Nueve poemas de Hafsa bint al Hayy (al-Rakuniyya), poetisa andalusí del siglo XII

La poeta andalusí Hafsa bint al Hayy (s. XII). Pintura de J. L. Muñoz.

Continuamos en TAM TAM PRESS con la sección de poesía antológica, denominada “LOS POEMAS COLGADOS” *, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez Eloísa Otero. El vigésimo primer autor que llega a esta sección es Hafsa bint al Hayy (Granada, 1135-Marrakech, 1191), también conocida como al-Rakuniyya  o Perla de Granada, una de las más célebres poetisas de al-Ándalus, en plena Edad Media. Hija de un noble bereber, vivió su infancia y juventud en la ciudad que la vio nacer, recibiendo una exquisita educación. Mujer culta y atractiva, tuvo una vida intensa y consiguió expresarse en sus versos con absoluta espontaneidad y libertad, y con un lenguaje sencillo. “Fue única en su tiempo por su belleza, elegancia, cultura literaria y mordacidad”, en palabras del poeta Ibn Al Jatib.

Hafsa escribió poemas de amor —sobre los que gravitan los celos, el miedo, las citas secretas…—, pero también satíricos y de elogio. Mantuvo una doble y conflictiva relación, por un lado con el poeta granadino Abu Yafar —a quien se unió en 1154, y a quien dedicó muchos de sus poemas— y por otro con el gobernador almohade de la ciudad, el príncipe Abu Said, que se enamoró perdidamente de ella. En 1163, tras la muerte de su primer amante —encarcelado y crucificado tras haber colaborado en una rebelión contra el gobernador—, Hafsa volcó su dolor en versos punzantes, se puso el hábito de viuda y desafió las amenazas del gobernador. Sumida en la tristeza se retiró de la Corte, abandonó la poesía y se volcó en la enseñanza. Acabó viviendo en Marrakech invitada por el califa Al Mansur, y allí dirigió la educación de las princesas almohades desde 1184 hasta su muerte en 1191.

Está considerada una gran poeta, al nivel de los poetas varones de su época. Y gracias al interés de la familia Banu Said (linaje de su primer amante Abu Yafar) por mantener su legado, se han podido conservar 17 obras de su autoría.

Poemas de Hafsa bint al Hayy (s. XII)

:: Poemas de Hafsa bint al Hayy, al-Rakuniyya

Dile a ese poeta…

Nos hemos librado de ese poeta
porque se ha caído sobre la mierda, pero dile:
Vuelve a tu pozo, hijo de la mierda,
igual que hace la mierda.
Y si vuelves a vernos algún día,
verás, oh tú, el más despreciable y vil,
sin discusión, de entre los hombres
que esa es la suerte que te espera
si andas medio dormido.
¡Barba que ama la mierda y odia el ámbar,
que no permita Dios que nadie vaya a verte
hasta que te hayan enterrado!

Respóndeme enseguida…

¿Vienes tú a mí o voy yo a tu lado?
mi corazón se inclina hacia lo que tú deseas;
mis labios son aguada dulce y transparente
y mis bucles ramas que dan sombra;
espero que estés sediento y ardiente
cuando llegue junto a mí la hora de la siesta.
Respóndeme enseguida…

Elogio aquellos labios porque sé
lo que digo y conozco de lo que hablo,
y les hago justicia, no miento ante Dios;
en ellos he bebido una saliva
más deliciosa que el vino.

Un visitante llega a tu casa:
su cuello es de gacela,
luna creciente sobre la noche;
su mirada tiene el embrujo de Babilonia
y la saliva de su boca es mejor
que la de las hijas de la parra;
sus mejillas afrentan a las rosas
y sus dientes confunden a las perlas,
¿puede pasar, con tu permiso,
o ha de irse, por alguna circunstancia?

A Abu Yafar

Tú, que presumes de arder
en más encendido afecto,
sabe que me desagradan
tu billete y tus lamentos.
Jamás fue tan quejumbroso
el amor que es verdadero,
porque confía y desecha
los apocados recelos.
Contigo está la victoria:
no imagines vencimientos.
Siempre las nubes esconden
fecunda lluvia en el seno.
Y siempre ofrece la Palma
fresca sombra y blando lecho.
No te quejes; que harto sabes
la causa de mi silencio.

Dama de la hermosura y la nobleza, cierra los párpados,
benévola, ante las líneas que trazó mi cálamo, y míralas
con ojos de cariño, sin prestar atención a los defectos
del contenido y de la letra.

Envío un saludo, que los cálices de las flores abre
y hace zurear a las palomas en las ramas,
a quien ausente está, pero mora en mis entrañas
aunque mis ojos no puedan verlo.

Siento celos de mis ojos y de mí misma,
de ti, de tu tiempo;
aunque te encerrase en mis ojos hasta el día del juicio,
no estaría satisfecha.

Una mujer de mi rango no puede llorar
un amor de felonía.
Mis plañideras a sueldo
te llorarán por mí en el ocaso.
No me delatará mi garganta ya muerta,
ni podrá pronunciar nunca más tu nombre.
Las cantoras desmayarán las casidas
que bajo falso nombre te he escrito.
Enmohecidos rabeles se pudrirán de abandono
tras las celosía de los patios.
El ruiseñor de nuestras encuentros
será atravesado por sagita de mi ballesta.
Sólo la almohada de azahares
conocerá el amortiguado llanto
y la expiación de mi orgullo.

Quien te cantó entre los granados
es hoy mujer de zarza y ortiga,
por sus pezones rezuma
leche cuajada de adormidera.
¡Ay, qué muerte tan cuitada me diste!
¿Qué será de mí en las auroras
sin la brasa de tu piel
en el sepulcro frío mi lecho?

Por vestirme de luto me amenazan
por un amado que me han muerto con la espada.
¡Qué Dios tenga clemencia con quien sea
liberal con sus lágrimas,
o con quien llore por aquél que mataron sus rivales,
y que las nubes de la tarde,
con generosidad como la suya,
rieguen las tierras donde quiera que se vaya!

[* Versiones realizadas a partir de comparar traducciones de distintas antologías]

— — —

“LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de la poesía, la Gran Republicana.

 

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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