“Extraño Oeste” / Pasión de los fuertes

Los ocho autores sobre la portada del libro (obra de Artur Golart), en un montaje de Rafa Murciego.

Los ocho autores sobre la portada del libro (obra de Artur Golart), en un montaje de Rafa Murciego.

La poeta madrileña Ana Gorría entrevista a los autores de “Extraño Oeste”, un libro de relatos en el que ocho narradores nacidos en los 70 rinden tributo a la tradición literaria del western desde el terror, la fantasía y la ciencia ficción, cada uno con sus obsesiones cinéfilas y literarias. Ellos son Rodrigo Martín Noriega, Israel Gutiérrez Collado, Diego Luis Sanromán, Fernando López Guisado, José Óscar López, Juan Vico, Raúl Herrero Herrero e Iván Humanes.

Por ANA GORRÍA

Ocho vaqueros han llegado a los límites del condado de Nadie, lugar donde ejerzo mi autoridad como sheriff para salvar el desorden y guardar el desconcierto. También el diseñador de los carteles que ofrecen recompensa por sus cabezas se ha acercado a este confín. Los forajidos, en la diligencia de Libros del Innombrable, acaban de hacer público no solo crecepelos mágicos y biblias en sus caravanas sino también ocho relatos. Los ocho magníficos que hoy presentamos desafían no solo las imágenes del pasado sino la actualidad de nuestra forma de pensar la organización de lo sensible. Atenta siempre a los bandoleros que quieren desafiar mis pagos decido sentarme con ellos a charlar sobre sus propósitos, sus intenciones y sus deseos a la hora de relacionarse con esta frontera mientras me convencen de que hay mejores alternativas a la administración de la autoridad del Extraño Oeste. Por ejemplo, el asalto y robo de un tren o irnos con los bailarines y las bailarinas de can can que hay en el Saloon donde nos hemos reunido. 

—”Extraño Oeste” es una miscelánea de relatos en que ocho autores se baten en duelo con uno de los mitos fundacionales de la aventura del siglo XX, el western, para llevar a cabo distintas versiones o “perversiones” del imaginario occidental. ¿De dónde surge el impulso de publicar este libro? ¿Cómo se ha realizado la selección o asociación de los autores que intervienen en este volumen? ¿Cuál es la relación personal y, sentimental, si cabe con las historias de vaqueros?

Raúl Herrero: Sin duda, a tenor del resultado John Ford y John Wayne nos inspiraron en el momento de seleccionar a los autores. Era esencial que los integrantes del proyecto nunca se hubieran enfrentado a este género, a ser posible que ni siquiera se hubieran planteado escribir una historia ambientada, formal o narrativamente, en el mundo del lejano oeste. ¿Alguien en España ha escrito un western con excepción de Manuel Lafuente, José Mallorquí, Silver Kane…? Sí, Camilo José Cela en su Cristo versus Arizona. Ese modelo, muy alejado de lo que alguien esperaría de una novela de pistoleros, era lo que tenía en mente. Si bien, pasado por el filtro de una generación más joven, es decir, fuertemente influenciada por el cómic y el cine… Pero, además, que tuviera presente la serie B, donde todo es posible… En lo que respecta a las historias de vaqueros confieso que dejaron de interesarme en el momento en el que abandoné la infancia. Pero por algún extraño motivo regresaron con fuerza una vez que me instalé en la madurez. Encuentro unos esquemas que poseen una tremenda fuerza. De hecho, espero ofrecer a la imprenta un libro de relatos completo ambientado en el western, en un oeste más clásico que el extraño oeste.

Iván Humanes: La selección fue una cosa sencilla, conocíamos a cada uno de los autores y sabíamos que tenían un estilo personal, marcado, y que no formaban parte de un género determinado, sino que utilizaban todos los elementos culturales, la alta y la “baja” cultura, como aspectos integrantes del mismo proyecto personal y literario. Queríamos que el libro estuviera compuesto por un número limitado de autores para así poder construir una historia que quedara entre el relato largo y la novela corta. Y el resultado ha sido maravilloso. Además todos pertenecemos a la misma generación y hemos convivido, y crecido, con el cómic, las pelis de vaqueros o el terror de los ochenta y los noventa. A eso hay que sumar el reto estético personal. Cada uno de los autores tiene una forma diferente de construir la narración, una estética propia. Y eso es muy importante. En cuanto a mi relación personal con las historias de vaqueros me encuentro muy cerca de pelis que se escapan de lo clásico, como El topo de Jodorowsky, El valle de Gwangi (vaqueros contra dinosaurios) o el Django de Tarantino y el Django japonés de Takashi Miike, también las pelis de ninjas y las de Bruce Lee, que son puro western.

