Sharon Olds. El poder de la transgresión

3-sharon-por-vic
Sharon Olds durante su visita a León para recoger el XV Premio Leteo. © Fotografía: Vicente García.

La poeta estadounidense Sharon Olds, Premio Pulitzer 2013, visitó León los días 19 y 20 de diciembre de 2015  para recoger el XV Premio Leteo que concede una asociación de jóvenes escritores y amantes de la literatura. Durante uno de los encuentros que mantuvo con los lectores en el MUSAC, la poeta y editora Rosa Lentini —una de las traductoras de Olds al español— leyó esta conferencia que reproducimos, y que lleva el título de “Sharon Olds recepción en España. El poder de la transgresión”.

Por ROSA LENTINI

suspendida en el aire; mirar, mirar, mirar,

(…) contemplando la Tierra, como si contemplarla

fuera mi forma personal de tener alma.
Sharon Olds

Nacida en 1942 en San Francisco y educada, según sus propias palabras, en «las llamas del infierno calvinista», Sharon Olds, tras haber luchado durante los largos años de estudio por emular a los poetas mayores, publicó su primer poemario a la edad tardía de treinta y siete años. Según la leyenda que ella misma ha difundido,  después de graduarse en Stanford y tras acabar el doctorado en la Universidad de Columbia, sentada en la escalera del edificio y con el título universitario ya en su mochila, cerró un trato con el Satán de El paraíso perdido de Milton. En ese trato, Old, renunciaba a todo lo que había aprendido en sus años universitarios, a cambio de poder escribir poemas verdaderamente personales. El resultado del pacto fue Satán dice, publicado en los Estados Unidos en 1980 y que ganó el inaugural San Francisco Poetry Center.

En España, ya en 1991, salió publicada la antología Siete poetas norteamericanas actuales (1), con poemas de May Swenson, Denise Levertov, Maxine Kumin, Adrienne Rich, Linda Pastan, Lucille Clifton y Carolyn Forché, que una compañera de clase de traducción del Instituto de Estudios Norteamericanos Susan Schreibman me había propuesto que tradujera con ella para la revista Hora de Poesía, que editaba mi padre y que por entonces dirigíamos con mi marido Ricardo Cano Gaviria. Tras la publicación del dossier, decidimos ampliarlo y convertirlo en libro. Dos años más tarde, en 1993, Noël Valis tradujo el volumen Las conjuradoras (2), cuya antología inauguraba Sharon Olds.  Me hice enseguida con el volumen en el que se incluían además, entre otras, a Tess Gallagher, a Maura Stanton, o a Alane Rollings, en ambas antologías había poemas de Carolyn Forché, pero yo lamenté tan profundamente no haber incluido en la nuestra a Olds, que al abrir en Igitur la colección de poesía contemporánea, titulada De Umbral en Umbral como el título del primer poemario de Paul Celan, decidimos, esta vez en traducción de Ricardo y mía, inaugurarla precisamente con Satán dice.

Lo primero que cabe destacar de ambas antologías y de otras  posteriores, es que todas reflejan la emergencia de poetas mujeres de calidad en Estados Unidos que surgen y que publican a partir de los años 60 y que vienen a cambiar indiscutiblemente el panorama de la actual poesía en el mundo.

