Calendario (5)

Calendario (5). © Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anuncia que va a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesita un cambio de rumbo… Y abre nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su quinta entrega:

CALENDARIO

5

Por AVELINO FIERRO

No sé si puede oírse el viento que riza el agua y hace enloquecer aquellos setos de mirto. Qué hago estos instantes solo en el Sur si no acierto a ver con el tacto, y la mirada se porta como un lazarillo descreído. Paisajes dormidos en el aire y cuerpos en la sombra. Todo un mundo presentido que me ronda y me lleva a un incierto desvarío. Hay una verja blanca de filigrana y un patio con brillo como de armiño en la casa de José Luna. Aquí venimos. A sentirnos un poco más serenos, a descansar del bullicio de la luz. Iglesias, azahar, cernícalos sobrevolando la Giralda, estas calles en las que creció Velázquez, los cuadros sobre el final de la vida en el Hospital de la Caridad, otros prodigios que han estado palpitando en la mañana. En la estancia giran en remolino las notas de un piano. Momentos que hieren mis pasos como un friso de ortigas. Y doy en pensar, en echar cuentas de mi vida, por si anduvo uno tanto tiempo en afanes que a la postre sirvieron de poco, por si todo tendría más sentido cambiando de rumbo, aprendiendo a respirar de otra manera, a caminar con los brazos desnudos, a esperar que la tarde cayendo ponga su verdirrojo en los olivos. Cosas así. Deseos fugaces, como aquel esbelto adolescente entrevisto que describe el poeta y le hace derramar lágrimas por ser más que un hombre. Lágrimas que llegan a través de una especial sonoridad del aire hasta aquel otro poema de Biedma sobre sus noches de niño. Esta vida que me cierne ahora con sus leves tintineos me desconcierta. Todo el tiempo es un eterno presente… Pero este mundo no es el mío, bien lo sé; si me pongo a pensar ya lo remedio, si salgo de este enmimismo. Yo también tengo mi luz, mis nubes –míralas, míralas tú también ahora, doradas en sus mechones, al final de esta tarde triste y tonta de domingo, mientras recuerdo y escribo–, mis patios sin limonero, mis álamos temblando en las riberas, y la flor en los espinos.

  1. José Luna Borge

    Preciosa evocación que trasciende el instante para convertirse en una honda meditación sobre la propia vida y sus derivas.b

  2. José Luis Avello Álvarez

    Humanizar los exteriores para convertirlos en tus interiores es una constante en este tu calendario. El regalar tu intimidad se agradece para poder sobrevivir a este mundo tan anodino que nos ha tocado vivir. Menos mal que vosotros, los líricos, nos abrís esas barreras que nos transportan a ese deseo de crear nuestro enmimismamiento.

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