—El libro viene prologado por un ensayo lírico del poeta y narrador Juan Vico en que introduce su formación sentimental, su historia personal como valedora o pararrayos de este libro de relatos. ¿Consideráis que la nostalgia es un posible motor de esta antología de cuentos? Y, en el caso de que lo fuera, nostalgia de qué, hacia qué.

Juan Vico: En realidad es una ficción disfrazada de texto autobiográfico. No puedo evitar vincular mi atracción por cierto tipo de literatura y de cine (popular, de género, llámalo como quieras) con mi «educación sentimental». De ahí el juego que propongo.

—¿Consideráis que el relato de aventuras puede ponerse al servicio del análisis de lo real?

Juan Vico: Sí, por supuesto. La literatura de género puede limitarse a entretener, pero también utilizarse como un molde que el autor es libre de rellenar con propósitos de todo tipo.

Diego Luis Sanromán: Me encanta Stevenson, pero me interesa más la aventura del relato que los relatos de aventuras, si se me permite una inversión hegeliano-debordiana que no sé si tiene demasiado sentido. Contarnos cuentos que se salgan de sus cuentas y que en efecto nos ayuden a “analizar” lo real, esa cosa tan plúmbea. O lo que es lo mismo, a hacerlo pedazos. De eso se trata.

Iván Humanes: El problema de lo real es que no existe. Surge una realidad conformada por los medios, la política, la economía, las convenciones sociales, morales. Así que la ficción es la única forma de hacer explotarla, de mirar a través del espejo y ver todas las posibilidades. La nostalgia es uno de los motores de la ficción. Y en estos relatos hay mucha nostalgia. Memoria, azar y confusión son los postulados del Pánico. Nostalgia por ese mundo de vaqueros, dinosaurios, ninjas, robots y mutantes que disfrutamos cuando pequeños. Ese juego que suele perderse en la seriedad de la literatura. Seriedad que es una farsa, una pose. Así que el relato de aventuras, o el relato donde se juega desde la ficción y con las formas me parece la manera más científica posible de estudiar el maravilloso mundo de las excepciones. Soluciones imaginarias, ya sabes…

Raúl Herrero: Las grandes aventuras siempre suponen un análisis de lo real. En un sentido simbólico las novelas de aventuras, herederas, en parte, de la novela bizantina, proponen un camino iniciático y simbólico. Por otra parte, esas aventuras también pueden vivirse como las de Don Quijote, en lucha constante con lo real, ¿o con lo mediocre?

El imaginario del Western se centra, básicamente, en el conflicto entre civilización y barbarie, lo salvaje y lo domesticado. Sin embargo, la mayoría de los relatos ignoran explícitamente este conflicto, con excepción de Cuffs or Coffins (O te amarran y te matan) o Armas de fuego místico, que trabajan con este motivo desde diversas perspectivas: los mexicanos de Nuevo México o la civilización azteca. O la domesticación en Vacas. También se introduce el concepto de desafío al límite en Kaddath, esta vez a través del concepto de frontera dimensional y de lucha entre pulsión creativa y destrucción. ¿Cuál era vuestra idea del western a la hora de aproximaros a él? ¿Habéis tenido en cuenta este motivo de antagonismo? ¿Qué habéis querido privilegiar en vuestra visión?

Diego Luis Sanromán: Cuffs or Coffins (O te amarran o te matan) se aproxima críticamente a ese conflicto al que haces referencia. Aquí se oye la voz de los que el discurso hegemónico ha marcado como bárbaros y salvajes, esos que balbucean una lengua incomprensible y que violan todas las reglas del decoro y las buenas costumbres cuando se sientan a la mesa. Si es que tienen mesa a la que sentarse. Tal vez mi relato tenga de raro que es el menos raro de los relatos que se incluyen en el volumen. Sin duda hay en él algo de western crepuscular y psicodélico, pero se basa en un pequeño acontecimiento histórico que verdaderamente tuvo lugar: la llamada Revolución de Tierra Amarilla y el posterior encuentro entre los Motherfuckers, que huían de un ambiente hostil en la ciudad de Nueva York, y los miembros de la Alianza de Reies López Tijerina que habían conseguido eludir la cárcel o el manicomio. Quizá los mejicanos del sur de los Estados Unidos sean los grandes olvidados de toda esta historia. Las poblaciones afroamericanas, los nativos norteamericanos han sido capaces de generar un contradiscurso, opuesto a los grandes relatos hegemónicos, y en cierto modo también han logrado hacerse oír, pero tengo la impresión de que la voz de esos amerindios a los que los anglos arrebataron de forma trapacera sus tierras comunales es una voz que ha sido brutalmente silenciada. Por otro lado, tenía unas ganas locas de hablar en una lengua que, aún siendo castellano, no es mi propia lengua…

Rodrigo Martín Noriega: Para mí el western es la mitología estadounidense, la epopeya que explica y justifica parte de su carácter como nación. Y esa es la idea que quería explorar, la violencia como elemento fundacional del Oeste, sus consecuencias, cómo eso ha impregnado de alguna manera toda su historia.

Israel Gutiérrez Collado: No en mi caso porque entonces el tono se me hubiera ido particularmente a lo clásico y por tanto la historia tendría que tomar un hilo serio donde sería mucho más difícil introducir el surrealismo o el cine negro, ni que decir ya de los aliens, cyborgs o enanos, casi imposible, pienso, y el objetivo no era lo convencional. Y en lo segundo, The Kid, bueno, es un goonie, un niño que quiere crecer antes de tiempo y que ve todo el terrible mundo que lo rodea como una “película del Oeste”. Toda la barbarie se encuentra en toda esa cantidad de gente y de forajidos que pierde el juicio por el oro, en este relato los indios y los aliens son los civilizados. Mi visión es como la de cualquier otro que cuando fue niño/ a flipó con lo que estaba viviendo.

Fernando López Guisado: Por mi parte he tratado de realizar un relato de frontera, donde todo resulta un conflicto, como el sometimiento, el amor imposible, la mente, la pasión y, en definitiva, la propia poesía que no nos deja sino una amalgama de los contrarios. Me interesa mucho el control de las masas por medio de la tecnología y la liberación de ese aprisionamiento por acción del Arte (así, con mayúscula). De todos modos, la mayor frontera y, por ende, el mayor de los dilemas, se encuentra en nosotros mismos: la lucha por la felicidad que se logra al descubrir nuestra propia identidad, qué somos según nosotros, cosa que difiere mucho de aquello que los otros dicen que somos.

—¿Qué significa para vosotros la frontera? ¿Por qué instalaros en ese espacio literario, genérico y vital?

José Óscar López: La frontera supone permanecer siempre en guardia, a la vez que entrar en contacto con lo extraño, lo ajeno, aquello que te hace crecer y te enriquece. Yo he querido llevar esa frontera a la era espacial como telón de fondo, en mi relato, porque creo que es la siguiente gran frontera, el próximo viaje del ser humano. El sistema solar es el próximo Mediterráneo, el nuevo océano Atlántico a surcar. Pero esto solo es el telón de fondo, la promesa de un futuro que no se cumple todavía para muchos. En mi relato los que están jodidos de verdad, es decir los protagonistas, aún no pueden acceder a ese mar rico de intercambio y de civilización; en el planeta Tierra las guerras y la miseria convierten esa frontera en una aventura interior, una alquimia que busca la transmutación en oro en el plano espiritual. El dolor de ser humanos, esa es la frontera que llevamos siempre a cuestas con nosotros. He querido trasladar la búsqueda de la Tierra Prometida, así como la violencia o la fiebre del oro, inherentes al género del western, a una lucha interior y una comprensión de los propios límites, para ir más allá. Pero siempre dentro de la aventura, del suspense y de lo excitante; hacer literatura sin olvidar las bases primordiales del género, si tratas de hacer género: la emoción del entretenimiento puro.

Juan Vico: La mayor parte de la literatura que me interesa es fronteriza, como autor y como lector. Las zonas compartidas por la narrativa y el ensayo, por ejemplo. La mezcla de géneros. Apostar por ese espacio, como tú lo llamas, es optar por la flexibilidad. No hay nada menos rígido, en término creativos, que una frontera, ya que empieza y acaba donde nosotros queramos.