Pero volvamos a Sharon Olds, ¿qué particularidades encontramos en su obra? La versión castellana de su primer libro, que reúne ya todo lo que será su posterior poesía, Satán dice, fue publicada por nuestra editorial (3), se trata de un primer libro atípico que aborda resueltamente los temas físico-eróticos. Es descarnado, irónico, desmitificador, y al mismo tiempo extraordinariamente sexual, tierno, inteligente y solidario. Satán dice, transgrede los silencios socialmente impuestos, y trata, según la estudiosa de la poesía emergente femenina en Norteamérica, Alicia Ostriker, de “la erótica del amor y el dolor familiar” (4).  Incapaz de poner fin a los sufrimientos familiares, la hablante, en vez de caer en el narcisismo y victimismo de los poetas confesionales, se hace cronista de lo que ocurre. Se trata pues de «ofrecer testimonio», de ser observador y testigo activo a través de la palabra. El poema de Olds se desarrolla como si de un ojo indagador se tratase, una cámara al hombro que la autora porta encaminando al lector hasta el final que le interesa  y  cambiando a menudo de dirección en la mitad del poema. Llega por tanto a una especie de revelación final, siempre sorpresiva, a esa «revelación del amor» de su primer poema, el que da título al libro, y que es, a su vez, una poética y una declaración de intenciones.

La observación de Olds instalada desde un lugar situado «un poco más allá del marco», y el convertirse en testimonio de lo que sucede –un testimonio muchas veces no deseado– proviene de otra poeta, de Adrienne Rich, que fue la primera en confesar que le costó menos hacer buenos poemas que situarse a sí misma como mujer, blanca además, que vive en la nación más poderosa de la tierra y que todo eso tiene sus consecuencias.

Y esto tiene que ver con la observación, hay que ser testigo porque hay una historia que contar, sea esta política, social, familiar o amorosa.

Satán dice trata igualmente de atreverse a verbalizar los temas hasta ahora considerados tabú, entre ellos las relaciones paterno-filiales plasmadas descarnadamente donde muchas veces los cuerpos de padres e hijos son impúdicamente erotizados, descritos hasta el detalle. Uno de sus temas recurrentes y también más polémico de su poesía es el del incesto y de la atracción entre padres e hijos.

A pesar de ciertas semejanzas de temática de dolor familiar y de perspectiva con algunas poetas confesionales como Plath y Sexton, su forma de privilegiar el cuerpo y la compasión que lleva a un terreno casi universal evitan el victimismo, la angustia y la rabia de las anteriores poetas.

Ya desde Satán dice Sharon Olds ha explorado los límites de la poesía a base de intentar responder las siguientes preguntas: ¿Existe algo sobre lo que no se deba o no se pueda escribir en un poema? o la variante ¿Sobre qué no se ha escrito nunca en un poema? y: ¿Cuál es el empleo, la función u oficio de la poesía en la sociedad? ¿Para quién se escribe (para los muertos, los no nacidos, la mujer delante de uno en la cola del supermercado)? Este afán de novedad la ha llevado a tocar temas extremos como los funerales de ratas o el delito urbano; pero donde Olds encuentra su verdadera esencia es en los poemas sexuales, un buen puñado de los cuales son de los mejores de toda su producción poética.

La sacralización de la materia, del cuerpo sexual y de su capacidad de procreación, es a veces explícita y a veces velada. En un poema de su cuarto poemario El padre, (5) un libro unitario que es testimonio del lento apagamiento del padre a lo largo de sus últimos nueve años de vida, declara: «El morir de mi padre no es malo/ no es bueno ni malo, / está más allá del mundo moral. (…) no hay sino placer y dolor. He aquí/ el mundo que habita el sexo, el mundo/ de los nervios, el mundo sin iglesia». Es decir, la materia misma anula las consideraciones morales. En todo ello hay un intenso deseo de convertirse en el otro, en lo otro. El yo de Olds nunca se representa aislado sino siempre unido a la memoria y a la contemplación de los demás.  No es tanto la permanencia lo que se busca con ello, sino la vastedad; de ahí el tema reiterado y reiterado de la procreación, como en el poema que cierra Satán dice titulado «Oración» y unido, en este caso, al acto de la concepción. Así como la pérdida forma parte del viaje de la vida, en la materialidad el tiempo se transforma en relaciones interpersonales. El tiempo se convierte en los otros en el yo, o bien el yo en los otros. Por tanto el tradicional «transcurso en el yo», se sustituye por el cambio experimentado en los roles familiares; por ejemplo el rol de la madre pasa de ser  protagonista a subordinado («De nuevo otro bebé para ocupar su lugar,/ y ahora es de nuevo una dama de honor/ antes que una reina. De la casa de su madre/ ha caído a la de su hija.») En cambio el de la hija se invierte, hasta que vuelve a un rol subordinado al hacerse mayores los hijos. La cronista del pasado lo es también del futuro: la custodia de los hijos, su desarrollo y también su aprendizaje de la muerte.

