Reflexiones sobre la maldad en clave de rock&roll

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Metallica convirtieron en rock un cuento de Hoffman dedicado a una especie de hombre del saco a la alemana en ‘Enter Sandman’. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Aunque todo el mundo se comporta de modo canallesco a veces, son pocos los individuos que pueden calificarse como absoluta y esencialmente malos, pero cuando aparecen… El rock & roll también ha reflexionado sobre la maldad.

Nadie es perfecto, cierto, todo homo sapiens se vuelve vil, cruel, dañino muchas veces a lo largo de su vida; ocasionalmente, pero así es. Sin embargo, por suerte, son menos quienes ejercer la maldad con gusto y con total desprecio hacia sus víctimas. La historia contiene una amplia lista de seres despreciables que se llevaron la vida de sus semejantes sin el mínimo remordimiento. Últimamente se han producido en España dos sucesos sangrientos y cobardes protagonizados por dos sujetos sanguinarios y cobardes (el que reventó la cabeza por la espalda a otro y el que en su huida iba matando a todo el que se le ponía delante); son dos ejemplares de mamíferos bípedos con todo su ser invadido por la maldad absoluta. El rock & roll, como reflejo de todo lo que al individuo se refiere, no podía dejar de tratar este asunto de la perversidad, dando como resultado algunas excelentes canciones; de hecho, hay cientos de títulos y letras que dan vueltas en torno a tan humano defecto.

El malvado por excelencia es, claro, el jefe de las calderas de Pedro Botero, a quien no pocos grupos de metal suelen mencionar. Además, Rolling Stones regalaron en 1968 su hipnótica ‘Sympathy fort he Devil’ (lástima, compasión, piedad por el Diablo). Esta pieza extensa, complicada y con letra larga y explícita molestó a muchos por hablar abiertamente de malos y de maldad; inspirada en poetas y autores de oscura biografía y obra (Baudelaire), se refiere al Diablo, que es el maestro de ceremonias que narra y que se pasa la vida “robando almas”; así, asegura que acompaña a Cristo cuando Pilatos se lava y lo condena, y señala a las guerras y revoluciones como generadoras de maldad, a los asesinatos y magnicidios como efectos de la condición humana (todo ello con datos para identificar cada hecho)…; y siempre, en todos esos actos de vileza, él, el demonio siempre está presente. La atmósfera que se respira a lo largo de todo el tema es tribal, primitiva, con gritos, cambios de voz y sonidos inquietantes. Sí, el viejo Jagger se presenta aquí más diabólico que nunca…, aunque sin perder su elegancia británica: “llámame Lucifer (…) si me encuentras sé cortés, clemente y educado (…) o haré que se te pudra el alma”. ¿Está claro?

Malo malísimo es el personaje que Metallica insinúa en su ‘Enter Sandman’ (1991). El tema está basado en el cuento ‘Der Sandman’ (El hombre de arena), del autor romántico alemán E.T.A. Hoffman; el personaje al que se refiere es un equivalente al hombre del saco, aunque este ‘sacamantecas’ germano arroja arena a los ojos de los niños y se los lleva de comida a sus hijos. Metallica hizo la canción como el que da consejos al niño a la hora de acostarse “reza tus oraciones (…) mantente libre de pecado hasta que venga el Hombre de Arena”; a continuación señala la pura maldad: “no soñarás con Bancanieves, sino tendrás sueños de guerra, de mentirosos, de fuego”, y termina con un inquietante “no te preocupes por el ruido, sólo es el monstruo bajo tu cama”…, como queriendo decir que la perversión y la inmoralidad siempre están cerca de la persona. Como cabe esperar, las gruesas y poderosas guitarras, el ritmo y las voces encajan a la perfección con la intención del texto.

‘Career of evil’ (1974) de los fabulosos Blue Öyster Cult también tira del heavy metal más sólido para hablar del mal. La letra es de Patti Smith y trata de un tío endiablado, perfectamente perverso y sin ningún límite ético o moral, como queda claro en los versos: “quiero que tu mujer sea mía esta noche (…) quiero robar y no me disculparé (…) es mi carrera de maldad (…) me gustaría tomar tu cerebro (…) me gustaría tomar a tu hija en un camino de tierra”. Evocador y muy a la clásica es el ambiente que crean, sobre todo la guitarra y el órgano, que hoy parecen casi de terciopelo pero que, entonces, resultaban demoledores. Siempre es gratificante recordar a esta banda.

Los terroríficamente divertidos The Cramps cantaron varias veces a estos asuntos de la malicia, aunque jamás abandonaron el tono humorístico y sarcástico. Entre sus títulos más recordados está el ‘Goo goo muck’ (1981), que aunque no sea de cosecha propia, ya se asocia a la singular banda californiana. Sus frases dan impresión de ser una seria amenaza: “Cuando se pone el sol me convierto en porquería pegajosa, (…) soy un cazador de cabezas que busca en la noche (…) sí, la ciudad es una selva y yo soy una bestia”, sin embargo, la bestia de la que habla es un adolescente en busca de ligues…, o sea, la cosa no va más allá del exceso de hormonas juveniles y poco tiene que ver verdaderas ganas de hacer daño. Su instrumentación esquemática (sin bajo) y la voz profunda e inquietante de Lux Interior redondean una canción que, sin duda, es sólo rock & roll.

No dejaron los imprescindibles Ramones de reflejar la maldad en temas como ‘Chainsaw’ (1976). El cuarteto se inspiró más de una vez en películas de terror y serie B, en este caso en la aquí se tituló ‘La matanza de Texas’, una peli en la que la maldad y el sadismo alcanzan cimas delirantes. El chirriante y aterrador sonido de la sierra de cadena se mezcla con la chisporroteante guitarra para conseguir un efecto devastador…, como si el horroroso ‘Cara de cuero’ te persiguiera con la motosierra pidiendo sangre. El texto, como habitualmente en Ramones, no da mucho de sí, y apenas hay insinuaciones, todo lo más: “tú nunca te irás de aquí (…) la matanza de la sierra de cadena de Texas (…) se llevaron a mi chica, pero tú nunca te irás de aquí”. No tiene gran cosa, cierto, pero su fuerte era el todo final, y no se paraban mucho en las letras, al menos al comienzo (hay que tener en cuenta que todo el álbum se grabó en una semana y costó unos seis mil pavos). La canción va de malísimos, sin embargo, los neoyorquinos lo presentan como una maldad en clave punk, simplona e irreverente, pero también ingenua.

Hay veces que hay que poner un poco de distancia para no dejarse llevar. Para eso, el R & R es ideal.

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