Muere Ed King, de Lynyrd Skynyrd, grupo cuya historia es una crónica de sucesos

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La trayectoria de los integrantes de Lynyrd Skynyrd es un sinfín de sucesos y tragedias. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Pocos grupos han sufrido tantos reveses y desgracias como Lynyrd Skynyrd. Siempre se habla del accidente de avión, pero hay mucha más tragedia en esta banda. El guitarrista y autor de su emblemático himno, Ed King, es el último en caer.

Cualquiera que tenga un mínimo interés por este asunto del rock reconocería el ‘Sweet home Alabama’ a los dos segundos. La guitarra que introduce el tema es la del también autor Ed King, que acaba de fallecer, parece que de cáncer de pulmón a los 68 años. Es la más reciente baja de una de las bandas de rock que más calamidades han sufrido en su trayectoria vital.

El grupo disfrutaba de enorme prestigio y popularidad, acababa de sacar un álbum y se disponía a presentarlo en directo. Era octubre de 1977 cuando justo antes de subir al avión que habían alquilado, algunos de los que iban a montar expresaron sus dudas sobre el bimotor; así, alguien le dijo a Ronnie van Zant (cantante y compositor) algo así como “si Dios quiere que palmes en este avión, es el momento de subir”, a lo que él respondió simplemente “venga amigos, que tenemos que dar un concierto”. Montaron y un par de horas después ambos motores fallaron; el avión caía sin remisión pero tardó no menos de diez minutos en estrellarse. En total iban 27 personas a bordo, de las que murieron siete, entre ellas Ronnie, el guitarrista Steve Gaines, su hermana Cassie, corista, y el manager Dean Kilpatrick; otros sufrieron heridas muy graves que dejaron secuelas. Todos los aficionados al rock saben del suceso, pero hay más, mucho más.

Muertos aparte, uno de los peores parados de la catástrofe fue el guitarrista y fundador de la banda Allen Collins. Una vez en el hospital los médicos pidieron permiso a su padre para amputarle el brazo, que estaba en estado “catastrófico”, pero se negó y Allen conservó sus cuatro extremidades. El desastre le produjo otras secuelas. Tanto él como el guitarrista, compositor y fundador Gary Rossington confesaron sufrir horribles pesadillas que los llevaban una y otra vez a aquel avión; además, también mostraban un sentimiento de culpa: el síndrome del superviviente. Recurrieron a los calmantes y, desgraciadamente, al alcohol y otras drogas. Cuando ambos iniciaban una nueva etapa musical, la esposa de Collins, embarazada, murió de una hemorragia… Ante este panorama es fácil caer en la desesperación más absoluta: más drogas, más alcohol y, lamentablemente, accidentes de coche; en uno de ellos, en 1986, murió su novia y él quedó en silla de ruedas. No pudo participar en la reunión del año siguiente, no podía tocar. Cuatro años después murió de neumonía sin haber cumplido los 38. La desgracia se cebó con él.

El mencionado Gary Rossington burló a la muerte aquel fatídico día de octubre de 1977, aunque se rompió todo lo rompible: piernas, brazos, pelvis, costillas…, pero con unas cuantas placas de metal por aquí y por allá, se recuperó, aunque con fuertes y permanentes dolores en las piernas. El caso es que ya había evitado a la Parca un año antes, cuando, borracho, estrelló su nuevo deportivo contra un árbol, después de derribar un poste telefónico y chocar contra una casa. “El muy estúpido se desmayó al volante”, dijo Ronnie van Zant, que iba con él. A principios de siglo le detectaron gravísimos problemas cardiacos, por lo que le practicaron un quíntuple baipás. Hace tres años Rossington sufrió un infarto que lo mantuvo horas entre este y el otro barrio, pero volvió a esquivar la guadaña. El año pasado fue operado a corazón abierto con buenos resultados, entonces Gary confesó estar seguro de haber sufrido infartos en más de un concierto (el pulso del rock & roll debió sostener el de su corazón). Ojalá mantenga esa mala salud de hierro mucho tiempo… y desvele cómo ha logrado librarse tantas veces.

También el bajista Leon Wilkeson sobrevivió a aquella catástrofe aérea, aunque con “daños masivos”: enorme pérdida de sangre, fracturas múltiples en mandíbula y dientes, brazos y piernas; los informes certifican que su corazón se detuvo dos veces en el quirófano. Las heridas de su brazo izquierdo se infectaron y estuvo a un paso de perderlo. Se salvó del accidente, pero las secuelas se lo recordaron siempre: varios nervios de ese brazo sufrieron daños graves, lo que le restó mucha movilidad (desde entonces tocaba con el bajo casi vertical). Además, en los primeros noventa del siglo pasado, cuando iban en autobús a un concierto, alguien aprovechó que estaba dormido para rajarle el cuello…; se despertó casi ahogado por su propia sangre, pero salió de esa. Nunca se aclaró quién había sido ni porqué (seguro que las drogas influyeron), aunque entre los sospechosos estaban su esposa y el recientemente fallecido Ed King. En 2001, a punto de ir a juicio por conducir ebrio y/o drogado, lo hallaron muerto en su habitación de un hotel. Entre otros males, sufría enfisema pulmonar y cirrosis hepática, con lo que la ingesta de drogas sólo fue la gota que colmó el vaso, informó la autopsia.

El teclista Billy Powell fue de los que salieron del accidente con heridas menos graves, aunque estuvo a punto de quedarse sin nariz, ya que “se me rompió el cinturón de seguridad y me estrellé de cara contra una mesa”, explicó. Salió tan bien parado (eso sí, le hicieron una cara y una napia nuevas) que fue el único que pudo estar en el funeral de sus compañeros Ronnie, Steve y Cassie (los demás estaban convalecientes). En 2009 llamó a la policía y, entrecortadamente, dijo que no podía respirar y se mareaba. Cuando llegaron estaba inerte, intentaron reanimarle pero esta vez la Parca se lo llevó. Al parecer no había acudido a sus citas con el cardiólogo.

Otro de los supervivientes con daños leves fue el batería Artimus Pyle, que apenas se fracturó unas costillas. Tras ‘aterrizar’, él y dos afortunados más caminaron por el bosque donde se estrelló el avión hasta llegar a una casa, cuyo dueño al verlos se asustó y (típico de USA) sacó la escopeta y pegó un tiro al aire de advertencia. Pyle le gritó lo del accidente y todo se aclaró. Quien sí murió en accidente de avión fue su padre, que fue embestido por un reactor mientras pilotaba una avioneta. Artimus, que siempre fue el conciliador del grupo, nunca dejó de recordar y relacionar los dos accidentes que tantos seres queridos le habían costado. Sigue en activo.

Los biógrafos de Lynyrd Skynyrd especifican que las relaciones entre sus integrantes siempre fueron en tono grosero, altisonante y, a menudo, con violencia. Se cuenta que el solista, Ronnie van Zant, se sentía poco menos que un padre para los demás, aunque, eso sí, un padre alcohólico, iracundo y maltratador. También explican que Ronnie los encerraba en el local de ensayo (le llamaban la casa-infierno) durante horas y horas con un calor asfixiante. Aquel trabajo terminó por surtir efecto profesional, pero las giras continuas y una amplia, constante y segura provisión de alcohol y drogas envenenó las relaciones entre ellos. Entre las muchas peleas se recuerda una que comenzó en un bar de Munich y que continuó en el hotel; Ronnie estrelló una botella en la cabeza de un asistente y, con los trozos, cortó las manos de Rossington; al día siguiente tocaron, éste y Ronnie (que se lesionó tras soltar unos cuantos puñetazos) con las manos vendadas. En fin, las peleas entre ellos eran continuas y, muchas veces, sangrientas.

¡Pobres estrellas del rock! Para las de Lynyrd Skynyrd no ha habido ‘sweet home’.

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