Las manos de Sharon Olds. © Fotografía: Eloísa Otero.
Las manos de Sharon Olds. © Fotografía: Eloísa Otero.

Pero Olds también trabaja los temas políticos. De 2006 es Los muertos y los vivos (6),  dividido en poemas sobre imágenes muy conocidas como el que abre el libro sobre la crucifixión de Cristo o la muerte por hambre de una niña africana, con su cuerpo a punto de crear sus primeros óvulos y también poemas relacionados con la familia. Lo histórico y lo biológico unidos expresan un caracter maternal, donde todo es inclusivo, todo importa, así todo cabe dentro de un poema.

Cuando trata el tema del holocausto, profundiza en esa rara línea divisoria y casi invisible entre la muerte y la supervivencia; lo que sobrevive lo hace aferrándose a la materia. La materia será por tanto el equivalente a una tabla de salvación en medio de un naufragio. Pero también existe una nostalgia del principio de la materia sexual, que no es la del seno materno, sino la de la célula, la del germen, la del semen que aparece en su libro La celdilla de oro, (a punto der ser editado esta próxima primavera) donde la palabra cell es a la vez célula y celda. En el poema Satán Dice, uno de los mejores de su producción poética, la caja de cedro simboliza la célula original del nacimiento de la hablante y la «celda afectiva y física que constituía para ella la casa de sus padres» nos dice Noël Valis y continúa «Olds comunica su angustia –y hasta cierto punto la exorcisa– empleando el arma afectiva y psicológica de las palabras prohibidas de la sexualidad aplicada a sus padres» (7). Un recurso estilístico que, al reducir el sujeto increpado a un fragmento sinecdóquico de sí mismo, lo vuelve menos peligroso.

Otra de las imágenes recurrentes establece una clara relación entre el sexo y el hambre o la sed –el sexo como comida, alimento y el esperma como leche, bebida–, todo minuciosamente descrito. Pues Olds reclama para sí el poder de describir su propio cuerpo, incluso con imágenes o palabras consideradas “sucias”, pero, asimismo, con una deliciosa y voluptuosa arrogancia, usurpa igualmente el rol descriptivo, que hasta ahora se mantenía en un terreno estrictamente masculino.

Otro de sus libros unitarios, que va a ser pronto traducido al castellano es Stag’s Leap (2012), que vendría a traducirse por El salto del ciervo, ganador del premio Pulitzer en 2013, donde recoge en una serie de 49 poemas, seleccionada entre centenares de poemas escritos a lo largo de ese año crítico, el abandono de su marido con quien llevaba casada 30 años, por otra mujer.

En cuanto a la forma, los poemas de Olds sugieren la desnudez física mediante un estilo «desnudado» que alcanza rechazando el estilo elevado, la división en estrofas o la integridad del verso, el cual se desarrolla con numerosos encabalgamientos que rompen su fluir, a manera de un renglón de prosa que se interrumpe casualmente al margen de la página.

Gracias a este lenguaje directo, a las asombrosas imágenes y a la temática abiertamente sexual, muchos críticos han tildado su obra de valiente, atrevida y sobre todo liberadora.

