Salir de la rotonda

Por LUIS GRAU LOBO

Cada cierto tiempo la DGT se empeña en recordarnos cómo se toma una rotonda, por dónde se sale de ella, la manera en que se ha de circular en su interior. En vano, pues cada vez que nos metemos en una de ellas (la de Carrefour, la de Santo Domingo…) comprobamos que el peligro se cruza con nosotros en forma de desbarajuste y capricho sobre ruedas. Más aún, hay quienes nos pitan como si fuésemos nosotros los que circulamos mal por el carril exterior sin apartarnos o frenar para que ellos salgan desde el interior cuando les venga en gana.

Algo parecido sucede con los giros al centro del PP, que acontecen periódicamente con la primavera, como las alergias al polen. ¡Giramos al centro! clama el líder tal el contramaestre de un navío corsario en plena refriega. Todo a babor. Pero no es tan sencillo como en la mar océana. No se puede cambiar de ideología con la misma tripulación que has elegido, precisamente por su ideología, para otro rumbo. No se puede ir al centro con Cayetana, Díaz Ayuso o Suárez Illana, facundos muñidores de imperecederas declaraciones. Tampoco se puede viajar a ese centro manteniendo el mismo cuaderno de bitácora, esto es, el mismo programa y las manifestaciones públicas que marcaron un derrotero seguro y firme hacia la derecha extrema, ruta ya ocupada, por cierto. Es difícil creerse ahora que con Vox a ninguna parte, según afirma el lustroso líder, cuando hace dos días (dos justos) se afirmaba lo contrario, que estarían en el gobierno con Vox. Y cuando siguen gobernando gracias a ese partido en Andalucía o cuando dentro de un mes veremos cómo recurren a su apoyo para gobernar ayuntamientos y autonomías. No se puede creer. A no ser que se trate de una declaración fatua, sin fundamento, destinada a engañar al elector y recuperar su confianza perdida a base de afirmaciones resumidas en: diré lo que queráis con tal de que volváis a votarme. No se puede a no ser que se pretenda salir de la rotonda por donde a uno le dé la gana.

A veces esas salidas temerarias reciben justo escarmiento: la guardia civil de tráfico está cerca y requiere al infractor. Le pide entonces alguna explicación para su comportamiento y recibe a cambio tópicos que no explican nada: que si socialdemócrata, que si liberal, que si centro-derecha… A uno le gustaría que esas etiquetas fueran definidas, aclaradas, explicadas, para que dejen de ser eso, etiquetas, disculpas, lugares comunes huecos. Y no tanto para que los electores sepamos a qué se refieren con ellas, sino sobre todo para que sepamos si ellos lo saben. Y es que da la impresión de que con esas etiquetas pasa como con las rotondas: cada cual toma la salida como y cuando se le antoja.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 5 de mayo de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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