El éxodo cristiano de Irak

Milad, 24, prays at the cemetery where some families went after attend a Christmas Day service for Iraqi Christians at the Saint John’s church in Qaraqosh, Iraq. Most of the inhabitants who lived there are living now in Erbil as refugees. © Foto: JM LÓPEZ.

Por JM LÓPEZ
Qaraqosh (Irak)

Calles desiertas y un silencio sepulcral reciben al visitante en la ciudad de Qaraqosh. Situada en el norte de Irak, a 30 kilómetros de Mosul, esta población de 50.000 habitantes fue considerada antiguamente la capital del cristianismo iraquí. Hoy esta vacía. Todas las casas han sido destruidas, saqueadas o quemadas. Las iglesias están arrasadas y las tumbas del cementerio profanadas.

Es el resultado de más de dos años de ocupación por parte del Daesh y una dura batalla entre el ejército iraquí y los yijadistas para reconquistarla. Cuando los radicales llegaron para imponer su califato islámico, dieron a elegir a los cristianos entre convertirse al Islam, el exilio o la muerte. Los que no eran ejecutados servían como esclavos en la construcción de una red de túneles que los combatientes usaban para la defensa de las ciudades, como en la vecina Ba’ashika.

A destroyed house by Islamic State militants in Qaraqosh, Iraq. This city, the former capital of the Iraqi Christianity, is a ghost city now. Of the 50,000 souls who lived in this city, located 15 kilometres from Mosul, no one has returned home to live. © Foto: JM LÓPEZ.

Al final de la calle una furgoneta pick-up avanza a toda velocidad y se detiene enfrente de la escuela. En la parte de atrás viajan hombres armados y cuatro detenidos con los ojos vendados. “¡Son combatientes del Daesh!”, proclama a voz en grito Mazin Nissan, miliciano cristiano. Y continúa: “Los encontramos escondidos en un túnel en Mosul, ellos lo niegan todo, pero puede verse que su corte de pelo es reciente y el de la barba también, lo han hecho para camuflarse entre el resto de la gente”, gesticula visiblemente alterado mientras zarandea las cabezas de los arrestados.

An Iraqi security member checks the courtyard of Saint John’s church before the Christmas Day service in Qaraqosh, Iraq. Some times the inhabitants return to the city in an organized tours to attend a mass such on Xmas Day and Easter Week. © Foto: JM LÓPEZ.

Ahora los únicos habitantes de Qaraqosh son los milicianos de las denominadas Unidades de Protección de la Llanura de Nínive, un grupo de soldados cristianos encargados de la seguridad en la zona, y algunos puestos de comida rápida que se han apresurado en abrir sus puertas para abastecer a los acuartelados. “Lo abrí a los pocos días de la liberación de la ciudad. Esta es mi tierra. Yo soy cristiano y aquí me quiero quedar pero para eso me tengo que sentir seguro”, afirma el joven Evan Mekho. No hay luz ni agua corriente. Todos los servicios básicos están inutilizados y en una mañana fría de invierno el ambiente es fantasmagórico.

View of the altar of the Saint Behram and Saint Sarah’s church destroyed and burnt by Islamic State militants in Qaraqosh, Iraq. All the religious symbols were damaged by the radical Islamists when they took this city. © Foto: JM LÓPEZ.

En el barrio cristiano de Ankawa en Erbil, capital del Kurdistán iraquí, hay alrededor de 25 campos de refugiados cristianos y yazidíes. Muchos de ellos viven en condiciones lamentables, repartidos entre tiendas de campaña y containers. Otros han tenido más suerte. Este es el caso de unas 320 familias que residen en el interior de un centro comercial propiedad de un adinerado cristiano libanés que les ha cedido el espacio gratuitamente.

Sabiha, 60, cries next at the tomb of her son, which was vandalized by Islamic State (IS) group fighers, after Christmas Day service at the Saint John’s church in the town of Qaraqosh, Iraq. © Foto: JM LÓPEZ.

Situado en la parte antigua de la ciudad, al lado de la ciudadela, este gigantesco edificio alberga, tanto tiendas de ropa y comercios de todo tipo, como familias enteras que llegaron huyendo con lo puesto, dando al complejo un ambiente surrealista. “Somos afortunados de poder vivir en este sitio. En los campamentos en invierno hace muchísimo frío y cuando llueve las calles se llenan de barro. Nosotros sólo queremos estar en paz y recuperar nuestras vidas”, comenta Shifa Marzging, quien llegó hasta aquí junto con su mujer y sus tres hijos. Las plantas inferiores son un bullicio de compradores en busca de la última ganga mientras que las superiores, aún por terminar de construir, están plagadas de niños correteando de un sitio para otro, ropa tendida por los pasillos y mujeres haciendo la comida.

A fresco on the wall shows a portrait of Jesus Christ destroyed by Islamic State militants inside the church of Bashiqa, Iraq. Numbers of Christians in Iraq have fallen from 1,5 million to a few hundred thousand since the violence which followed the 2003 toppling of Saddam Hussein. © Foto: JM LÓPEZ.

Hoy es un día muy especial para los cristianos que huyeron de Qaraqosh. Por primera vez en dos años van a poder regresar a su hogar. Un convoy de varios autobuses los llevará desde el barrio de Ankawa, donde ahora viven refugiados, hasta la iglesia de San Juan en Qaraqosh para asistir a una misa el día de Navidad. La mañana es lluviosa, las caras de la gente, tristes. Melancólicas. Han oído hablar del estado lamentable en el que se encuentra la ciudad. Saben que todo esta perdido y será muy difícil recuperarlo.

