Nueva publicación de ‘Rilhafoles’, la revista del Círculo de Lisboa que se hace en León

La revista dirigida por V. Karbajc alcanza su número 9 y en esta ocasión se centra en el mundo de los sueños.  El diseño es de David García Casado e incluye  fotografías de Elena Lafuente Alonso y textos de Diego Alfaro Palma y José Miguel López-Astilleros. Como es habitual está dedicada a la memoria de Ângelo de Lima. Y solo se puede adquirir en la Librería Galatea (León).

Por JOSÉ N. FUENTES CELADA
Desde astorgaredaccion.com

El número 9 de ‘RILHAFOLES’ está dedicado a los sueños. La revista ha afianzado su formato desplegable hasta convertirse en aeroplano o mapa para que el curioso lector lo use como ‘parasubidas’ o en viaje hacia sus sueños, a esa luna-niña de luz que escapa de alta mar.

Este ‘parasubidas’ / ‘parasusvidas’ con potencialidad de pajarita, despliega en su cara fotográfica ocho imágenes de Elena Lafuente Alonso, distribuidas en dos columnas. Al menos una columna de imágenes, cuatro de ellas, tiene el aire de los sueños, de inquietante colorido, ese de los aeroplanos del calor, que consigue que imágenes tan familiares resulten extrañas.

Rilhafoles #9. © Fotografía: Elena Lafuente Alonso.

Una caravana aparcada bajo una luz naranja de tormenta, carraspea Jove el gargajo trisulco. Una pista de coches de choque cubiertos con sus mantitas como infantes de guardería a la hora de la siesta. Un exterior de una peluquería con su reclamo rojo y azul abrazando el blanco o como ustedes quisieran. A  la izquierda de la puerta de la barbería otra puerta más siniestra, a su vera el pelícano impregnado del rocío, como para goce de párvulos monofisitas y/o pentecostales.

Rilhafoles #9. © Fotografía: Elena Lafuente Alonso.

La otra serie de cuatro fotografías parecen ser la cruz de las pesadillas, con un cierto rubor humorístico, la masa cero de una cría de gorrión o de pelícano malogrado. El único ojo vivo es el de la báscula insensible al peso de la nada, de la levedad, como antítesis a Ítalo Calvino de que la verdadera levedad fuera la del no ser, la del arrullo (de pombas, psicopompas) de dobladoras penas…

Rilhafoles #9. © Fotografía: Elena Lafuente Alonso.

Cuando la ‘pomba’ finalice el vuelo y la revista pose replegada, ‘empajaritada’ en la estantería, dos de estas fotográfías dan la portada y la contraportada de Rilhafoles:

‘RILHAFOLES. Revista del círculo de Lisboa 09’. La foto de portada es neblinosa, más bien oscura. He tentado de verla en lo más oscuro, cuando los ojos se hacen a la negrura, por ver mejor sus detalles. Una transición en el tiempo a un paisaje más fantástico y maravilloso, el preludio a revelaciones importantes. Este trabajo de mi pupila, -“¡Mais, cher Satan, je vous en conjure, une prunelle moins irritée.!-” me deja ver en la parte media de la foto como una alacena blanca con una inscripción tipográfica, sobrevenida, que de ver más ocuparía todo el espacio de la foto. -…AND…-Bueno, ‘y’…. Un nimbo en la parte inferior de la fotografía, que aureolaría de prolongarse toda la revista en su despliegue. Un cuerpo sentado sobre flor de loto…

Contraportada de Rilhafoles #9.

La foto que juega a ser contraportada contiene el índice con uno de sus guiños portugueses, si no lisboeta. La puerta, de hierro calado a lo mudéjar está cerrada; pero advierte “É FAVÔR FECHAR A PORTA”. Nueva invitación a la paradoja. Toda puerta se abre a un misterio e invita a atravesarlo. ¿Una invitación al viaje hacia tus propios sueños…?

Cerrada la puerta, ya desde el interior, mirar el espacio del verso, el reverso. El sueño dice Frédéric Gaussen, “nos aparece como la expresión más secreta y más impúdica de nosotros mismos.” Moriré sin conocerme, pero eso ya ha dejado de dolerme.

Los textos

Dos son los escritos en esta ocasión: en ‘Los sueños de los sueños de Kurosawa’ de Diego Alfaro Palma, el animismo es lo común a estos sueños. De partida los sueños de Kurosawa pueden asimismo soñar y ser soñados, cuando sueñan serán sueños al cubo, cubicados. Esa ensoñación en el sueño puede ser atribuida a los perros, al agua, a las sombras, a Elvira Hernández, que debe ser prima segunda de Felisberto Hernández, a los estudiantes, y a Zurita. Como lo que leemos son solo fragmentos no podemos saber si los sueños de los sueños de Kurosawa soñados por otros, tal vez los otros de su sueño base o de quienes lo hacen posible, recomponen un puzzle. En cualquier caso en estos sueños de sueños hay quietud y maravilla y tal vez oro en vetas. Tal vez cuando Elvira Hernández entre en el último piso del edificio Kavanah, en Buenos Aires, donde habita Kurosawa el escritor, alguien más entra en ese sueño ¿El de Kurosawa o en el que lo sueña?

El sueño del sueño de Kurosawa se hace sueño del escritor. Aquí se desvela que este soñar es un soñar de otro, soñando lo que sueñe Kurosawa. No me resisto a copiar uno de los fragmentos más sugerentes: “En  los sueños de los sueños de Kurosawa el silencio es amarillo en el ángulo de una hoja. Árbol perenne, bosque japonés, azul a lo lejos, esparce su semilla en la pantalla para que nuevos árboles y sombras renueven la tierra y el poema respire.”

El otro texto “El delfinario de los sueños”, pertenece a José Miguel Astilleros. Son 14 fragmentos, no sabemos si en el mismo orden del escrito original o si son fragmentaciones de textos ordenados por el editor. Esto dificulta la hermenéutica. Todos los fragmentos comienzan “Soñé…”. Una pregunta de Borges inscrita como cita es el detonante de las 14 respuestas: “¿Quién serás esta noche en el oscuro sueño, del otro lado de su muro?”

Y a lo que parece el escritor es él mismo cada vez más (a)cercado a sus fantasmas. De cuando en cuando llega hasta tocarlos, solo una debilidad, cuando le toca la muerte, que le visita en un sueño, el escritor se sentirá capaz de renunciar a lo que más había amado –“pleurant celle qui crut m`aimer”-: como el disfrute de la lectura de John Barth, de Pynchon, de Tolstoi, de Camus, de Kafka, de Cârtâescu, de Nabokov, del Bardo Thodol auscultado en un filme de Bill Viola, de Rilke, el poeta, de Chéjov, de Alejandra Pizarnik, de Cortázar que le habría regalado por teléfono un cuento del otro lado de las palabras. En fin que la muerte hasta en un sueño es una revelación, que le puede hacer perder la vida entera, renunciar a todo lo vivido, empozándole el alma. A no ser que fuera para volver a leer todos esos libros de renuncia como por vez primera.

“Soñé con los labios prohibidos de las mariposas de Nabokov.” Reza uno de estos fantásticos fragmentos.

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