Pintar los sueños

Alumnos de 4º de la ESO en la clase dedicada al Neoclasicismo, delante de la obra sin terminar de Jacques-Louis David “El rapto de las sabinas” (1799). © Fotografía: Ana Escalera.

Alumnos de 4º de la ESO en la clase dedicada al Neoclasicismo, delante de la obra sin terminar de Jacques-Louis David “El rapto de las sabinas” (1799). © Fotografía: Ana Escalera.

[REPORTAJE del periodista vallisoletano Isaac Macho tras su visita al instituto José María Infantes, de Utrera (Sevilla), un centro de Enseñanza Secundaria con Bachillerato de Artes y Formación Profesional Básica de Jardinería y Floristería, convertido en un centro de referencia nacional y europeo en innovación educativa]

A la entrada, una réplica de la fuente de los leones de La Alhambra de Granada. En el techo de acceso al edificio, las cuevas de Altamira. Y en el vestíbulo principal, una reproducción a escala de los frescos de la Capilla Sixtina. Recorriendo pasillos, aulas o huecos de escalera del instituto de enseñanza secundaria José María Infantes, de Utrera (Sevilla), descubrimos desde obras de Warhol, Picasso o Van Eyck hasta cuadros de Murillo, Renoir, Cezanne, Van Gogh, Boticelli o diseños de Leonardo da Vinci junto a sarcófagos egipcios. Más de 150 reproducciones de pintura y escultura, realizadas por los propios alumnos, dan vida a una escuela-museo. Aquí, a los chicos y a las chicas no les cortan las alas para volar, encauzan su rebeldía. El equipo de innovación pedagógica está formado por las tormentas de ideas compartidas, la motivación, el cooperativismo de intereses y la confianza en tus posibilidades. Todos a una. Estas credenciales han destrozado la crisis.

Por ISAAC MACHO

“Un día, a primera hora, a las 9 de la mañana, se acercaba la fecha de la prueba de acceso a la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla) y el profesor (Juan Guerrero) me preguntó que cómo la llevaba y en qué consistía. Yo le dije que a lo que más temía era a la prueba de voz que me daba mucha vergüenza. Entonces él me animó a subirme a la mesa del taller y a cantar delante de todos mis compañeros. Canté We will rock you, de Queen, y mis compañeros me hicieron la percusión en la mesa. Fue una experiencia muy gratificante, él me miraba con una sonrisa picarona, como diciéndome: eres valiente. En el taller se formó una atmósfera de compañerismo y apoyo. Eso era lo que siempre conseguía Juan…”. Habla Aurora Fernández Tirado, ex alumna del IES José María Infantes, de Utrera (Sevilla) que acaba de terminar 2º de Arte Dramático.

Su opinión es similar a la de Manolo Mensaque que estudia Comunicación Audiovisual. Él recuerda, con óptimas vibraciones, al profesorado “increíble” en ESO y Bachillerato en el marco de una experiencia educativa y pedagógica singulares. “Se esforzaron muchísimo porque aprendiésemos y fuésemos una gran primera promoción de Bachillerato de Arte y así servir de ejemplo y atraer más alumnos al Instituto”.

Para este cineasta en ciernes, el mejor recuerdo de su paso por el centro fue “la libertad para poder hacer, dentro de unos límites, lo que uno quisiera desde el punto de vista artístico, realizar cualquier cosa en las horas de plástica, en ESO, o en Técnicas gráfico-plásticas y pintura, en Bachillerato”.

A Gonzalo Quesada, estudiante de Bellas Artes y también ex alumno del mismo instituto utrerano, le sorprendió “el ambiente familiar que no se da en ningún otro centro, el participar en el proyecto de la escuela-museo, algo que te lleva a relacionarte con casi todos los profesores y compañeros no solo de tu grupo”.

El instituto José María Infantes, de Utrera (Sevilla), con 520 alumnos y 46 profesores, es un centro de Enseñanza Secundaria con Bachillerato de Artes y Formación Profesional Básica de Jardinería y Floristería, convertido en un centro de referencia nacional y europeo en innovación educativa.

El trabajo conjunto de profesores y estudiantes, desde hace 15 años, ha permitido que en este instituto –centro de ESO en sus comienzos (1998), y con serios problemas de supervivencia– puedan contemplarse algunas de las obras más importantes de la historia del arte, creadas por los propios chavales. De ahí a transformarse en una escuela-museo solo hubo un paso y “muchas vueltas al calcetín a fuerza de riñón”, en palabras de su promotor, Manuel Jiménez. Un museo en el que los mismos alumnos hacen de guía y explican los contenidos artísticos en francés, inglés, español y si fuera necesario hasta en lenguaje de signos. Más de 10.000 visitantes han pasado ya por este verdadero tempo del arte y de la fantasía. En la actualidad se ha convertido en lugar de peregrinación para los seguidores del movimiento pedagógico moderno, dentro y fuera del país.

Alumnos de 1º de la ESO, participando en una clase de Lengua, en el aula dedicada al Pop Art, delante de una de las obras más importantes del artista Andy Warhol,“Marilyn Monroe” (1967).  © Fotografía: Ana Escalera.

Alumnos de 1º de la ESO, participando en una clase de Lengua, en el aula dedicada al Pop Art, delante de una de las obras más importantes del artista Andy Warhol,“Marilyn Monroe” (1967). © Fotografía: Ana Escalera.

Invertir la tendencia

Esta revolución pedagógica comenzó cuando el profesor de Dibujo, Juan Guerrero, quiso romper con la monotonía de un alumnado de ESO “con muy poco interés por estudiar”. Chocaban constantemente, en la misma pared –señala el entusiasta docente– alumnos-métodos-contenidos-profesor y no lograba alcanzar los objetivos de su área, Expresión Plástica y Visual. En la búsqueda de “ganar” a los chicos y chicas para la causa, reconoce con el paso del tiempo, “les fui dando libertad para expresarse con pinturas y dibujos sobre temas de su interés, sobre todo, para que sus trabajos tuvieran sentido”. “Empezamos pintando objetos, paredes y madera con materiales que ellos querían descubrir, acrílicos y espráis, buscando su propia forma de expresarse y fuimos viendo que las clases empezaban a ser divertidas”, recuerda.

Enseguida, el maestro se dio cuenta de que “los adolescentes se implicaban  al considerar que lo que hacían era algo propio, original, de lo que eran autores. También pude comprobar cómo respetaban los trabajos de sus compañeros, que quedaban expuestos en la fachada y en vestíbulos del centro”.

Los pasos que se iban dando llevaban el marchamo de convertir el arte en el motor de la vida del instituto partiendo de la interdisciplinariedad y con el respaldo de la comunidad educativa. “Creo que lo más importante es que trabajaban con ilusión, esa ilusión que se transmite y se contagia, sobre todo a los chavales, y cuando  te vienes a dar cuenta, tienes a todo el instituto, incluidos profesores, personal no docente y familiares funcionando, demandando más proyectos y aventuras, que es  como  ellos lo ven”.

En ese camino por experimentar nuevas vías pedagógicas, Juan Guerrero les propuso decorar sus bicis con espray. “Empezamos con los cuadros de alguna bicicleta y acabamos con las carcasas de una moto, con motivos de dragones y fuegos, utilizando plantillas y esténcil, (tipo de decoración a partir de un patrón) para su embellecimiento. Las alumnas de tercero de la ESO también diseñaron las camisetas de un equipo de voleibol, con pantallas de serigrafía, y de esta forma, nos fuimos dando cuenta de que los chicos lo que necesitaban era ver y darle un sentido a sus trabajos”.

Las cosas empezaron a cambiar. “A partir de esas propuestas cambió el enfoque de la asignatura, todo era proponerles ideas y desafíos, como pintar las tapias de otros centros, el muro de nuestro gimnasio, el techo de la Capilla Sixtina, etc.”

Es el momento de sumar voluntades. Y en ese instante, aparece en el tren otro viajero que ya había comprado el billete para idéntico destino…, otro de los pilares de esta movida educativa, el profesor de Geografía e Historia, Manuel Jiménez, que le da forma al proyecto y convierte al instituto, con el tiempo, en una escuela-museo, coordinando a partir de entonces toda la iniciativa.

Tras el cambio de rumbo iniciado por el profesor de Dibujo, poco a poco, comienzan a implicarse los departamentos didácticos de Lengua, Historia, Filosofía, Idiomas, Matemáticas, el claustro de profesores, los padres, el ayuntamiento… Toda la comunidad educativa. Las visitas responden; responsables de centros extranjeros llegan a Utrera para interesarse también por la fórmula y, en casa, numerosos colegios públicos, entre ellos, el IES Marismas de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) y el Antonio Padrón, de Gáldar (Las Palmas), emprenden su particular aventura educativa, a raíz de este modelo.