—¿Existe un hilo de unión en el Extraño Oeste a la hora de producir los relatos? Y, si así fuera, ¿cuál sería? Y por otro lado, ¿cabe esperar diversidad de vuestro Extraño Oeste?

Raúl Herrero: En Extraño Oeste, en mi opinión, se concentran ocho oestes extraños. Y también existen grados de “extrañeza” o de “rareza” en las propuestas de los diversos autores. El nexo de unión entre ellos son, evidentemente, las coordenadas del Western en sus múltiples estilos y propuestas: ganaderos, pistoleros, indios, llanuras, minas, héroes que poseen una aureola de malditismo, dudas morales… Todo ello se encuentra presente en el libro. No olvidemos que existe el Spaguetti Western, el Western de John Ford, el Western que se disfraza de ciencia-ficción, el Western llamado psicológico, como el de la película El Zurdo, Arthur Penn, el Western crepuscular, el Western místico (El topo, de Jodorowsy, ya mencionado antes…), el Western cómico (Terence y Bud, pero también los hermanos Marx o Buster Keaton)… Todos ellos planean en nuestro libro.

Israel Gutiérrez Collado: Bueno, a la hora de escoger el personaje principal pensé en Regreso al Futuro III y me acordé de las muchas veces que la había visto con mi madre en el sofá. Pensé en como disfrutábamos todas estas pelis ochenteras que nos traía mi padre del videoclub. Así que, pensé en el Israel pequeño, en todo lo que viví, y me dije: ¿Por qué no coger al Israel pequeño y ponerlo en el Oeste? Y eso hice, The Kid lo flipa en colores con los forajidos como yo lo flipaba con Star Wars. Él tiene a Ringo como yo tuve a Harrison Ford. Eso sí, sus padres y su abuelo nada tienen que ver con los míos. Es más bien todo lo contrario, mi padre no se arruga ante nada. La diversidad siempre, intento ser en todo momento un cazador de sueños, soy de pelis de ciento ochenta minutos, libros de 500 páginas y series de muchos capítulos. Me encanta la diversidad porque es lo que traen los mundos.

—Ciencia ficción en Vacas, Novela gótica en Kadath y hermetismo en La Ceremonia de Anubis, Cuento de suspense en Padres, Steampunk en Armas de fuego místico o Ringo Star, un artefacto incendiario en el Cuffs or Coffins (o te amarran o te matan), todas las miradas son laterales para un relato considerado canónicamente lateral y de masas. Y sin embargo, también, considerado parte de la tradición épica contemporánea, como epopeya. ¿Por qué mirar desde un lado la memoria popular o la figura del héroe, en este caso, el vaquero? ¿Con qué dialoga o quiere dialogar la frontera de Extraño Oeste?

Fernando López Guisado: Creo que el género del Oeste, precisamente por su gran carga popular que, no obstante, viene con unos límites de contenido muy difusos, resulta la pradera perfecta para adentrarse a perseguir las propias obsesiones. También es muy permeable, muy agradecido a la mezcla con otros ambientes como el terror o la ciencia ficción, precisamente por esa impronta que ha dejado en el imaginario popular, que tiene mucho de romántica, de conflicto con lo imposible. Se adapta con gusto y el proceso, así como el resultado, es muy divertido. Aparte, su herencia cinematográfica ha conseguido que se generen todo un campo experimental. Los siete magníficos es una versión de Los siete samurái, han quedado clásicos imprescindibles como El hombre que mató a Liberty Valance o Johnny Guitar, sin olvidar a otros detestados (y adorados por un servidor) como Vampiros de John Carpenter o La leyenda de la Ciudad sin Nombre. Quizá yo me preguntaría ¿con qué no podría dialogar el género del Far West? El cowboy está por todas partes…

José Óscar López: Todos dialogamos con el género en sus distintas manifestaciones, sumándole nuestras obsesiones, nuestros estilos y temas. Veo los distintos géneros como juguetes con los que se nos ha permitido jugar, y creo que se nota lo que hemos disfrutado haciéndonos con ellos y mezclando las piezas del western con las del terror, la ci-fi o la fantasía con total libertad, con cierto gamberrismo, incluso. Hay todo un universo de referentes en torno al western, sea en un buen puñado de obras maestras o en el de la cultura popular, el de los libritos de kiosco, y nosotros los hemos llevado a nuestro terreno, así como al de los otros géneros citados; así que las fronteras son múltiples, mutantes, excitantes. A mí esta mezcla me hacía tener muy presente los cómics, con esa libertad y esa falta de prejuicios, a la hora de mezclar para narrar, de la que suelen hacer gala las manifestaciones de la cultura popular, de la cultura de derribo, la cultura basura, incluso –esos cómics que nuestras madres acababan tirando, en cuanto nos descuidábamos, literalmente a la basura.

