Bares y soledades: el Montecarlo

© Fotografía: Agustín Berrueta.

© Fotografía: Agustín Berrueta.

Decimotercera entrega del narrador y profesor universitario leonés, quien colabora en TAM TAM PRESS con una singular sección quincenal de pequeños relatos cuyo título, “Lenta es la luz del amanecer”, quiere ser todo un homenaje al fallecido escritor Antonio Pereira. En cada ocasión, los relatos aparecen ilustrados por el fotógrafo leonés AGUSTÍN BERRUETA.

→ Bares y soledades: el Montecarlo

Por FRANCISCO FLECHA

Tenía un beber obsesivo y concentrado, orgulloso y solitario. Si vas a ver, uno termina bebiendo del mismo modo en que ha vivido. Las malas lenguas, y a su espalda, le llamaban “el Grimaldi” porque iba a recalar cada noche al Montecarlo.

Encorvado en la barra, como quien repasa o corrige las lecciones de Saussure, iba dando feliz cumplimiento a los cubatas, que siempre parecían haber sido menos de los que Eusebio pretendía (polémica sobradamente zanjada por el método de dejarle los vasos vacíos en la barra).

Cuando notaba, sin embargo, que en la cabeza y en el habla se le mezclaban sin remedio los ejes metafóricos y metonímicos de la lengua pedía un taxi y se despedía con un gesto confuso con la mano.

Que un Grimaldi jamás puede permitirse un traspié ni un andar tambaleante.

Sobra decir que, por supuesto, el taxi había sido pagado por Eusebio de antemano.

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