Vivir, dormir, tal vez votar (7)

Por LUIS GRAU LOBO

Se atribuye a Paul Auster un aforismo sobre los europeos según el cual habríamos inventado un sistema para aliviar las tensiones nacionales y territoriales merced a un espectáculo y deporte de masas inocuo en apariencia como (casi) todos los deportes y espectáculos. A esa válvula de escape le llamamos fútbol, de manera que entre ligas, Champions, mundiales y eurocopas las rencillas vecinales se solventan en un prado con líneas blancas rodeado de gradas con febriles portadores de banderas y soflamas que jalean a sus correspondientes paladines. Algo así como el torneo medieval en que dos caballeros se enfrentaban en una especie de juicio divino para evitar una guerra o dirimir un conflicto con un solo y decisivo desafío individual, siguiendo remotos códigos de honor. Solo que en esta pugna dios se llama Lionel Messi.

Sin embargo da la impresión de que ese tiro sale ahora por la culata. De tanto usarlo, el fútbol se ha convertido en prototipo de comportamiento. No solo entre los tuiteros del mundo adelante, sino, sobre todo, en las arengas políticas. En la barra del bar (léase rueda de prensa) se dicen cosas sin pensar y después se pasa uno el día rectificando o practicando el donde dije digo. Así también los lemas de campaña: ‘¡Vamos!’, clama Ciudadanos como un hincha del Hala Madrí. ‘Haz que pase’, desea el PSOE no se sabe si rogando para que su equipo supere la eliminatoria o ansiando el cumplimiento de los noventa minutos por lo apurado del resultado. ‘Valor seguro’ dicen en el PP para disimular lo contrario. ‘Por España’, vocifera Vox, cual cantilena de Manolo el del bombo.

El comportamiento de ciertos líderes tiene como referente lo peor del hooliganismo. Poco o nada importa su ‘programa’, transformado en meros alborotos que cambian cada mañana según el viento imperante y albergan altísimos niveles de testosterona y odios africanos. Por su parte, los medios de comunicación se exhiben a su vez como la prensa deportiva del lunes: jalean a los suyos sin importar qué sucedió, cómo o por qué. Más aún: desdeñando la cantera, esta temporada el mercado de ‘fichajes’ ha dado un vuelco hacia los de relumbrón, provengan de donde sea, aunque a menudo salen rana y se van a otro equipo a la mínima o acaban calentando banquillo para que no se note mucho el fiasco.

Otrosí. A causa del disputado voto del señor Cayo en provincias que antes eran burgos podridos y ahora son eje de campaña, lo imprevisible de los resultados hace de estas elecciones espacio para profusas imaginerías. El mago de Oz, por ejemplo, retrata la marcha de las derechas sobre su sendero de baldosas amarillas. Casado recuerda al espantapájaros en ansiosa busca de un cerebro, Rivera al hombre de hojalata en pos de un corazón y Abascal tiene toda la pinta de ser un fiero león desprovisto de coraje. Llegan a Oz y se van todos a casa de Bertín a pinchar algo. Y a ver el partido.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 21 de abril de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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