Olmedo Clásico 2018 / La lluvia impidió ver el desenlace de ‘El Caballero de Olmedo’ en versión de Eduardo Vasco

Don Alonso, el caballero de Olmedo, y doña Inés. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

Representar El Caballero de Olmedo en la propia localidad que da origen a la leyenda es una de las devociones más grandes para los olmedanos. Eduardo Vasco, director de Noviembre Teatro, lleva marcada a sangre y fuego esta obra de Lope de Vega desde su juventud. Señala que es una historia con mayúsculas de la que se han hecho mil y una versiones, la última presentada ahora en Olmedo Clásico. Lástima que la lluvia no permitiera ver la conclusión de la obra de Vasco, una pieza que a la autora de esta crítica —alumna también en el Curso de Análisis e Interpretación Actoral que lleva el nombre de Fernando Urdiales— le tocó “el corazón, el cuerpo y la cabeza”.

Por CARMEN SANDOVAL RODRÍGUEZ

Lo bueno todo el mundo lo aprecia de forma intuitiva. Un sexto sentido nos dice que ante lo que estamos es “algo” que nos entra por los sentidos sin esfuerzo, de forma fluida y casi mágica, se nos cuela y toca lo que tiene que tocar… el corazón, el cuerpo y la cabeza.

Esto es lo que nos pasó al público que sentado bajo la lluvia escuchábamos casi “abducidos” los versos de El Caballero de Olmedo de la compañía Noviembre Teatro. Hasta los truenos y los relámpagos de la tormenta parecían formar parte del espectáculo.

Para los que somos amantes del teatro fue un regalo escuchar el verso con esa facilidad, entendiendo y disfrutando de cada palabra, creyendo el amor y la química entre Alonso e Inés, incluso deseando, como en mi caso, ser yo la Inés que cogía de la mano a Daniel Albaladejo para llevármelo al “huerto”.

Don Alonso, el caballero de Olmedo, y doña Inés. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

Bonito el sonido de la guitarra eléctrica que acompañaba sutilmente a la escena; bonito el vestuario elegante, con peso y con presencia por sí solo. Bonita la iluminación que envolvía creando luces y penumbras. Sencilla la escenografía pero suficiente para conseguir los espacios que se necesitaban. Un movimiento escénico preciso, limpio, elegante y coherente. Espacio sonoro pulcro y sorprendente para reforzar en ciertos momentos las voces de los actores.

El reparto actoral, dueño del escenario, pisando con rotundidad y capturando la mirada y el oído de los que allí estábamos disfrutando de todo lo que pasaba ante nosotros. En fin, una pena que la lluvia se volviera pertinaz y no se pudiera llegar al desenlace de la obra. Pero quizá mejor así porque ver morir a “este Caballero de Olmedo” sin duda alguna nos hubiera partido el corazón.

Habrá que seguir a esta compañía para poder llegar a ese final trágico y aplaudir con todo el agradecimiento este trabajo tan elegante y tan gustoso de ver.

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*Carmen Sandoval Rodríguez es
profesora en la Escuela Superior de Arte Dramático del Principado de Asturias y fue alumna del XIII Curso de análisis e interpretación actoral Fernando Urdiales, desarrollado en el marco del recientemente clausurado Olmedo Clásico.

Don Alonso y don Rodrigo se enfrentan espada en ristre por el amor de Doña Inés. Fotografía: Pío Baruque Fotógrafos.

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