Envío 29 (un cartel, un viejo lobo, al salir de un bar…)

En la playa de Boca do Río (Carnota, A Coruña). Foto: Eloísa Otero.

Piedras atlánticas. ¿En la playa de Boca do Río (Carnota) o en la zona de Corrubedo?. Foto: Eloísa Otero.

 Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

En un cajero automático hay una mujer sacando dinero. Está vestida con el traje tradicional leonés, saya de paño, blusa bordada, toquilla, mandil y dengue, el pañolón. Como si fuera rumana o eslovena; pero no, era leonesa. Mientras esperaba mi turno, escuché a lo lejos música de dulzainas y tamboriles. No pude menos que comentarle, cuando ya se iba: Es la primera vez que veo a una aldeana de hace cien años en un cajero automático. Ella estaba esperando el comentario: Sí, pensaba yo, debo estar de foto. Y me explicó que era el día de las Águedas y por eso, que al salir de Misa hicieron baile en la Plaza del Grano y que ella aprovechó para acercarse al cajero y, mira, así saco dinero antes del baile.
Mañanita de las Águedas. Y yo tan descreído.

Un cartel anuncia la conferencia que dará en la ciudad un insigne compositor: MIS ENCUENTROS CON BEETHOVEN Y CON GOYA.
(Dan ganas de añadir: Y con Napoleón, ¿nunca tomaste café?).

El paisano cosmólogo, en el bus: Dicen que hay agua en Marte, si hay agua, hay vida; la cucaracha y la rata, esas quedarán, seguro. Es también filosofo: Nosotros somos desechos, el Universo se expande. Reconoce que él no es un científico, que habla de esto y de lo otro por pasar el rato.
Donde hay charla, hay también vida.

Va por la calle como si aprendiera a verlo todo de nuevo.

En la estación de tren de nueva planta: hay que quitarse el abrigo y pasarlo por la cinta detectora de bombas y puñales. Es un callejón y sopla un frío que pela. Protesto, monto el número, me resisto; de nada vale. Y me acaban informando: Resulta que ésta es la única estación del Estado Español donde a uno le obligan a quitarse el abrigo. No hay arco detector ni segurata con paletas. Razones para semejante maltrato: que estamos a cubierto. Pero es que en León nunca se está del todo a cubierto, señor mío, con ocho meses de invierno.
Llamamiento a todos los usuarios: ir por allí y pedir la hoja de reclamaciones.
(Añadido posterior. En la estación de Oviedo, por donde pasa el tren que después tomaremos aquí, ni siquiera tienen máquina detectora. Viva el Estado de las Autonomías y los Caprichos Locales).

Un viejo lobo de la poesía y del arte. Le iba enseñando un cuaderno de hojas grandes a un colega, estaban sentados en el banco de los perdidos, en la plaza. Eché el ojo al pasar, vi una poesía, dibujos coloreados, letras de colegial, palotes y grecas floreadas. Es un artista bohemio, con más de setenta años. Cuando atraviesa la plaza va meciendo con soltura dos muletas, como si no las necesitase, no se apoya en ellas, va ligero. Se adorna la cara con un complicado trabajo de barbería, florituras en las patillas, una perilla. Y siempre con su carpeta de cartón azul. Otras veces se le ha visto con un par de cachas talladas, torneadas con muescas, figuras, colorines. Entonces sí que se apoya en sus bastones de lujo, especie de postes totémicos, las herramientas de una divinidad personal, dedicada al ocio, el paseo, la poesía, el arte. Él sabe buscar el rincón más soleado para tallar las cachas con la navaja, les pone anilinas de colores, les da más muescas, mientras busca charla y compañía. Siempre va muy limpio y cuidado.

Ráfagas: Sigo haciendo la ruta del músico rodante. Voy hacia el Atlántico. Antes de salir de casa, mientras desayunaba, me fui cantando en la cocina aquella canción: Qué tiempo tan feliz. Recuerdos que recarguen el presente.
Por una calle de Coruña: ¿No llevas medias gordas?, le pregunta una amiga a otra.
Aves marinas, grandes, poderosas, gaviotas, cormoranes en los andenes de la estación de autobuses. Qué cerca está el mar.

En el mercado. Apoyada en una esquina, la mujer vestida de negro, con una cara hermosa y muy triste, marcada por arrugas, pero hay serenidad en esa cara. Es gitana y tiene a sus pies la canastilla con pañuelos de bolsillo, muy blancos, de caballero, de señora, almidonados, moqueros, relucen, tan bien planchados. Iluminan la calle.

Al salir de un bar. Virtud de los bares: Ya voy contento, ya voy hablando solo, ya voy cagándome en Donald Trump.

  1. Ignacio Fernández

    Como complemento a lo que dice Ildefonso sobre la estación de León y los abrigos, sugiero también lo siguiente: http://ignaciofh.blogspot.com.es/2017/01/antiterrorismo.html Deberíamos preparar una revuelta.

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