A la vista de los antecedentes, ese cóctel de novedades pedagógicas da en la diana emocional de los adolescentes. Y reaccionan. Les gusta el menú y el precio. ¿Por qué? Responde Manuel Jiménez, coordinador del proyecto escuela-museo: “Porque pueden asociar aficiones, hobbies e inquietudes a su desarrollo personal y a su evolución académica. Al mismo tiempo, les elevamos al grado de protagonistas, lo cual estimula la participación y el trabajo en equipo”. Sentirse intérpretes, ser capaces de retorcer su voz, su destino, a su antojo –continúa Jiménez– “les empuja a asumir responsabilidades que están relacionadas con el desempeño de roles profesionales que desbordan los límites estrictos de lo que es su rol de estudiantes”.

Alumnos de 1º de Formación Profesional  Básica, de Jardinería, preparan la estructura de cañas en el huerto, para enredar las matas de tomates. © Fotografía: Ana Escalera.

Alumnos de 1º de Formación Profesional Básica, de Jardinería, preparan la estructura de cañas en el huerto, para enredar las matas de tomates. © Fotografía: Ana Escalera.

Los alumnos

¿Qué piensan los alumnos? ¿Cuál es su respuesta? Aurora Fernández, que no hace mucho dejó el centro para ir a la Universidad, destaca “la humanidad de los profesores, su cercanía y cómo individualizaban la enseñanza con cada uno de nosotros, con nuestras virtudes, nuestras debilidades… Me encantó la pedagogía empleaba, al fin y al cabo, ahí residen los valores del centro”.

A Gonzalo Quesada, también ex estudiante del instituto, le sorprendió “la preocupación que mostró por nosotros el tutor durante todo segundo de Bachillerato, algo que no había visto hacer a ningún profesor hasta entonces”.

Por sus reflexiones y conversaciones fuera de las aulas, parece también que estos jóvenes maduran deprisa. Durante la preparación de sus viajes a los grandes museos europeos –Louvre, National Gallery, El Prado o La Capilla Sixtina– puede pensarse que llegan a desmenuzar las obras de los artistas hasta el límite de sus posibilidades, en opinión del profesor Guerrero. “Hacen un análisis completo de todo, cómo era el autor, en que época vivía, qué colores utilizaba, cómo ponían o no la pintura, si la arrastraban, si eran más transparentes, dónde enfatizaban, qué tipo de pinceles utilizaban, qué forma de dibujar tenían, tamaño, frescura, saturación…”.

En una ocasión, un alumno saharaui, después de pelear hasta la extenuación con “El Nacimiento de la Venus” de Botticelli, comentó que abandonaba el trabajo porque el autor era bruto, complicado y sutil, a la vez. “A mí me pareció una reflexión muy madura, interesante y veraz”, interviene el maestro.

Otra chica decía que Manet en el “Almuerzo sobre la hierba”, le incitaba a entrar en su espacio por sus pinceladas tan frescas y dinámicas. Sobre Rubens y “Las Tres Gracias” un estudiante de cuarto de la ESO aludía a su ternura, su transparencia y suavidad. “Se les ven hasta las venas…”, repetía admirado. La incomodidad de “El Guernica”, de Picasso, es otra de las ideas extendidas y compartidas entre los futuros artistas.

Y las anécdotas abundan. Una de las veces que acudieron al National Gallery, tuvieron que pedir permiso a los responsables de la sala donde se exponía “La Virgen de las rocas”, de Leonardo, para que les permitieran que una de las alumnas hiciera una exposición en inglés. El éxito fue arrollador. Se fue sumando tanta gente al grupo que, al terminar, todos aplaudieron efusivamente y la chica se emocionó hasta el punto que será difícil que lo olvide.

Habitualmente, cuando los alumnos visitan el Museo del Prado, siempre le resultan sorprendentes dos de los genios españoles, Goya y Velázquez. Sin embargo, suele ser una parada obligatoria y mística, tal vez, ver el “Descendimiento de la Cruz” de Rogier van der Weyden por la forma tan llamativa de pintar y poner el color. Sus comentarios no se hacen esperar: “qué flipada”, ”¿es una pintura o una fotografía?”, “se ven las lágrimas perfectamente”, “y el ropaje de la Virgen, qué color…, parece que se puede tocar “, ”¿con que pincel pintaba este hombre…?”

De la visita al Museo del Louvre, Juan Guerrero tiene todavía en la retina la cara de perplejidad y admiración del grupo al encontrarse de frente con la escultura “Victoria de Samotracia”. Sobrecogidos, se preguntaban: ”¿cómo se puede esculpir una piedra que parezca una gasa húmeda pegada al cuerpo…?”

Pasillo superior del centro, también llamado Vestíbulo de los desnudos, donde se representan cuadros de distintas autores y épocas pictóricas. Los cánones de bellezas varían a lo largo de la historia, y en este vestíbulo se explican las diferentes épocas y estilos, utilizando la iconografía de los desnudos. Desde las épocas clásicas, griegas, formas naturales y académicas, pasando por lo estilizado del románico, lo delicado y exquisito del gótico, “Descendimiento de la cruz” de   Van der Weyden (1436),   lo exuberante del barroco, “Las tres gracias” de Rubens, Rembrandt;  hasta nuestros días, Picasso con “Las señoritas de Avignon”, Botero... En la imagen, al fondo se representan “La maja desnuda” de Goya y en el techo, se observan los desnudos de la capilla Sixtina de Miguel Ángel. Una explicación de la evolución de los gustos y valores de la belleza. © Fotografía: Ana Escalera.

Pasillo superior del centro, también llamado Vestíbulo de los desnudos, donde se representan cuadros de distintas autores y épocas pictóricas.
Los cánones de bellezas varían a lo largo de la historia, y en este vestíbulo se explican las diferentes épocas y estilos, utilizando la iconografía de los desnudos.
Desde las épocas clásicas, griegas, formas naturales y académicas, pasando por lo estilizado del románico, lo delicado y exquisito del gótico, “Descendimiento de la cruz” de Van der Weyden (1436), lo exuberante del barroco, “Las tres gracias” de Rubens, Rembrandt; hasta nuestros días, Picasso con “Las señoritas de Avignon”, Botero…
En la imagen, al fondo se representan “La maja desnuda” de Goya y en el techo, se observan los desnudos de la capilla Sixtina de Miguel Ángel.
Una explicación de la evolución de los gustos y valores de la belleza.
© Fotografía: Ana Escalera.

Compromiso de los participantes

No resultó fácil encajar esta nueva forma de instruir en las aulas del instituto utrerano. “Fue muy trabajoso, fruto de muchas acciones individuales”, recapitula Jiménez. La clave, no obstante, “estuvo en la dirección del instituto”, resalta Juan Guerrero. “Su apoyo incondicional fue el mayor de los estímulos. Cuando reprodujimos el techo de la Capilla Sixtina en el vestíbulo principal del instituto ya conté con la ayuda del Ayuntamiento para colocar unos andamios e instalar los paneles pintados por numerosos grupos de estudiantes”. A partir de ahí, y con la ayuda de Manuel Jiménez, el plan era “decorar todo el centro con trabajos similares y conté con la colaboración del claustro de profesores”.

Pese a las dificultades de la empresa, nunca pensaron en tirar la toalla. “Que yo recuerde”, resalta Guerrero, “solo un par de ideas se quedaron en la cuneta, pero siempre por dificultades técnicas de envergadura para nuestra mano de obra. Lo cierto es que no hemos acabado un proyecto y  ya estamos pensando en el siguiente. Y cuando no son mis compañeros son los propios alumnos los que demandan y piden otra aventura, otra época, otro autor…”, añade.

Este permanente “torbellino de ideas” es una herramienta para dinamizar el instituto, pero no suficiente, adelanta el coordinador del proyecto. “Es necesario el compromiso de los participantes. Si bien aplicamos técnicas de animación sociocultural, las tareas que proponemos al alumnado no son extraescolares, sino curriculares y evaluables”.

En esa línea de trabajo, las iniciativas que para el alumnado constituyen desafíos continuos, “tienen la virtualidad de sacarles de lo común y darles la oportunidad de aventurarse, de hacer cosas que nunca han hecho, de probar sus capacidades, sus competencias más allá de lo habitual. Eso les permite la aceptación de ideas propias que valoramos e intentamos apoyar, lo que favorece su integración y potencia su autoestima”.