Diego Luis Sanromán: La frontera como metáfora me parece algo esencial en mi forma de abordar la escritura. La frontera es un espacio de imprecisión, poblado por criaturas híbridas, anómico, salvaje: el territorio de lo posible, de lo que está por hacer. Pero también es el lugar donde habita el peligro: cuando las fronteras se fijan aparecen los guardias de fronteras y todo se va al carajo.

En cuanto a la cuestión del héroe… Quizá el western sea uno de los últimos reductos que le queda a la figura heroica, no sé. Releyendo lo que he hecho, me doy cuenta de que sin yo pretenderlo me ha salido una especie de relato épico. Joaquín es una suerte de Homero que narra las hazañas de su encolerizado Aquiles, Reies López Tijerina, un tipo que por cierto se cree investido de una misión divina.

—La obra también baraja muchos lenguajes distintos, desde la introducción de los poemas en Vacas, a la escritura casidiarística de que nos remite a Borroughs, por ejemplo en Cuffs or Cufffins (O te amarran o te matan). ¿Cómo os habéis enfrentado a la escritura de este proyecto?

Rodrigo Martín Noriega: En mi caso quería jugar con el lenguaje, lograr un estilo pulp, lleno de frases lapidarias y personajes arquetípicos, pero sin distancia ni ironía. Y una vez logrado eso, mezclarlo con el lenguaje o las formas de la ciencia ficción o el terror. Es decir, quería jugar con los géneros en el contenido pero también en la forma. Y repito, lo fundamental era tomarme en serio el juego, no ser condescendiente.

Fernando López Guisado: Quería un aluvión narrativo abierto y poliédrico para lo que podría haber sido una gran nouvelle que, por fondo y forma, no tuviera miedo de retarse a duelo a Colt .45 con cualquiera, ya fuese la vanguardia o las viejas novelas de a duro de los quioscos. Traté de cuidar hasta el más mínimo detalle pero me divertía tanto que me permití licencias como ese ambiente a lo Verhoeven con la publicidad machacona o el toque camp de algunos adjetivos. Me dejé poseer por mis obsesiones cinéfilas y literarias. Grandes autores, como Ramón Hernández por citar uno reciente, han introducido poemas en su novelística homenajeando esa famosa sentencia, muy digna del Oeste americano, «vuelve el novelista a la poesía como el perro vuelve a su vómito». Por otra parte, necesitaba aportar mi propia perspectiva del zombi, así que decidí volver al concepto original con el pasapuré del moderno: vudú al servicio de la tecnología.

Israel Gutiérrez Collado: Según lo que se quería lograr. Se me dieron unas directrices y a partir de ahí a tejer para obtener el tono. Luego ya, como siempre, el tono, clave para crear el realismo y la empatía. Precisión de cirujano con esto y sin prisa pero sin pausa.

—A lo largo de todo el libro, apenas aparecen representadas mujeres como heroínas con excepción de la Andreida protagonista de Vacas o las Motherfuckers en Cuffs…y como antagonistas de la heroicidad en Kadath, en la figura de Sarah, la bestia lovecraftiana. ¿Qué ha pasado con las vaqueras en Extraño Oeste? ¿Dónde están Calamity Jane, Annie Oakley o Belle Starr? ¿Las habéis ganado en duelo? ¿No os ajuntan porque sois unos sosos que no queréis bailar cancan? ¿Se han marchado al espacio exterior porque los extraterrestres son más guapos? ¿Qué narradoras de la actualidad podrían ser vuestras colegas en la conquista del Extraño Oeste?

Raúl Herrero: En todos los relatos aparece alguna mujer, lo que ya es un logro, sobre todo si tenemos en cuenta el papel mínimo y casi insignificante que cumplía lo femenino en las historias de vaqueros. De hecho, John Ford aseguraba que lo único que se conseguía al incluir una mujer en una película del oeste era ralentizar la acción. En Extraño Oeste los personajes femeninos, si mal no recuerdo, desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de los relatos. Nos hubiera gustado que alguna autora hubiera aceptado nuestra propuesta, pero, al parecer, todas estaban ocupadas bailando con otros. A modo de curiosidad cabe mencionar que tras la publicación del libro algunas autoras, que no conocían el proyecto, han manifestado que les hubiera gustado participar.

Iván Humanes: Que se hayan marchado porque los extraterrestres sean más guapos es lo más probable… Me consta que se propuso a alguna mujer la participación. No obstante, yo entendería este libro como una reunión de colegas en la barra de un bar hablando del proyecto, y en la que, de repente, se dan cuenta y dicen: «¿Tíos, dónde están las chicas?» Como una especie de ensueño nerd en el que seguro que más de uno de nosotros ha estado… Y la primera vez que, al menos, la mitad de los vaqueros de Extraño Oeste actuaron juntos fue en el especial que la revista Quimera dedicó a H. P. Lovecraft, para entonces ya nos encontrábamos en la gestación del libro y fue una ocasión óptima para perpetrar nuestro primer asalto al tren del oro (la Universidad de Nebrija, tengo que decirlo, se interesó por el especial y fue recomendado entonces). Y que no participe ninguna mujer no pertenece a ninguna norma establecida, ni mucho menos. ¿Quiénes podrían haber participado o participarán en un Extraño Oeste 2? Mira, se me ocurren muchas. Por ejemplo, tú misma. Me gustaría también leer una historia del Oeste escrita también por Laia López Manrique. O por Miriam Reyes. O por Lola Nieto. ¿Por qué no? En cuanto a narradoras puras, pues Marina Perezagua o Claudia Apablaza. Y me quedan dos para hacer otro volumen. Flor Canosa, ganadora del Premio Equis de novela sería otra fantástica opción. También Andrea Jeftanovic. O Montserrat Galícia. Seguiría, pero habría que pensar en un tercer libro y tenemos que dar salida a este primero… Por cierto, Salvador Luis también es parte de este proyecto, era uno de los vaqueros pero su Shogun inflamable que ha publicado en este 2015 no le dejó el tiempo suficiente para hacer una historia tan larga. En la próxima. Y Salvador también nos da los nombres de Raquel Castro, Natalia Mardero, Samanta Schweblin o Guadalupe Nettel, imagínate las posibilidades… Y sí, nosotros bailamos cancan, pero en la intimidad, siempre nos ha gustado llevar lencería fina.

—La portada de Artur Golart es estupenda y parece que se instala en la lógica vintage o revival del libro, sosteniendo el concepto de lateralidad en el concepto de zombi. Sin embargo, a priori, si no se ha leído el libro puede despistar respecto a su contenido y, una vez leído, cuesta encontrar una relación explícita entre la portada y el contenido. ¿Cuál es el sentido de que aparezca una vaquera con una teta fuera en la portada?

Artur Golart: Sin querer robar ni un ápice de protagonismo a mis compañeros escritores, yo me considero un vaquero más en esta historia. Aunque ellos eran los auténticos pistoleros (así se hacían llamar), desde que entre a formar parte del proyecto me sentí uno más y por lo tanto mi portada no es un complemento a sus historias sino mi visión personal del Extraño Oeste. La ilustración transcurre en paralelo a la creación de los relatos y mi único límite a la hora de crear fueron las medidas. Es cierto que en un principio busqué asesoramiento en mi buen amigo Iván Humanes, que juntamente con Raúl Herrero me dieron unas pinceladas de lo que esperaban de mí. ¿Por qué una cowgirl? ¿Por qué una teta fuera? No recuerdo exactamente en qué momento surgen estas ideas, pero lo cierto es que tras visionar decenas de portadas de Marcial La Fuente Estefanía, una cosa estaba clara, allí solo había hombres con sus  grandes revólveres a lomos de sus caballos y nosotros éramos distintos. ¿Qué tendría de extraño un dibujo de un vaquero de unos cuarenta años con bigote? Nada. Por eso una mujer. Lo del pecho fuera es una licencia que nos tomamos con la intención de llamar la atención del futuro lector o lectora. ¿Es una provocación? No lo creo. Aunque no es habitual ver un seno en la cubierta de un libro y sabíamos que en algún momento daría que hablar. A mí particularmente como ilustrador, me pareció una idea genial ya que le imprimía muchísima fuerza y carácter a nuestra verde amazona, que pude presentar en actitud más desafiante si cabe. Yo no tengo varias páginas para contar un relato y de cuantos más elementos me pueda servir a la hora de crear, más sentido tiene todo. El resto vino rodado, cómics, series, películas, libros, me ayudaron a dotar a mi protagonista medio muerta de esa estética retrofuturística, que a cada lector de nuestro libro le permitirá, espero, crear una pequeña historia antes de adentrase en el auténtico Extraño Oeste.