Existe una polémica que se ha dado especialmente a partir de los poetas confesionales, aunque Olds se desgaja claramente como ya hemos dicho de esta corriente, una polémica sobre la primera persona, acerca de si hay demasiado yo en los poemas de un autor; tras leer a Olds habría que preguntarse en cambio si efectivamente hay un exceso del yo o más bien la autora bucea todo lo que puede en ese yo para así trascenderlo, lo que lo convierte en una experiencia universal, en algo compartido. Y que nos remite a la idea de “cavar” en el yo, que ya proponía Paul Celan como la única fórmula para el poeta, indagar en uno, como el árbol clava las raíces en la tierra para poder crecer.

Sharon Olds nos recuerda que vivimos un tiempo literario obsesionado por la narración personal a la vez que muy confundido acerca de sus reglas. Puesto que la poesía sirve para cantar a los y lo que amamos, así como para mostrarnos lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Aunque no se trata de trasladar la historial personal a la página sino de utilizar la máscara de la poesía para conseguir hacer poemas verdaderamente personales. Porque hay un marco personal y hay un marco imaginativo solo “aparentemente” personal donde no hay fronteras entre la identidad biográfica y la construcción literaria.

Hay otra leyenda, esta la ha escrito en un poema otra poeta norteamericana, Linda Pastan, que concede al poeta un plazo de 15 años, sin embargo Olds, afortunadamente para sus lectores, ya ha conseguido duplicar ese lapso de tiempo.

Otra de las grandes poetas norteamericanas vivas, Tess Gallagher, nos habla de la incerteza, es ella, dice, la que conduce a la exploración, a la articulación de los temores, a la pérdida del tipo de confianza que nos da respuestas demasiado prontas o demasiado superficiales. Porque la poesía restaura la capacidad de devenir, de lo perdido en el pasado y de lo que está por suceder, que el yo moderno está perdiendo dramáticamente.

Porque no nos confundamos, a pesar de la transgresión de Olds, hay mucho dolor en su poesía, pero un dolor exorcisado mediante fórmulas de distanciamiento:

–La ironía, que controla y refrena la pasión desmesurada pero que no disminuye los elementos irracionales o surreales

–La mirada desde la óptica del testigo que narra con descripciones objetivas, exentas de esa cascada de sentimientos de las poetas confesionales.

-La alternancia de palabras de precisión extrema que sacuden la sensibilidad del lector, con renglones aparentemente más superficiales.

–El contar una historia sea social, política o familiar, desde la casi narración

–Trocear o desmembrar el sujeto u objeto mirado para así poderlo abarcar y desmifiticarlo, porque al detallar las partes corporales convierte al sujeto en una parte sinecdótica de sí mismo a la vez que lo sexual desvía la concentración de las palabras excesivamente dolorosas.

–Y por encima de todo profundizar, llevar más allá el poema, al modo de sesiones de psicoanálisis abiertas donde el lector hace las veces de oyente-terapeuta.

En definitiva todo ello implica una búsqueda del poder que otorgan las palabras para conjurar el dolor, para crecer como persona y como poeta.

Qué duda cabe que Olds con su poder transgresor ha ensanchado el territorio de la poesía de nuestra época y que por esta razón hoy es considerada una de las mejores poetas dentro y fuera de su país.

— — —

NOTAS:

(1)     Siete poetas norteamericanas actuales, edición de Rosa Lentini y Susan Schreibman, Pamiela, Pamplona, 1991, 1992.
(2)      Las conjuradoras, edición de Noël Valis, Esquío, Ferrol, 1993.
(3)     Satán dice, traducción y prólogo de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria, De umbral en umbral nº 1, Igitur, Montblanc, (Tarragona), 2001.
(4)     Ostriker, Alicia: “I Am  (Not) This: Erotic Discourse in Bishop, Olds and Stevens”, The Wallace Stevens Journal, 19.2 (Fall 1995), págs, 234-54.
(5)     Olds, Sharon: El padre, edición de Mori Ponsowy, Bartleby, Madrid, 2004.
(6)     Olds, Sharon: Los muertos y los vivos, traducción de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas, Bartleby, Madrid, 2006.
(7)     opus cit.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .