Envío 39 (portal de Belén, cuatro palomas, calle de sentido común…)

Collage de Kokotera con adelfas de casa G., grafiti de Basquiat y dibujos de Pablo JeJe.

Nuevo envío del poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez, dentro de su sección “Despierto y por la calle”, con sus anotaciones instantáneas, pequeñas iluminaciones, retratos fugaces…

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

(en memoria de Manuel Ángel Robles, Manu, inspector risueño de la ciudad)

Informe en un mail:
“Ayer por la tarde, cerca del Albéitar, vi aparcada media docena de scooters (Vespas y Lambrettas de mis tiempos) muy rechulos y creí ver a un grupito de modernos de hace medio siglo, dispuestos a acudir esa noche al baile de los vampiros en la discoteca Club 12. Había un flequillo como aquellos ibéricos de entonces, la raza cambia poco; y había otro que, para tenerlo, se peinaba la calva al estilo rastrillo Anasagasti. Caí en la cuenta: ah, es que es el Purple Weekend, vuelve todos los años. Y que dure. Y que yo pueda verlo. Qué antiguos somos los modernos”.

Portal de Belén. En un café, la sagrada familia: la madre rolliza morena, vigilante, muy joven, el niño dormido en la silla-cuna, el padre haciendo la quiniela con la ayuda del móvil. Escena silenciosa y con aura.

Creí que eran medicamentos”, me dijo en el mercado un vendedor de hortalizas, cuando no quería echar en mi bolsa la lechuga que le había comprado, porque había visto en su fondo un paquete pequeño, cuadrangular, envuelto en papel fino. El respeto del hortelano por las medicinas es el mismo que el mío: son cosa temible y excepcional. Sólo se pierde el respeto a las farmacias si vemos al entrar pastillas pectorales, jarabes de colores, simples tiritas. Todo lo contrario de los viciosos que ven en las boticas dispensarios de excitación y placer.

Una costumbre de aquí, las cabezadas. Es un saludo, tú le dices adiós a alguien y él te responde dando una cabezada, acompañada, como mucho, de un Jum que no pasa del cerco de los dientes, como decían los antiguos.

Si tuviera que hacer una película futurista sobre la ciudad, sobre esta ciudad, la abriría con un plano general donde se verían todos los edificios cubiertos por grafitis, todos, desde el suelo hasta el tejado, incluidos los llamados grandes monumentos, incluida la catedral. Una panorámica del conjunto y sucesivas tomas de las fachadas, calles, como una nueva piel de la ciudad.

(Segunda toma)
Reflexión al ver con qué maestría representaban los sumerios a los animales, el llamado Friso de las vacas, p.ej. Pero es que los tenían delante todo el día, desde siempre.
¿Quién sabe hoy pintar una vaca? Marcas, brochazos, signos ilegibles, los grafiteros, la última expresión, por ahora, de la mano que supo pintar vacas.

Cuatro palomas avanzan en línea recta delante de mí, ellas y yo solos en la calle. Parecen de la misma familia, clavaditas entre sí, caminan como personas, parece que van conversando, van a lo suyo. Cuando me sienten más cerca, levantan a la vez el vuelo y siguen juntas en lo alto.
Me viene imparable el cuento de Daphne du Maurier que Hitchcock transformó en su película, Los pájaros. O la novela de Arthur Machen, El terror. Cada vez que asoma la posibilidad de una cruzada de los animales contra la dominación de los humanos, su Internacional revolucionaria.
Unos días antes estábamos podando las acacias del patio, en el pueblo. Yo cortaba una rama y sentí que algo grande me pasaba por encima casi rozándome; era una cigüeña medio despistada, se asustó, se cagó y remontó el vuelo después de darse contra una furgoneta. ¡Hostias!, exclamó mi hermano. Después la vi posarse en su nido, en lo alto del depósito de agua.
Antes en la cocina de la casa cerrada durante meses, dos ratones pillados en la ratonera, eran como dos gemelos que juntos hubieran caído en la trampa, ya estaban casi disecados.
Los animales siguen ahí, como pueden.
El comentario de mi amigo Bernardo, el músico pensador: “Menos mal que aún quedan animales, aunque andan un poco acosados, al no querer”.
(En el sueño de aquella noche yo había visitado un paisaje con hongos gigantes, como en aquella aventura del Capitán Trueno).

Otro día suena sin pensarlo un abanico de palomas.

Ráfagas del oidor, el voyeur de oído:
“Ayer me levanto y no tenía leche, tío”, le dice un tipo a sus colegas, todos sentados en una terraza, con gran dramatismo, como si fuera una gran desgracia. ¿A qué leche se refiere?

Ráfaga versal: Tengo la rabadilla / la rodilla me dolerá / ¡pero la rabadiiiilla!
Una mujer a tres amigas, paradas en la acera.

CALLE DE SENTIDO COMÚN

Todo en la calle baila al son dulzón
de la confusión
pero al final siempre acaba cantando
el sentido común.
Un viento allegro desata entonces
los tercos nudos metafísicos.
¿Qué quieres que te diga?
Me gusta la calle porque,
aunque las respuestas se diluyan
y los argumentos tarden en llegar,
en la calle, por milagro, existo.

                                                   (Ricardo Pochtar)

Año veinte veinte, ven benéfico y favorable.

Collage de Kokotera sobre grafiti de Basquiat con dibujos de Pablo JeJe.

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