— ¿Cuál es el lector ideal de vuestro libro? ¿Qué preferís, indias arapohes o vaqueros?

Fernando López Guisado: Mi lector ideal es cualquiera, pero supongo que tenía en mente a Ray Bradbury, Phillip K. Dick o Asimov. Me encantaría que lo leyese algún poeta, si no le quema en las manos o me corta la cabellera. No obstante, es un relato de Amor imposible, de recuerdos precedidos por una cita de Sánchez Rosillo, de anhelos y sometimiento, de rebeldía. Yo quiero que me lean, ante todo, las mujeres. Es un homenaje a ellas.

Israel Gutiérrez Collado: Lee van Cleef. Todo iba bien entre Harrison y yo hasta que apareció él. Antes tenía predilección por los apaches pero primero Lee y luego el Predicador, el definitivo, (Eastwood en el Jinete Pálido) que remató con Sin Perdón, de rodillas, y ya… Se acabó Toro Sentado. Estoy convencido de que puede captar a cualquier lector por la diversidad de los relatos. El que me toca a mí particularmente es para todo ese tipo de personas a las que les gusta Tarantino, el surrealismo, el Spaguetti Western, El baile de los Vampiros, La Momia… Que es la mezcla de todo el humor con el cine negro con diálogos enrevesados, la crueldad del Oeste, también todo el tema de la infancia, lo maternal, ese extraño abuelo y sus consejos sacando los pies de tiesto…

—¿Qué cambiaríais o mejoraríais en una segunda edición del libro? ¿Cómo os sentís después de esta fiesta vaquera en el Saloon de Libros del Innombrable?

Raúl Herrero: Siempre existen grandes o pequeños detalles técnicos que pueden ser susceptibles de mejorarse. Pero, en este caso, tal vez apenas existan. Una nueva edición siempre ofrece la posibilidad de revisar de nuevo los textos, pero eso también puede introducirte en una espiral de pólvora y locura. Personalmente encuentro que el libro ha cumplido con los objetivos: la mezcla de ambientes desde el western, una escritura de cierto nivel, al tiempo que un volumen del que pueden disfrutar lectores más exigentes y otros que deseen pasar el rato. Tengo para mí que tardará mucho en verse un volumen tan original, al tiempo que “raro”, como este Extraño Oeste.

—¿Hay vida más allá del Extraño Oeste?

José Óscar López: Trabajo despacio y sin prisa, pero sin pausa, en una novela que aún no sé si será extensa o breve, o si acabará en el limbo de los documentos eliminados del disco duro. Y, por supuesto, mi máquina de disparar y yo nos sumaríamos gustosos a una nueva incursión en territorio apache tan apetecible como esta.

Diego Luis Sanromán: Claro, ahora habrá que dirigirse hacia Oriente. La tentación de Oriente. El caso es no parar quietos…

Rodrigo Martín Noriega: Quiero creer que hemos venido para quedarnos, que esto puede ser un proyecto con continuación, con futuras antologías sobre vampiros, detectives, zombies, lo que sea. El cielo es el límite.

Fernando López Guisado: Me muero por una nueva colaboración con estos compañeros en cualquier idea loca bajo el sello de Libros del Innombrable. A mí me han conquistado y me ha servido para superar una dura etapa personal. Sólo puedo estar orgulloso y muy agradecido. Lo que me pidan…

Raúl Herrero: Sigo trabajando y revisando viejos y nuevos proyectos. Entre ellos se encuentran dos que tienen que ver con el Western. Ojalá alguno alcance el puerto. En lo que respecta a Extraño Oeste creo que puede resultar interesante como preludio a futuros libros colectivos tal como lo expresa Rodrigo Martín.

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