El rock, fuente de fábulas y supuestas ‘conjuras’

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Según muchos, la muerte de Elvis es una auténtica confabulación intergaláctica. La imagen es una simulación.

Por CARLOS DEL RIEGO

El rock es filón inagotable de leyendas disparatadas, de historias de conjuras y maquinaciones que, por muy absurdas que sean, siempre cuentan con quienes están dispuestos y deseosos de creer.

A pesar de que cualquiera tiene a su alcance toda la información de manera casi instantánea, hay veces que la evidencia no es suficiente para convencer a quienes creen solamente lo que quieren creer; o sea, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pueden mencionarse abundantes creencias que circulan por ahí solamente porque hay criaturas deseosas de desconfiar de la lógica y dar crédito a la astracanada más delirante; por ejemplo, hay quien se obstina en defender que no hubo viaje a la luna aun cuando se desmonten sus ‘certezas’, y hay quien está convencido de que las vacunas producen autismo a pesar de que si fuera así más de la mitad de la población mundial sería autista, y lo máximo, hay quien defiende que la Tierra es plana aunque vea un partido de tenis en Australia con el sol en todo lo alto mientras aquí es noche cerrada. Sí, las fábulas y los cuentos, cuanto más enloquecidos parezcan, más van a convencer a ese sector de la población que se dice a sí misma “a mí no me engañan”. Evidentemente, el terreno del rock es fértil para el crecimiento de imaginarias confabulaciones y delirantes historietas.

Muy divertida por lo esperpéntica es una que asegura que Stevie Wonder ve, o sea, no es ciego y ha estado simulando, como montaje publicitario, durante toda su vida. El origen del supuesto complot (pues muchos tendrían que contribuir a la farsa) está en un intrascendente incidente durante un concierto que dio con Paul McCartney en 2010. Al pasar por delante de él, Paul golpea un pie de micro que se tambalea y va a caer, pero antes lo recoge al vuelo Stevie…, eso es suficiente para que la fábula tenga quien la de por cierta. La cosa es fácil, Paul choca con el micro que Stevie tiene delante, oye el golpe (tendría pinganillo), extiende el brazo y el pie cae sobre éste. Es desconcertante pensar que alguien esté convencido de que miles de personas se han confabulado para mantener engañado al resto del mundo por los siglos. Quien vea una foto de Wonder (que perdió la vista siendo bebé) sin gafas se reirá del asunto, como se ríe él cuando se lo comentan.

Demencial es la que asegura que en la portada del ‘Breakfast in America’ de Supertramp (publicado en 1979) se anuncia el atentado terrorista contra las Torres Gemelas del 11-9-01. En esa portada se ven los edificios de Nueva York (simulados) con una sonriente y rolliza camarera que sujeta en alto un vaso de zumo imitando a la Estatua de la Libertad, y coincidiendo el vasito justo delante de las Torres; luego, para que la cosa ‘funcione’, hay que mirar la imagen en el espejo, y entonces la p puede parecer un 9 y la u el 11; y si a ello se suma que están justo sobre las Gemelas y que los ataques se perpetraron a la hora del desayuno (breakfast), los que ven fantasmas por todas partes no necesita más para convencerse de que los que idearon esa imagen sabían lo que iba a ocurrir 22 años después.

Hasta el ingenuo ‘Hotel California’ de los Eagles tiene su ‘leyenda negra, pues ciertos ‘enteraos’ descubrieron en su letra referencias al satanismo, a la muerte, a la bestia, al infierno; además en la foto interior del Lp, en el triple arco de arriba a la izquierda, se ve una borrosa figura que se dijo era algo así como el fantasma del inventor de la iglesia de Satanás (¡toma ya!); y finalmente se rumoreó que las fotos están tomadas en terrenos sagrados. Más que suficiente para señalar la intención satánica. El caso es que las letras ni se acercan, la figura misteriosa es una modelo y las fotos son en hoteles. ‘Misterio’ resuelto, pero nunca se podrá convencer a los que creen que todo es un aquelarre.

Todo rockero muerto que se precie tiene que poder exhibir alguna sospecha conspiranoica. Así, existe la creencia de que a Jimi Hendrix lo mató su manager, Michael Jeffrey, pues éste le había hecho firmar un seguro de vida con él como beneficiario, así que le dio los barbitúricos; claro que también se ha escrito que fue la mafia la que acabó con el artista. La muerte de Bob Marley, siendo tonta, no tiene pegas; le hicieron daño en un pie jugando al fútbol y cuando fue al hospital le detectaron un cáncer, él no quiso operarse por cuestiones religiosa y, cuando se decidió, era tarde; sin embargo, se ha especulado que fue la CIA, a la que molestaban sus mensajes pacifistas, y que un agente le dio unas botas que contenían un alambre con veneno y que cuando se las probó estaba sentenciado (desternillante). No podía faltar el asesinato de John Lennon entre la lista de fabulaciones; un tipo dijo que la CIA y el FBI querían acabar con él porque se manifestaba contra la guerra, y que para hacer el trabajo contrataron a Stephen King (sí, el escritor), ya que el tipo estaba convencido de que el de la foto en la que se ve a Lennon firmándole su último autógrafo es el famoso novelista.

Claro que si se trata de rumores y maquinaciones en torno a la muerte de una estrella, Elvis está por encima de todos. Los adeptos a las tesis del complot y la conspiración han encontrado cantidad de ‘pruebas’ de que Elvis no murió, sino que quiso apartarse de la fama (y cuidar de su salud) fingiendo su muerte para vivir lejos del mundanal ruido: una, la autopsia señaló como causa de muerte una arritmia, pero (dicen) eso no se puede ver en un cadáver; dos, la autopsia está legalizada con un sello muy antiguo y que ya no se usaba en aquel momento; tres, hay quien asegura haber visto algo parecido a sudor en el rostro de Elvis cuando estaba en su ataúd, lo que querría decir que era una figura de cera o algo así; cuatro, nadie ha cobrado su seguro de vida; cinco, en su lápida de su casa-museo, Graceland, su nombre está mal escrito (pone Arón y debería poner Aarón); seis, alguien reservó billete de avión a Argentina con el nombre que usaba Elvis para viajar de incógnito. Como puede comprobarse, son ‘evidencias irrefutables’. También está la variante ‘federal’ que asegura que el rey pertenecía al FBI y que, como sabía demasiado, se le metió en un programa de protección de testigos y desapareció. Y luego están los que aseguran, juran y perjuran haber visto a Elvis vivito y caminando…, avistamientos tan cotidianos como los de los ovnis. Lo que no es mentira es que el FBI tiene información sobre el cantante, aunque esto se ha aprovechado para afirmar que en ese dossier hay cartas firmadas por Elvis con fecha posterior a agosto de 1977.

¿Será cierto que cuanto mayor sea la mentira es más fácil engañar?

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