Canciones irlandesas patrimonio mundial

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Phil Lynot (Thin Lizzy) y Rory Gallagher, dos de las máximas aportaciones irlandesas a la causa del rock

Por CARLOS DEL RIEGO

En torno al Día de San Patricio la verde Irlanda se hace presente en muchos lugares del mundo, donde la gente luce todo tipo de prendas verdes. Buen pretexto para recordar a las más importantes figuras del rock que Eire ha exportado. (NOTA: ha muerto Chuck Berry).

Gritones y con el vaso de güisqui o cerveza en la mano, impulsivos, religiosos y siempre dispuestos a cantar a voz en grito canciones tradicionales…, seguro que hay muchos irlandeses así pero, como en todas partes, habrá de todo. Sea como sea, cuando llega el día de su patrón se nota. En cuanto a música se refiere, la mayor aportación irlandesa es la música celta, pues de allí son algunos de los máximos exponentes de tan emblemático género, el cual ha conseguido invadir otros estilos, abrirse paso en las listas y contagiado a grupos de lugares lejanos a la cultura céltica; The Chieftains o The Dubliners están ya en el plano de la leyenda de la música tradicional irlandesa. Pero además, la isla ha aportado excelentes artistas al mundo del rock. Sin pensar demasiado, cualquiera interesado en este asunto diría de inmediato Van Morrison y U2, y pensando un poco mencionaría a Thin Lizzy y Rory Gallaguer, claro que los más enterados podrían señalar quince o veinte más. Sí, en Irlanda se ha hecho siempre muy buen rock, y algunos de sus músicos han influido poderosamente a otros en otras partes del planeta. Si hubiera que quedarse sólo con cinco títulos de otros tantos personajes representativos del rock irlandés, la selección podría quedar así de sugerente…

Tal vez el más reverenciado por veteranos y novicios de este tinglado sea Van Morrison, todo un carácter. Difícil es quedarse sólo con una del cascarrabias de Belfast, puesto que, además de su talento creativo e interpretativo, ha brillado en muy diversos campos musicales; por eso tantos otros reconocen su pasión por él. Pero sin olvidar de la ‘gloria’ de la ‘chica de ojos marrones’, de lo que ‘Jackie Wilson dice’ y de otras referencias imprescindibles, se puede elegir la gloriosa ‘Moondance’. Tiene un toque de jazz de siempre, melodía y estribillo cautivadores, letra poética, enamoradiza, elegante, interpretación apasionada, arreglos y solos deliciosos, detalles de buen gusto por aquí y por allá… Una excelente obra de arte.

U2 es otra de las referencias con denominación de origen de aquel país. A diferencia del anterior, que ha mantenido siempre un nivel de autoexigencia altísimo, los de Dublin han sufrido bruscos altibajos, de modo que puede decirse que lo mejor de su oferta artística llegó en sus primeros diez o doce años, y desde entonces han llevado una trayectoria… errática (tal vez porque han consumido mucha energía, ilusión, ganas…, en asuntos ajenos a la música). En todo caso también tienen un larguísimo repertorio de éxitos que, uno por uno, serían perfectamente representativos de la contribución de U2 a la causa rockanrolera. Por ejemplo el ‘Sunday bloody Sunday’; el tema es aquel ‘domingo sangriento’ de 1972, que viene a materializar ese concepto que los de Irlanda del Norte llaman ‘los problemas’ refiriéndose al enfrentamiento político-religioso; asimismo contiene todos los recursos y herramientas propias de la banda: inconfundible guitarra, pasión en la voz, estribillo poderoso, melodía resultona…

Aunque no todos los interesados en esta locura del rock le tengan tanta consideración, Rory Gallagher es, sin duda, uno de sus mejores guitarristas. Muerto prematuramente (47 años), su álbum ‘Irish Tour 74’ era nombrado en aquellos años como uno de los mejores de toda la década, una de las cumbres del rock, y él, un genio precoz nacido para la guitarra; baste recordar que impresionó al mismísimo Hendrix. El álbum entra con un arrollador ‘Cradle rock’, cuyo comienzo, sencillamente antológico, da paso a una demostración empírica de lo que se define como puro rock, una respuesta ideal si alguien pregunta qué es el rock. Sus modos, su gusto por el blues, su virtuosismo han inspirado a miles de guitarristas desde entonces.

Thin Lizzy siempre fue un grupo que caía bien. Su líder, cantante y bajista, Phil Lynot, mulato él, tenia carisma, gracia, y estaba muy dotado para escribir grandes letras y para construir gruesos paisajes. Su voz (que se apagó con 36 años) tiene un cierto matiz suplicante, lo que siempre contrastaba de manera encantadora con la pesada potencia que el grupo lograba generar. Además, ellos fueron de los primeros en combinar lo heavy con lo celta con arrolladores resultados (su visión del ‘Whiskey in the jar’ es una bandera del género); pero mucho más suya es ‘The boys are back in town’,  con ese riff que preside todo el tema, con ese matiz de rock denso, apretado, macizo, tan propio de la banda. El texto lo escribió Lynot al saber que a sus conciertos iban, sobre todo, jóvenes trabajadores que buscaban evadirse, divertirse y, claro, trasegar como buenos irlandeses. Ideal para tocar la ‘air guitar’.

Desconocidos lejos de su isla, Horslips también supieron ver las posibilidades de combinar tradición céltica con rock, de hecho, hay quien les atribuye el mérito de haber abierto ese camino; además, a menudo han basado sus temas en las leyendas irlandesas, incluyendo la gran epopeya de Eire, el llamado ‘Tain Bo cuailnge’ (Asalto al ganado de Cooley), y el gran héroe Cuchulain. Evidentemente, la fórmula funcionó tan bien que, bien entrado el siglo XXI, eso del rock celta está tan extendido como el teléfono móvil. Su gran éxito fue ‘Trouble (with a capital T)’, o sea, ‘Problema (con P mayúscula)’; es un tema vivaracho, pegadizo, dirigido por unas flautas que se integran con guitarras y baterías como si fueran pandilla de toda la vida; las voces suenan épicas y teñidas de nostalgia.

NOTA. Salvo los que se han centrado exclusivamente en la música tradicional, ninguno de los mencionados hubiera hecho del rock & roll su vida sin Chuck Berry, que abandonó el escenario definitivamente el 18-III-17. Puede afirmarse que su influencia va mucho más allá de la música y la cultura popular, pues sin duda su aportación determinó la vida de millones de personas. Resulta casi inexplicable que, sesenta años después, sus composiciones no sólo no hayan perdido frescura, sino que mantienen un atractivo irresistible. Las canciones de Chuck Berry no tienen fecha de caducidad, son imperecederas. Hoy mismo, seguro, han nacido muchos bebés que un día tocarán las canciones de este hombre. Ha muerto Charles Edward Berry. ¡Viva Chuck Berry!

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