¿El secreto? Situar al alumno en el centro del universo educativo. No en balde, cuando en octubre de 1998 se inauguró el centro, colocaron una placa en la que todavía puede leerse esta frase de Séneca: “Maxima debetur puero reverentia” (Al niño se le debe gran respeto). Eso explica que al preguntar a los profesores cómo estimulan a los estudiantes la respuesta siempre va orientada a que sean ellos mismos –como antes lo eran los grandes pintores o escultores–, a que en sus pinceladas dejen el sello de su forma de pensar.

Esta manera de desarrollar sus habilidades y competencias, en paralelo al aprendizaje que los alumnos realizan en clase, hace que la directora del instituto, Margarita Peña, se sienta orgullosa del funcionamiento del centro. “Me siento satisfecha del trabajo del profesorado y del alumnado, verdadero protagonista de este proyecto de arte, y también de las dimensiones que ha tomado el programa de buenas prácticas donde además de su función académica ordinaria nos preocupamos de alimentar un instituto con una vida cultural propia”, afirma.

Réplica del Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, en el exterior del IES José María Infantes de Utrera (Sevilla). © Fotografía: Ana Escalera.

Réplica del Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, en el exterior del IES José María Infantes de Utrera (Sevilla). © Fotografía: Ana Escalera.

El futuro

La evolución del número de alumnos que se han incorporado a la disciplina artística ofrece rasgos esperanzadores. Tras la implantación del Bachillerato de Artes (2009), para el segundo curso se triplicó la matrícula de estudiantes y ese censo se ha mantenido constante. También los miembros del Departamento aumentaron de uno a cinco. Esas cifras invitan a pensar a la dirección del instituto que teniendo en cuenta la implicación de alumnos y profesores los proyectos educativos no faltarán.

De cara al próximo curso, Margarita Peña, directora del instituto, adelanta que acometerán la reproducción de la piedra de Rosetta, expuesta en el museo Británico. Se trata de un fragmento de la antigua estela egipcia que contenía las claves para comprender los jeroglíficos de esa cultura. Y junto a ese plan inmediato, afrontarán también investigaciones relacionadas con las artes plásticas, la interpretación, la producción de audiovisuales y la fotografía.

Quizá, la reflexión que dejó escrita en el libro de visitas una de las personas que pasó por el museo sintetice los méritos contrastados que han dejado maestros, alumnos, personal no docente, padres y ayuntamiento en el IES José María Infantes, de Utrera. “Un trabajo magnífico. El sistema educativo tradicional debería aprender mucho de vosotros. Detrás de esta labor hay coordinación, respeto, sabiduría, energía, entusiasmo, pero, sobre todo, mucho amor. Gracias”.

Después de tantos años de docencia, Juan Guerrero tiene muy asumidos los valores que le llevaron un día a prepararse como maestro. “Tenemos a nuestro cargo a personas, y además de formarlas, tenemos que contribuir a su educación y, si es posible, con un poco de alegría. Al fin y al cabo todo el mundo aspira a ser feliz y desde el instituto podemos poner nuestro granito de arena…”. La página web del centro lo define en menos palabras, pero con un mensaje similar: “productor de sueños”.

Si el maestro y alcalde de Utrera que da nombre al instituto José María Infantes, fusilado vilmente en el 36, viera a estos muchachos y muchachas tan implicados con sus maestros, se reconocería en esta enseñanza sin dogmas. El impulsor de escuelas públicas, una biblioteca, un comedor escolar y el instituto Rodrigo Caro de esta misma localidad sevillana se identificaría con las clases donde prima la intuición, el aprendizaje lúdico, la participación activa del alumno en el proceso educativo y el contacto directo con la naturaleza.

Un Comentario

  1. Juana G. Linares

    Muchísimas gracias Isaac por esta preciosa crónica de la actividad emocionante de un instituto público de la ciudad de Utrera (Sevilla), el IES José Mª Infantes. Es impresionante la capacidad que tiene el ser humano de trabajar en equipo para obtener un buen resultado cuando se olvidan los protagonismos y se pone el punto de mira en la superación de las dificultades. ¿Quién iba a decir, hace quince años, que un centro educativo de un barrio periférico de la ciudad, con un absentismo escolar altísimo, se convertiría hoy en un centro de referencia del bachillerato de Artes Plásticas y visitado por equipos educativos interesados en su trabajo?. Felicidades a ese profesorado que sigue apostando por la educación.

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