Museos y cosas de todos

Por LUIS GRAU LOBO

Señor Puente, presidente de la Fundación Museo Diocesano y de la Semana Santa de León, se sorprende usted en reciente testimonio periodístico de la falta de entusiasmo monetario de los ciudadanos en general y cofrades en particular para financiar con su soporte económico el proyecto en marcha de ese Museo. Pero los museos ya no ilusionan como solían. Hay demasiados, y demasiados entre ellos no responden a lo que los profesionales entendemos como museos: lugares donde se educa la opinión crítica del ciudadano, lugares donde se dice la verdad –aunque moleste– y se debate y argumenta, o lugares donde se duda de ella. Lugares que si son de todos, son de todos.

Y este museo suyo se anunció como de todos, pero ¿lo es? Atendiendo a la financiación, sí, por supuesto, pues aunque usted esté decepcionado por el ruin resultado de la suscripción popular, lo cierto es que la financiación de ese nuevo Museo de la Semana Santa de León es cosa muy popular y a ella contribuimos todos, desprendidamente. Se dice que la Junta ya ha puesto un millón doscientos mil euros, el ayuntamiento medio milloncito y, ‘last but not least’, la Diputación, ahora pone 200.000, y anuncia otra hornada hasta casi empatar. Pero ese dinerito no lo pone sobre la mesa otro que no sea el ciudadano. ¿Hay que recordarlo? Esas instituciones solo lo administran: hablamos de otra suscripción popular, en este caso obligatoria.

Un museo, por otra parte, del que aún no se conoce proyecto, estructura, autorización, pero que ya nos ha costado a todos cerca de dos millones de euros, menos de la mitad del presupuesto total, dicen quienes hablan siempre y en exclusiva solo de su parte arquitectónica. Euros otorgados gracias a subvenciones nominales concedidas sin condiciones, con unos controles para su gasto que para sí quisieran gentes que hoy y mañana animarán las comisiones de investigación…

Además, a principio de año, ese listado de contribuyentes estuvo aireándose en prensa y carteles urbanos con exhibicionismo sedante en el primer caso, para llamar a la contribución voluntaria, y remataba las cuentas con una enigmática aportación, la de la Diócesis de León: «cesión del edificio-sede», decía literalmente. ¿A quién se le cede ese inmueble y en qué términos? Igual había que inmatricularlo, por si acaso…

Poco importa que la Diputación contravenga su ámbito de actuación, pues no nos encontramos en un entorno rural o necesitado de su amparo. La Junta, por su parte hace caso omiso caso a su propia normativa de museos, razón por la cual las subvenciones (o lo que sean) salen de la Consejería de Fomento, no de la de Cultura, supuestamente más relacionada con el tema. Aunque quizás no: hace tiempo que los nuevos museos se basan en cifras de visitas y rentabilidad (supuestas, claro) y, por supuesto, en «impactos» de esos que mencionábamos el otro día aquí mismo. En fin, señor Puente, que tenía usted razón, se anunció como de todos y, en efecto, lo es. ‘Malgré nous’.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 18 de noviembre de 2018,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

Un Comentario

  1. Ignacio Fernández

    Oremos. Por imperativo administrativo.

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