Christian militia fighters from the Nineveh Plain Protection Units (NPU) show four men, allegedly members of the Islamic State (IS) group that were found inside a tunnel in Mosul, as they sit blindfolded in the back of a pick-up truck in Qaraqosh, Iraq. © Foto: JM LÓPEZ.

“¿Qué futuro les espera a los cristianos de Irak? Sólo exiliarse. Las ciudades están destruidas, en las casas hay bombas trampa dejadas por los yijadistas, no hay servicios básicos, no hay absolutamente nada. En esas condiciones la única opción que tiene la comunidad cristiana es continuar viviendo en tiendas de campaña o huir”, se lamenta el padre Jalal Jako, líder espiritual de los cristianos de la ciudad de Qaraqosh.

A su llegada un gran despliegue de seguridad les recibe. La iglesia y sus alrededores esta literalmente tomada por la policía y el ejercito iraquíes. Aunque esta zona ya ha sido limpiada de yijadistas y asegurada nadie quiere llevarse un susto durante la celebración. Además de los vecinos que han podido venir también asistirán a la misa soldados estadounidenses destacados en el país para dar apoyo logístico al ejercito iraquí.

Remains of Saint Behram and Saint Sarah’s church in Qaraqosh, Iraq. This city, the former capital of the Iraqi Christianity, is a ghost city now. Of the 50,000 souls who lived in this city, located 15 kilometres from Mosul, no one has returned home to live. © Foto: JM LÓPEZ.

Esta iglesia, al igual que el resto de templos de la ciudad, ha sido pasto de las llamas y los impactos de la artillería durante la batalla. Las imágenes de cristos decapitados y altares saqueados son la huella del paso de los militantes del Estado Islámico. Hay grafitis por las paredes y el patio interior ha sido utilizado como campo de entrenamiento para tiro. Una semana antes un grupo de voluntarios se encargó de adecentar el lugar para que la misa se pudiera celebrar.

El acto es simbólico pero esta cargado de emotividad. Al finalizar, un tour organizado lleva a los asistentes a dar una vuelta entre las ruinas de su ciudad. El autobús va haciendo paradas para que los pasajeros puedan ver el estado en el que han quedado sus casas. “¡Odio a los musulmanes y jamás volveré a confiar en ellos!”, proclama Majad, al ver su hogar reducido a escombros. Según él, “los que entraron en nuestras casas a robarnos, a violar a nuestras hijas, a golpearnos y a esclavizarnos no eran yihadistas del Estado Islámico, eran nuestros vecinos de los pueblos de al lado”, se desespera mientras va comprobando el destrozo que le han ocasionado en su vivienda.

Christian militia fighter from the Nineveh Plain Protection Units (NPU) pushes a trolley carrying a rocket and some other items in a street in Qaraqosh (also known as Hamdaniya), some 15 kilometres east of Mosul, Iraq. © Foto: JM LÓPEZ.

Un macabro recorrido que termina en el camposanto. A diferencia de otros cementerios cristianos, en Irak las sepulturas no tienen cruces, son hileras de tumbas dispuestas en una gran explanada. Se abren las puertas del autobús y Milad, un joven de 24 años, baja de un salto para acto seguido ponerse a rezar. Poco a poco van descendiendo el resto de sus ocupantes. Con paso lento y resignado los integrantes de la comitiva se dirigen al lugar donde están enterrados sus seres queridos. Comienza a lloviznar y una paz infinita reina en el ambiente. Una paz sólo rota por los gritos desgarradores de Sabiha, al comprobar que la tumba de su hijo ha sido brutalmente profanada. Se lleva las manos a la cabeza y no puede contener su dolor al saber que las tumbas de los cristianos fueron asaltadas para robarles las joyas con las que habían sido enterrados.

“Qaraqosh era una ciudad preciosa. Un paraíso digno de admirar donde cristianos y musulmanes vivíamos en paz. Ahora…no queda nada de eso”, recuerda con nostalgia Mazin Nissan.

Mannequins and a bullseye together a pulpit remain in the courtyard of Saint John’s church which was used as a training camp by Islamic State (IS) group fighers in Qaraqosh, Iraq. © Foto: JM LÓPEZ.

El número de cristianos en Irak ha disminuido de 1,5 millones a unos cientos de miles desde que comenzara la violencia que siguió al derrocamiento de Saddam Hussein en 2003. Muchos residentes de Bagdad que no podían permitirse ir al extranjero fueron a Qaraqosh y otras ciudades del norte donde la seguridad solía ser mejor que en la capital, sacudida por la guerra sectaria entre suníes y chiíes después de la invasión liderada por los Estados Unidos.

Con la llegada del Estado Islámico, los habitantes de Qaraqosh abandonaron sus hogares y algunos solicitaron asilo en Europa, pero la mayoría de ellos terminaron en Erbil viviendo con parientes o en campos de refugiados pagados por agencias de ayuda humanitaria. No hay futuro para los cristianos en Irak.

Iraqi security members stand guard as Iraqi Christians attend a Christmas Day service the first time since the recapture of the town from Islamic State jihadists at the Saint John’s church in Qaraqosh, Iraq. © Foto: JM LÓPEZ.

Un Comentario

  1. Ignacio Fernández

    Os felicito y felicito sobre todo a López por la recuperación de su trabajo y por ponerlo ante los ojos de quienes vivimos en este lado afortunado e ignorante del planeta. Lo que cuenta y lo que fotografía nos es imprescindible. Quiero pensar que también es un signo de que ha recuperado la energía vital. Gracias y suerte.

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