Querido diario (83)

© Ilustración: Avelino Fierro (a la manera de M. Galano).

© Ilustración: Avelino Fierro (a la manera de M. Galano).

“No leer poesía es como no enamorarse nunca”, sostiene el autor de estos diarios citando a Ana M. y recordando el consejo que daba Bradbury a los escritores jóvenes…

Por AVELINO FIERRO

El sol se ha ido del jardín y los árboles ondean como vegetaciones sumergidas. Es una frase de los diarios de Jaime Gil de Biedma que he leído estos días pasados. La había anotado; la recuerdo ahora, cuando ya no pasan a borbotones las pálidas nubes. Tarde de invierno: murmuran, movidas por el viento, algunas hojas que quedan prendidas en las ramas. Otras, las de los castaños, ya del color acre de la tierra, son esa alfombra que deshilachan las carreras de un grupo de colegiales muy abrigados. Llegan momentos sin sombra. Puntitos rojos aparecen al irse la claridad, en el horizonte informe de los edificios del este.

Sí, en este instante sin luz la ciudad parece bucear en un fondo de silencios y fatiga. Sobre estos escombros del día sólo aflora el leve respirar de la sangre y el tintineo de unos versos.

Yo trato de conversar con los jóvenes sobre estas ansias sin contorno. En la presentación del libro de poemas en prosa de Lostalé quiero replicar, sin que ella lo advierta, a la chica de un club de lectura de rostro y gafitas como S. Tamaro que sólo lee ficción, y decirle que no leer poesía es como no enamorarse nunca. Esa frase es de Ana M. Y también con aquel consejo de Bradbury a los escritores jóvenes: Lea usted poesía todos los días. La poesía es buena porque ejercita músculos que se usan poco. Expande los sentidos y los mantiene en condiciones óptimas. Conserva la conciencia de la nariz, el ojo, la oreja, la lengua y la mano. Y, sobre todo, la poesía es metáfora o símil condensado. Como las flores de papel japonesas a veces las metáforas se abren a formas gigantescas…

Ese sordo rumor me acompaña. Es a veces como un pez que se debate en aguas enturbiadas, como si en los bolsillos hicieran su nido virutas de unos celos mal curados. Y voy aventándolo todo, a veces sin venir a cuento, como esas leves lluvias sin nubes de algunas mañanas de verano. Y así, en esa misma noche, al encontrar en el Cuervo a Gracia y Víctor, les tengo –sin remedio– que citar a Coleridge entremedias de una conversación sobre asuntos jurídicos, aquello de que los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo. Eso sucede si bajo a la calle; me espera un mundo menos absorto, personas y espacios sin lugar para las metáforas. Todos mirando las pantallas electrónicas en vez de mirarse a los ojos. Nadie quiere husmear en las grietas de la realidad. Y no puedo no ser beligerante: a cualquiera, a la vuelta de una esquina, puedo soltarle la cantinela, darle la tabarra con el poema y sus misterios. Yo le digo mi canción a quien conmigo no va.

Claro que no puedo andar contando por ahí lo de mi enfermedad, que después de varias horas de seguir conversando en esa taberna y escuchando música y… sigue en mí ese atabaleamiento, ese tamborileo, ese galope de algunas frases que no encuentran remanso. Como inclinados fantasmas en el aire que hay que aventar buscando para ello una plegaria y la luz humilde de una lamparilla de aceite.

Y, ya en casa, busco para ello el texto de Cernuda sobre el poema en prosa del que se había hablado en la presentación del libro, y releo “Abigarrada hermosura”, de Hopkins, y encuentro aquella frase de Jaccottet sobre la misma luz que yo he sentido en este anochecer.

Parce que c’est vu juste avant la Nuit, qui tombe tôt, c’est un moment assez bref, à la limite du perceptible; juste avant que les couleurs ne s’éteignent, ne se fondent dans l’obscurité. Cela dure peu, mais surprend d’autant plus: comme quand une ombre passe vite et s’enfuit, sans qu’on puisse espérer la rattraper jamais.

Recojo también el Diario de JGB. Y los demás libros que he bajado de los estantes para acompañar su lectura estos días: sus poemas, las cartas, sus ensayos de El pie de la letra, algunos números de Papeles de Son Armadans y otras varias revistas. Y también la antología de Batlló, donde yo descubrí la poesía, y que ha muerto en estos días (“i tot de cop t’has esllangit per terra amb els ulls admirats…”).

He mirado a la noche en el parque. Las luces de unas farolas van a dar, renqueantes, sobre los prunos desolados. Miro, refugiado en esta guerra de la vida. Protegido en mi trinchera por estos sacos terreros, estos montoncitos que dispongo alrededor con mis libros. A través de ellos sólo pueden pasar algunas veces los sonidos del bosque y el aroma del viento, la niebla del otoño y el desvelo de los niños, tu mirada. La música y esos pocos sueños que parece que nos son precisos.

 

  1. Anónimo

    UN ALEGATO DE LA VIDA ATRAVES DE AL POESIA. UN SALUDO. QUE TENGAIS UNAS FIESTAS MUY POETICAS.

  2. Reyes Gonzalez Zapico

    LA VIDA A TRAVES DE LA POESIA. FELICES FIESTAS. UN SALUDO

  3. José Luis Avello Álvarez

    Gracias Avelino. Escalera de poesía trepa por ti. Te estás liberando de otras cargas y recurres a la esencia. Esos diálogos con la naturaleza, tan de los poetas, esas metáforas que el universo nos brinda para comprendernos… ya estaban en ti pero ahora se imponen hasta sumergir otras tus inquietudes. El pasado y el presenten se complementan y nos ayudan a admirar al verdadero Avelino que se va desnudando poco a poco. A ver qué nos aguarda el futuro.

  4. José Luna Borge

    Quiero dejar aquí la traducción que del poema de G.M Hopkins “Pied Beauty” hiciera Dámaso Alonso.

    ABIGARRADA HERMOSURA

    Gloria a Dios por las cosas manchadas,
    por los cielos, lo mismo que una vaca, berrendos,
    y el punteado rosa de la trucha en el río;
    por esas frescas brasas que caen de los castaños; las alas del pinzón;
    el paisaje, todo manchas y piezas; el redil, el barbecho, la besana;
    y los oficios, con su tráfago y orden de equipos y poleas.

    Todas las cosas, opuestas y primarias, extrañas y frugales,
    todo lo que oscila abigarrado, o moteado tiembla (¿y quién sabría cómo?),
    -rápido, lento; agrio, dulce; nítido, oscuro:
    todo lo origina, lo procrea continuo. Él, belleza sin cambio.
    Alabadle.

    Después de leerlo se entiende mucho mejor la certera y sublime frase de Jaccottet que habla de la imposibilidad de retener esa luz vibrante que pasa como una sombra, velocísima, justo al caer la noche.
    Emocionante la página amigo Ave.

    José Luna Borge

  5. Reblogueó esto en Retazos de un escritory comentado:
    Querido Diario (83)
    “No leer poesía es como no enamorarse nunca”, sostiene el autor de estos diarios citando a Ana M. y recordando el consejo que daba Bradbury a los escritores jóvenes…

    Por AVELINO FIERRO

  6. Cecilia

    Y a proposito de Navidades y poemas este otro de Bradbury:
    “Por las calles de Dublín
    de vuelta a las Navidades
    los mirlos cantan”
    Gracias, Ave, por tantas y tantas cosas…

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: