EL POSTFOLKLORE. Cuando se subestima el poder de la Tierra

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La fotógrafa y artista leonesa Miriam Vega disecciona el artículo publicado por Marcelino Cuevas en  Diario de León a propósito de la exposición de tres fotografías de Julia D. Velázquez en la taberna leonesa Camarote Madrid.

 Por MIRIAM VEGA

Ayer leí detenidamente el artículo escrito por Marcelino Cuevas para el Diario de León con motivo de la recién inaugurada exposición de Julia D. Velázquez. Las respuestas ante esta inverosímil crítica no tardaron en llegar y llenar las redes sociales de opiniones y de asombro.

“Tierra” se inauguró el miércoles 3 de febrero en el Camarote Madrid, con tres piezas donde la artista visibiliza la fuerza, el misterio y la belleza de la mujer a través del marcado estereotipo español.

Mi intención no se centra en dar un valor crítico o estético a la obra de Julia D. Velázquez que, lejos de ser anticuada, establece en ese uso del color una buena conjugación que bien podría aproximarse a la estética kitsch y camp. La necesidad de analizar el escrito de Cuevas nace de la carencia que observo en su praxis, donde el ataque se disfraza de paternalismo en un aparente pero no nombrado contexto feminista. Me sorprende que el análisis de un crítico de arte se centre en cuestiones como lo que debería o no debería realizar una artista dentro de su práctica, o entre a recomendar que su obra quizás tenga algún valor si se centra en determinados mercados publicitarios.

Hacer crítica del crítico no es algo que me agrade, pero considero que puede ayudar a determinar cuestiones que éste señala, pero que no se arriesga a definir. Y es que, después de abrir la herida, las preguntas salen a borbotones y no hay punto de sutura que contenga la hemorragia.

¿Cómo y qué es la mujer actual? ¿Cómo tiene que mostrarse? ¿En qué lugar ubicamos la estética “cañí”? ¿Cuándo podemos hablar de folklore y de postfolklore? ¿Es el postfolklore una estética caduca? ¿Delimita el postfolklore las reivindicaciones feministas? El elemento folklórico, ¿contrarresta en una obra contemporánea?

Fotografías de Julia D Velázquez, de la serie "Tierra".

Fotografías de Julia D Velázquez, de la serie “Tierra”.

“Imaginar la intención” o “pretender rememorar”, así comienza el texto que nos ha llevado a la polemica. Como inicio textual me desvela cierta disposición a querer ubicar al lector en la imposibilidad de no alcanzar la obra de Julia D. Velázquez, de no poder alcanzar el folklore.

Postfolklore que se rechaza por anticuado para recordarnos una España que pareciera que solo se siente cómoda dentro de conceptos estandarizados y europeos. La especulación retórica es mezclada con la saeta del oxímoron, que en primera lectura funciona como un juego de espejos enfrentados, para diluir la imagen por orden explícita de este autor. Un mantra que repite la imposibilidad de ser desde el folk, como si el folklore fuera “cosas de antaño”, como si no fuera lícito de pertenecer a esta era.

Habría que preguntar a las sevillanas, a las gaditanas… a las andaluzas en general por esta losa con la que caminan. El cliché nace cuando se le da adjetivo caduco a las culturas del sur, nace cuando el acento con ceceo y los vestidos de volantes, bien guardados para la feria, son rechazados por el pensamiento europeo.

Cito textualmente: “no es posible en este entrado siglo XXI, tener una visión femenina desde ópticas tan caducas”. Con todos mis respetos me gustaría exponer que por supuesto que es posible en el bien entrado siglo XXI tener una visión feminista dentro de una estética andaluza. Matizaré que se escribe feminista y no femenina porque la categorización de estética femenina, aparte de ser muy abierta, es una composición subjetiva. Una imposición generada por el patriarcado que define cómo tenemos que vestir las mujeres para ser consideradas mujeres.

 © Javier Codesal. "Maternidades" 1998.

© Javier Codesal. “Maternidades” 1998.

Y es que el cuerpo subalterno, el cuerpo folklórico y minoritario no puede adjetivarse dentro de una óptica caduca. Es más, barriendo para casa, me atrevo a decir que sería un desacierto considerar que este trabajo tiene un carácter obsoleto, ahora que las lecturas de Foucault llenan las redes, las teorías queer y crip se apropian de los museos y las charlas de Judith Butler saturan los canales que dan vía al streaming.

Podemos hablar de lo no estandarizado, ese es uno de los mensajes que esta artista maneja muy bien en cualquiera de sus trabajos. La mujer que protagoniza cualquiera de sus obras hace y dice con una libertad que nace desde las entrañas, abusando de la contemplación para partir el tiempo, para que surja la reflexión que se esconde detrás de cada uno de esos cuerpos que fotografía.

Así que, con las cualidades que muestra Julia D. Velázquez, no subestimaría yo ni su práctica, ni el poder de la Tierra cuando nos muestra la desnudez de una espalda de mujer con una aparente pasividad.

Espalda y tinta tribal en la piel que, con un lenguaje sutil, nos habla de mujeres que no siempre tienen la libertad de mostar aquello que merece ser inscrito.

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