Olmedo Clásico 2018 / Morboria o la llamada a subir al escenario

“De fuera vendrá quien de casa nos echará”, de Morboria Teatro. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

El espectáculo De fuera vendrá quien de casa nos echará, presentado en el pasado Olmedo Clásico, confirma, una vez más, cómo dramaturgos como Agustín Moreto, autor del texto y de la llamada Escuela de Calderón, incomprensiblemente, son olvidados con el paso del tiempo por los autores dramáticos y el gran público. Esta aventura teatral de la compañía Morboria Teatro, en la que participan 17 artistas, es un canto a las comedias de enredo, a la danza, la música y al vestuario, según escribe Claudia Guinea, participante en el Curso de Análisis e Interpretación Actoral que lleva el nombre de Fernando Urdiales, organizado por el Festival de Olmedo Clásico. La interacción con el público y la ruptura con la cuarta pared son dos rasgos que definen, a juicio de la autora de la crítica, esta obra del Siglo de Oro.

Por CLAUDIA GUINEA

Morboria Teatro se yergue sobre el escenario y se abandera del recuerdo de las compañías itinerantes sin ningún tipo de vergüenza ni reparo, afortunadamente. Desde que comienza la mandola a sonar, el escenario cobra color y revela un ambiente clandestino, el ambiente de las conspiraciones y de las historias que quieren ser contadas.

La danza, la música, el espacio escénico, la aparición de los personajes, su llamativa caracterización tanto en su vestimenta, como en su maquillaje, peinados y uso de la palabra, todos los recursos expresivos están al servicio de la compañía. Se trata de un desfile en el que no solo se presenta a los participantes sino que se establece un juego con el público, tónica de toda la obra.

Todo en el escenario tiene por objeto llamar nuestra atención, engancharnos pero siempre desde un plano lúdico. El recurso más empleado para ello, y que quizá a mí me sugiera la imagen de esa compañía itinerante que comentaba antes, es la ruptura con la cuarta pared y consecuente interacción con el público: un personaje nos pide nuestra aprobación acerca de si va bien vestido, nos lanzan cubos con lo que uno piensa que debe de ser agua, y para amenizar la obra y que te tomes un respiro hacen varias paradas en la acción dramática para ofrecerte un número de baile o de canto.

“De fuera vendrá quien de casa nos echará”, de Morboria Teatro. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

Para entender De fuera vendrá quien de casa nos echará, deberíamos tener en cuenta un aspecto clave, la obra constituye un marco para la investigación. Y dentro de esta investigación podemos encontrarnos con los siguientes aspectos, cada uno valorará si son más o menos errados o acertados.

En primer lugar, yo advierto que dentro de la obra los personajes juegan en diferentes códigos. Así bien, observamos que el capitán Lisardo y doña Cecilia Maldonado o Chichón no se encuentran en una misma línea interpretativa, sin embargo, esto tiene una ventaja y es que refuerza que Lisardo, de alguna manera el burlador, quede más aún en evidencia al convertirse en el burlador burlado.

Esta escisión no se limita solo en la manera en la que cada uno interpreta sino en el mismísimo uso del verso. Así bien, el Alférez Aguirre hace un uso de este que, personalmente, me recuerda a la manera depurada que tienen de hacer los actores más reconocidos del teatro clásico en nuestro país, mientras que doña Cecilia y Chichón hacen un uso más cercano a nuestro habla cotidiano sin perder por ello el arte ni el respeto por el verso, podríamos decir que lo hacen habitable. Es más, me gustaría hacer una breve parada para reconocer esta labor.

“De fuera vendrá quien de casa nos echará”, de Morboria Teatro. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

El actor que interpreta a Chichón, Eduardo Tovar, hace del verso traje. Es tan bello escucharle hacer con la prosodia todo tipo de virguerías que uno ve cómo las palabras toman forma. Eduardo recoge cada verso y con primor nos devuelve imágenes y sensaciones. Así que cuando el pillo borrachín es tentado con un odre con bebida, es a nosotros a quienes se nos llena la boca de vino.

El espacio, una gran balsa constantemente compensada por los músicos, la escenografía y los actores es el tablero perfecto para que estos muñecos parlantes desarrollen la acción dramática. Insisto una vez más en que todos los elementos de significación teatral, como la luz, los actores, el espacio sonoro, la indumentaria, etc., están al servicio de la compañía para estimularnos y mantenernos atentos e incluso, una servidora añadiría las ganas de poder participar e interactuar constantemente.

Para poner broche final a esta opinión sí que me gustaría hacer un llamamiento a los actores y es que ante todo las armas en escena nunca deberían ser armas como tal, es decir, que no deberían poner en riesgo a ningún actor, la distancia de seguridad y la precisa ejecución de los ataques es más que suficiente para hacer de una lucha algo espectacular sin poner nuestro cuerpo en peligro.

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* Claudia Guinea fue alumna del
XIII Curso de Análisis e Interpretación actoral Fernando Urdiales, desarrollado en el marco del recientemente clausurado Festival de Olmedo Clásico.

“De fuera vendrá quien de casa nos echará”, de Morboria Teatro. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

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