, dependiendo de nuestros posicionamientos socio-políticos compartiríamos ese poema o no. Lo cual ya nos dice que es un libro posicionado.

Pero si nos hiciéramos con el libro, veríamos que es más variado de lo que parece. En todo caso si hubiera que adscribir este libro a una corriente poética sería a la de la ‘Línea clara’, cercana a la poesía de la experiencia en su intento de que la comunicación sea inequívoca, pero más alejada de ella en los asuntos que aborda. No cabe duda de que esta manera de concebir el poema renuncia a los modos ‘oscuros’ y de riesgo en los que la poesía aborda el lenguaje (pero esto podría ser otra apariencia).

En ‘Alboradas en los zurrones del pastor’ hay poemas escritos en dos lenguas y el titulado ‘Llingua’ en el cual se dan la mano el Llionés y el Español. A un oído fino, del que presumo tener al menos uno, le suenan de diferente modo los escritos en Llionés.

Jacqueline Authier, al comentar la sabiduría que atesora el lenguaje hablado, menciona la ‘heterogeneidad constitutiva’ del discurso distinguiéndola de la ‘heterogeneidad mostrada’ del mismo -lo que vendrían a ser los reconocimientos prestados de otros discursos u otros escritos: la citación, el entrecomillado, la atribución de autoría etc-. Es ahí, en lo otro constitutivo de donde emerge mucha poesía (Esa Musa que de la nada no viene). Eso que habla en Abel o en la poesía de Abel, lo hace maravilladamente en Llionés. Ahí acaece su hondón del alma, ahí se tientan los escarceos de pájaro nuevín.

El poemario muestra un transitar por la vida al modo de la trashumancia pastoril, una vida que sale en busca del ‘condumio’ sabiendo que ha de volver; no obstante durante la itinerancia acuden los recuerdos de los que dejamos. Los primeros poemas de este libro tratan de esa memoria de la vida rural que se abandona, hay un cierto animismo: “Revoltosos copos de nieve / murmuran a las chimeneas”…”Una rueca y un huso hilan cuentos”; pero también la confrontación de dos modos de vida: “Los mayores insisten / en que no todo es tan sencillo como parece”. (Pag 20)

Así ‘ Filandón’, ‘Humo’, ‘Magostu’, ‘Pies descalzos’, son poemas que cuentan un modo de hacer que pertenece al pasado, no obsta que estos actos puedan recuperarse hoy en día, pero forman parte de lo otro, de aquello que añoramos y ya no es cotidiano nuestro. Es verdad que viene ahí en nuestra contextura y desde ella ejerce su poder. En ‘Humo’, se reclama el valor de esa tradición que impregna hasta los huesos y que hemos perfumado tanto. En ‘Magostu’ (Pag 22), al cambiar de lengua se produce la metamorfosis, como si  el llionés, en la medida en que las lenguas nos hablan, le susurrara a Abel las cosas de un modo distinto, más abismático y profundo. La obertura del poema es visionaria y tiene que ver con la memoria de un pueblo que se asienta en las leyendas. Ahí se hace explícito el tránsito, el cruce de un umbral que lleva al depósito de la memoria. Ya están listos para la recuperación mediante el ritual del magosto el mundo mágico y el reconocimiento a los antepasados. Por viatico, esa pócima que se fragua “sobre llume copulando”.

En ‘La mía casa’ (Pag 26) canta a La Cepeda como afluente del paraíso. En el poema precedente ‘La sencillez’, se propone una forma de ver el río, de ser el río contapuesta a la visión heraclitiana; aquí no se perdería ni gota, ello exige una educación en la memoria diferente a la actual y un ‘Funes’ memorioso capaz de descender o de bañarse de esta manera en el río: ¿El poeta?, ¿él, el Zaratustra? Y entonces acceder al poema por los “sendeiros qu`ayere vestían de camino”. Nada se pierde a esa memoria: los paisajes, las veladas familiares, los ancianos obsequiosos y su fárdela de sabiduría, “La Cepeda afluente del paraíso, la mía casa”.

En el proseguir de este grupo de poemas se da una conciencia herida de que este canto es ya un canto mediador y por ello un canto demediado, “pueblos que son en el recuerdo narrado” (Pag 27), que demandan una sangre nueva para conservar lo que tienen.

El leitmotiv del poemario es el distanciarse del lugar y la nostalgia que genera. Ahonda en la memoria para ir más allá de la memoria biográfica hasta darse de bruces con el ‘Ángel de la historia’: “Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado”.

‘Palabras’ es un poema de inflexión. Luego de haber repasado minuciosamente el territorio de la infancia, reconociendo el valor de cada afecto, de cada entrega, cumple ahora utilizar ese instrumento bien ejercitado de la memoria y aplicárselo a la lengua, mejor dicho al habla. Las palabras son el mejor vehículo para alcanzar aquello reprimido, primero el propio lenguaje y luego lo que este atesore como modo de vida. Es por ello que insista en que la memoria profunda de Abel se halla en los restos de esa lengua de la infancia…

Esa memoria recuperada se irá agrandando a lo largo del poemario, va a ir incorporando temas que adolecen del silencio de aquellas palabras de sus abuelos; silencios que al ir creciendo se vuelven ‘#resistenciamineira’ (Pag 46). Luego cambiaron las tornas y ya no fue tan sencillo, ahora son los abuelos los que no entienden y no cejan de preguntar a sus nietos, sin que tengan respuesta adecuada: así es en ‘Entender o no entender’ (Pag 47) o ‘En el hospital’ (Pag48). ‘Mordaza’ (Pag50) es un poema de declaración de intenciones en el cual ‘el poeta dice la verdad’. Influencias de Blas de Otero en ‘Exercitu de tristes’ (Pag 51), una poesía que hoy se carga de presente.

Recuerdo o parodia de la emigración de los jóvenes, la playa de el Tarajal: una nana a pie de playa para no olvidar la cuenta/cuneta de los muertos; las víctimas de la crisis, las manifestaciones de verde gabán a favor de una educación más igualitaria que la que se proponen ahora. Añadir a estos, varios poemas sobre la ‘Memoria histórica’: ‘Hasta el último’ (Pag 68), ‘Losa’ (Pag 69), ‘Pinceles (en leonés, pag 70), ‘Cunetas (Pag 71) y ‘Siempre la misma historia’ (Pags 72,73).

Recupera el poemario en su avance final, tras una rememoración muy emotiva de la madre en ‘Héroes’ (Pag 79), la vida cotidiana en sus pormenores, el juego de ausencias y presencias de los que se aman y las esperanzas de validar los afectos y proyectos propios en un tono muy personal y biográfico.

‘Por la cañada II’ el último poema del libro, cuenta el regreso del pastor y su rebaño a las “brañas sumergidas en verde”, vuelve cargado ya no solo de alboradas sino también de esa infancia recuperada, de esa memoria que tiene lo diverso para arraigarlo a lo propio, a ese saber profundo de lo originario al que ahora sabrá llegar.

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