Calendario (3)

Calendario (3). © Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anuncia que va a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesita un cambio de rumbo… Y abre nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su tercera entrega:

CALENDARIO

3

Por AVELINO FIERRO

Vuelvo tarde a casa y no ha parado de llover. Estamos a mediados de febrero de 2019; y, sin embargo, llueve. Deberían posiblemente suceder otras cosas, mugir el cierzo frío, desmoronarse el azul de un iceberg, que los políticos recorrieran los barrios esta noche explicando los tantísimos imponderables o incluso que yo hubiera visto apagarse la luz de enfrente en la cocina de ese vecino que sé que vela desde hace tanto tiempo. Hasta daríamos por buena cualquier otra situación límite. Pero llueve. Y yo vuelvo a casa. Oliendo a la fritanga de las tabernas. Pensando que tendría que escribir sobre la noche, azabache, y de todos los deseos reflejados en los charcos. De esos deseos que he sentido estos largos minutos volviendo a casa. De todos ellos. De adolescentes besándose, ajenos a la lluvia. Del anciano al que oigo respirar en la residencia y quiere morir casi sin ruido; del energúmeno del penúltimo bar y del tipo sucio del estanco. De la maldad deseando a solas, relamiéndose. Del marroquí al que he visto mirar fijamente en la lavandería con horario nocturno. De la chica de las tetas grandes que pasea a tres perros en el parque. De mí, que deseo. De todas las plegarias por el amor desatendidas, perdidas como esos corazones dibujados en el vaho de los cristales. Del pasado que a veces añoro por culpa de la rutina de estos días iguales. De aquel alboroto del agua, que una vez llegó a inundar la Tierra, sus valles y montañas. De esta lluvia que vuelve hoy, cansándonos, aburriéndonos a todos con su flema. Que está calando poco a poco la torre de ladrillo de la iglesia. Que es la misma de siempre, aquella de mis rodillas ateridas y ganglios inflamados. Con ese murmullo con el que pretende quitarse años. Y que vuelve hoy de noche, obstinadamente, testaruda, liviana.

4 Comments

  1. Me da un poco de pena, Avelino, esa decisión tan drástica. Espero que lo tengas bien pensado, sería una pena.
    Anoche te vi, creo, en la presentación del libro de Escapa., pero llegué tarde y me fui pronto. No oía nada de nada.
    los

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  2. … y llegarás a casa… y habrá días de sequía… y añorarás la lluvia de mediados de febrero. Nosotros resistiremos sin tu diario… porque está ahí, en tu pixelado calendario: breve, y abierto, lleno de escenas reconocibles, que son tuyas y también nuestras. Gracias por tu calendario, de esos días y de estas tus noches que desgranas para guiarnos por tu verdadera ciudad llena de escenas de soledad, de amor, de titilantes sombras y brillos: escenas líricas que nos ayudan a entrar en la primavera sin llegar a olvidar el invierno.

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  3. El recurso al splen baudeleriano del flanneur solitario que recorre las calles pensando que debería escribir sobre lo que va viendo y pensando, y lo va contando según camina por la ciudad lluviosa y vacía, lo borda aquí Avelino, consiguiendo elevar a lirismo urbano hasta los charcos que encuentra al pasar camino de su casa. La intensidad va in crescendo hasta el final.

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