TAC y espacios públicos

Espectáculo del TAC 2015, junto a la plaza de Colón, en Valladolid. Fotografía: Gerardo Sanz.

La teatralización de los espacios no teatrales vino a confirmarse como un nuevo concepto del teatro de calle, sobre todo, a partir de la década de los 90 del siglo pasado. A ello contribuyeron las apuestas escénicas de prestigiosos creadores como Peter Brook, Eugenio Barba, Wilson y Ronconi, el Théâtre du Soleil, etc…Hoy ya no supone un desafío utilizar lugares de los ciudadanos para ver teatro. Las emociones puede aflorar en cualquier sitio donde haya historia, desnudez, lugares neutros.

Javier Martínez, director artístico del TAC, nos acerca este otro territorio de la memoria local, siguiendo pistas del Festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid que se celebra estos días, del 20 al 28 de mayo.

Por JAVIER MARTÍNEZ

Javier Martínez. Foto: G. Sanz.

Las Artes de Calle siempre han sido la posibilidad de transformar espacios neutros en lugares de comunicación. No son puntos abiertos entre edificios sino áreas en las que se ubican diferentes formas de expresión que se asfixian entre las paredes de los teatros y tienden a ubicarse donde el individuo construye su vida cotidiana. A esto lo llamamos espacios públicos.

Normalmente, el ciudadano tiende a utilizar la calle como un proceso para llegar a un destino y no son conscientes de que su entorno interacciona con él en el proceso y es testigo de su propia cotidianidad. Los edificios y su propia morfología contienen la vida de todas aquellas personas que han pasado entre ellos sin mirar y necesitan expresarse para tener el sentido que les pertenece: ser parte de la historia del ciudadano.

Una de las peculiaridades del ciudadano es su capacidad de intercambiar emociones y sentimientos con los otros y con lo que le rodea. Por eso, una forma de expresión que juegue en un espacio respetando e integrando su entorno es capaz de unir ante un mismo acto creativo a personas de diferentes culturas, edades y clases sociales.

Es capaz de darle la oportunidad al ciudadano de redescubrir sus espacios transformándolos y darles un sentido de intercambio comunicacional. Es capaz de dotar a la persona de un carácter reivindicativo, retomando espacios que para ellos les eran prohibidos o desconocidos hasta entonces.

La base de estas formas de expresión es la sugerencia, más que contar una historia, y es el público el que desarrolla la suya propia en su cabeza. Se pasa de una estructura narrativa a una estructura asociativa. Se suele partir de algo que habla de nuestro tiempo y se transmite a través de instrumentos propios a nuestra contemporaneidad, generalmente, la imagen y los sentidos.

El Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid interviene en más de una treintena de puntos de la ciudad y convierte a los paseantes en protagonistas de su propia historia estimulada por los profesionales de las artes escénicas.

De lo que se trata, por un lado, es de involucrar a ciertos ámbitos de la vida urbana y, por otro, de poner en marcha el sentido conceptual del juego entendido como la posibilidad de crear un campo que permita satisfacer un deseo sin chocar con la realidad.

En este sentido, cuantos más campos de intervención existan más envolvente será la propuesta y más posibilidad tendrá el ciudadano de reencontrar, reconquistar y compartir su ciudad.

Todo director de un Festival tiene sus pequeñas debilidades, para mí en esta edición del TAC, en sala, podrían ser Philippe Genty y los rumanos Teatrul Odeon por ser dos formas radicalmente diferentes de comprender el teatro y, en calle, Claire Ducreux, EAEO y Le G. Bistaki tres espectáculos magníficos que representan tres corrientes diversas de las artes de calle.

En fin, el TAC como buen exponente de las Artes de Calle proporciona la posibilidad de que el ciudadano redescubra su ciudad y coloque todas las piezas de su propia cotidianidad en un orden creativo.

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*Javier Martínez es director artístico del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC).

Espectáculo del TAC 2016, en Valladolid, con la iglesia de La Antigua al fondo. Fotografía: Photogenic.

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